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Energía y civilización en una guerra persistente

Distintas han sido las estrategias de los paises de la Unión Europea para gestionar la falta de gas ruso

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Entre el 26 y el 28 de junio de 2022, el Grupo de los Siete, conocido como G7, integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido ha organizado una cumbre en el castillo de Elmau, en Baviera, sur de Alemania. La energía, la seguridad alimentaria y especialmente la invasión de Ucrania han sido objeto de debate y reflexión. El canciller alemán enfatizó que la guerra moldeará las relaciones internacionales durante mucho tiempo. Especialmente resalto un consenso entre todos: las fronteras no deben cambiarse por la fuerza.

En Madrid, los días 29 y 30 de junio, la OTAN celebra su Cumbre en el recinto ferial de IFEMA. Tres asuntos son los más relevantes: la guerra de Ucrania, el riesgo de China y la entrada en la Organización del Tratado del Atlántico Norte de Finlandia y Suecia.  

El contexto no es bueno. 

La pandemia de Covid-19 persiste. Los precios de los combustibles, fósiles o no fósiles, son inasequibles y su exceso estresa a unos sectores productivos muy comprometidos en una recuperación económica que no acaba de alzar vuelos. Los ciudadanos soportan los efectos de una inflación que desvaloriza sus salarios y la sombra de la estanflación comienza a materializarse con sus consecuencias de aceleración de la inflación y alto desempleo.

Las medidas de presión económicas adoptadas por la Unión Europea y EE. UU. contra Rusia han ocasionado un deterioro de las relaciones comerciales. Entre ellas, el suministro de gas ruso, que es un producto estratégico para empresas y ciudadanos de muchos paises europeos. Resulta difícil comprender cómo pueden emprenderse medidas severas de presión económica contra un país del cual se depende energéticamente. Pero la vieja Europa todavía cree en ideales que desafían lo pragmático para alcanzar lo sublime de los principios.

En abril de 2022 la empresa rusa Gazprom suspendió el suministro a Lituania, Letonia y Estonia junto a Polonia y Bulgaria; en mayo se suspendió a Finlandia, Países Bajos y en junio a Dinamarca e Italia. Todos los cortes obedecieron a no pagar el gas en rublos, cuando los contratos estipulaban el pago en euros, decisión que ha sido ratificada por el G-7.

La dependencia energética de Alemania del gas ruso se sitúa en un 65.2%; Polonia, en un 54.8%; Italia, en un 43.2%; Eslovaquia, en un 85%; Hungría, en un 95%; Letonia, y Chequia en un 100%. Francia también se encuentra comprometida con el gas ruso, recibe el suministro a través de Alemania, aunque puede compensar esas pérdidas a través de las interconexiones pirenaicas Larrau–Alçay e Irún–Biriatou. España es dependiente en un 8.9% en 2021. 

El principal proveedor de España es Argelia con un 42.83%. Precisamente esta opción es la que podría ofrecer al resto de paises europeos una alternativa factible que modulara el impacto de la escasez de gas ruso.

Gracias al Tratado de Amistad, buena vecindad y cooperación entre el Reino de España y la Republica Argelina democrática y popular, firmado el 8 de octubre de 2002, se potencio la creación de infraestructura, particularmente en el campo de la energía. Tratado que ha sido suspendido unilateralmente por Argelia el 8 de junio de 2021 a consecuencia de la crisis del Sahara por el cambio de criterio del gobierno sobre esta antigua provincia española.

 

El suministro de gas argelino se realizaba a través de dos vías: Una, a través del gaseoducto submarino Medgaz que arranca en Beni Saf y llega a la playa almeriense del Perdigal. El segundo, es el Magreb-Europa, que pasa a través de Marruecos y llega a Córdoba, suspendido por Argelia el 31 de octubre de 2021 debido a disensiones entre Argelia y Marruecos.

Distintas han sido las estrategias de los paises de la Unión Europea para gestionar la falta de gas ruso.

Las opciones técnicas para aminorar la incidencia de los cortes de suministros son, principalmente, el abastecimiento a través de buques de transporte de gas líquido, decisión adoptada por Alemania, Italia y Paises Bajos que han reservado unidades flotantes de almacenamiento y regasificación (FSRU).  

España es el país de la Unión Europea con mayor capacidad operativa para regasificar el gas licuado transportado en barcos. Las bases se encuentran en Mugardos (Ferrol), Sagunto, Bilbao, Barcelona, Cartagena y Huelva. La más antigua de todas se encuentra en Barcelona y data de 1969. 

Además de suministrar el gas por barco, se ha propuesto prolongar la vida útil de las centrales de carbón, así como el uso de las técnicas de fracking para extraer combustible del subsuelo.

Alemania, Austria y Países Bajos preparan centrales eléctricas de carbón inactivas o nunca utilizadas como el caso de Austria, e incluso incrementar el límite de su producción.  

Se trata de evitar una crisis política de gran nivel ante el caso de que los gobiernos no puedan suministrar combustible para calefacción este otoño.

La Agencia Internacional de la Energía sugirió que Europa debe prepararse de inmediato para el corte total del gas ruso este invierno. Insta a los gobiernos a tomar medidas para reducir la demanda, ahorrar consumo en domicilios y mantener abiertas las centrales nucleares envejecidas. 

Alemania ha planificado el llamado Plan nacional de emergencia de gas, con la finalidad de racionalizar la escasez de combustible. La segunda etapa de este Plan fue activada el 23 de junio por la decisión de Rusia de reducir el suministro del combustible a un 60% a través del gaseoducto Nord Stream I.

La activación de este nivel de emergencia no afectará a la industria y a los ciudadanos, pero el gobierno ha comenzado a publicar llamamientos para racionalizar el consumo.

Otra de las medidas implementadas por el presidente alemán Scholz ha sido la puesta en marcha de la llamada Acción Concertada. Se trata de un instrumento de búsqueda de consenso entre actores civiles, políticos, sindicales y económicos ante problemas graves que necesiten respuestas comprometidas. La primera reunión de este tipo se realizará el 4 de julio.

La finalidad del país es alcanzar un 90% de almacenamiento de gas para diciembre desde los niveles actuales que lo sitúan en el 58%. Objetivo que es difícil de alcanzar si cesa la llegada del gas ruso. Si no se logra alcanzar ese nivel, la oficina federal de la energía emitirá órdenes para que las empresas reduzcan su consumo de gas o incluso desconectar   alguna de sus factorías.

Reino Unido ha autorizado prospectar en la campiña situada al sur de Surrey Hills, tras un largo contencioso judicial. El gas se encontró en 1980 en Loxley, cerca de Dunsfold. Así mismo se ha autorizado para iniciar los trabajos para extraer gas en el Mar del Norte a 250 km al este de Aberdeen. 

La opción del fracking es estudiada por el gobierno británico como ultima posibilidad para evitar la dependencia energética.

Yo creo que se ha llegado al final de un camino energético trazado con buenas intenciones, pero incapaz de sostener a una industria que vertebra a toda una nación. Ante una necesidad apremiante la solución de los problemas debe implicar asumir un dinamismo inquisitivo, con el apoyo de todos los agentes sociales y económicos; poder disponer de todos los recursos adecuados y suficientes y acceder a toda la información que pueda fundamentar convenientemente las decisiones. 

Todo lo social está bajo la incertidumbre y el peligro de un invierno energético, pero el mayor riesgo de todos es no hacer nada (Flaherty, 2001:119). Por eso la innovación, que también supone retomar rutas abandonadas, es una necesidad constante para evitar riesgos de insolvencia o de caos.

Francia e Inglaterra han apostado abiertamente por el modelo nuclear por su eficiencia. Reino Unido acordó abrir ocho reactores nucleares para alcanzar la independencia energética. Se obtendría, de este modo, 24 gigawatios en 2050 cubriendo el 25% de la demanda eléctrica.

Francia quiere alargar la vida útil de los reactores más allá de los 50 años. Construirá seis reactores nucleares de nueva generación (EPR2) y ocho más en los próximos años. La apuesta por los mini reactores nucleares, conocidos como Small Modular Reactors (SMRS), reactores de IV generación, es un hecho que ha llevado a la inversión de 1 000 mll. € para su desarrollo. Francia dispone actualmente de 56 reactores nucleares que generan el 70% de su electricidad.

Italia que abandonó la energía nuclear después del accidente de Chernóbil, se encuentra reconsiderando su decisión. Su predilección energética es la fusión por confinamiento magnético. Se espera que abra para 2028 su primer reactor a fusión. No obstante, posee el gaseoducto Transmed que conecta Italia a Argelia y por el que se le suministra mayor cantidad de gas que a España. Italia es el mayor consumidor de gas ruso después de Alemania. También ha comenzado a comprar carbón.

Polonia tiene previsto abrir su primera central nuclear en 2033 y seis reactores nucleares más para 2040. Finlandia, por su parte, ha puesto en funcionamiento en enero de 2022 su reactor nuclear Olkiluoto 3. Suecia posee seis reactores nucleares en tres centrales y un convencimiento político para invertir en esta tecnología.

Bélgica pospone hasta 2035 el cierre de dos reactores nucleares cuya clausura se había fijado en 2025. Su gobierno ha justificado el cambio porque «la situación actual es muy diferente de cuando tomamos la decisión a finales de diciembre», declaró De Croo, presidente del gobierno, a mediados de marzo de 2022.

Es llamativo que muchos paises europeos hayan empleado el accidente de la central nuclear Vladimir Lenin en Chernóbil (Ucrania) para alejarse de la energía atómica, por un error humano flagrante y ahora, precisamente, por el conflicto en Ucrania, regresan a esta fuente que debe ser considerada como verde en tanto no ocasiona daño al medio ambiente. 

Si existían algunas dudas respecto a lo nuclear en la Unión Europea, el conflicto ruso y la amenaza de miseria a las economías europeas favorece indubitadamente su plena implantación. Habrá que evitar la ruindad del continente, evitar el fracaso de la conciencia colectiva de Europa ante los desafíos que se sufre y, todo ello, para que no puedan ser pronunciadas las palabras de Sidonio Apolinar:   Sus ruinas admirables le otorgan más valor […]

Diez paises de la Unión Europea se encuentran en estado de alarma energética, además de Alemania, hay que sumar a Suecia e Italia. Y ello junto a una advertencia   del ministro de Economía alemán, Robert Habeck:  los precios podrían subir aún más. O mucho más, a la vista de los sucesos que se viven.

Se está hablando de la nueva reindustrialización basada en lo nuclear, ignoro si España se ha sumado a este ambicioso proyecto. Pero lo que se deduce de todo ello es que la energía es un bien estratégico de primera magnitud y una estrategia de guerra contundente como estamos presenciando. 

La escasez de energía obliga a indagar en viejos archivos y redescubrir proyectos que años atrás fueron calificados como inviables.

Vivimos en Europa, en esa Europa citada por primera vez por Hesíodo en su Teogonía, en el siglo VIII a.C. Su civilización es producto del hombre que se forjó en estas tierras, a la sombra de la dignidad y de los derechos inherentes a su condición de persona. Hasta hoy, nunca sus legados habían dependido tan claramente de lo energético y, nunca, hasta hoy, los principios humanistas están desplegando su vigor ante unos desafíos tan abrumadores. 

Raphael, apoteósico en Starlite

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