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Isabel Celaá sale del Gobierno, la sustituye Pilar Alegría

Pilar Alegría será la nueva ministra de Educación y Formación Profesional en la remodelación del Gobierno que ha acometido este sábado Pedro Sánchez. La actual delegada del Gobierno en Aragón sustituye a Isabel Celaá, que lleva en ese departamento desde la llegada de los socialistas a Moncloa en junio de 2018.Alegría fue consejera de Innovación, Investigación y Universidad del Gobierno aragonés entre 2015 y 2019.

Las reformas educativas desgastan tanto políticamente que es raro que un ministro logre resistirlas. José Luis Rodríguez Zapatero cesó a María Jesús San Segundo un día después de que el Congreso de los Diputados aprobara, el 6 de abril de 2006, la Ley Orgánica de Educación (LOE). El 7 de abril anunció su relevo por Mercedes Cabrera precisamente en otra remodelación del Gobierno, tras la dimisión de José Bono. Quince años después, la historia se repite: la ministra más cuestionada del Gobierno, Isabel Celaá, abandona el Gabinete después de terminar su criticada Lomloe, que fue aprobada por las Cortes en diciembre del año pasado, según han confirmado a EL MUNDO fuentes del Ministerio de Educación.

Su sustituta será la maestra Pilar Alegría, actual delegada del Gobierno en Aragón. Alegría fue consejera de Universidades del Gobierno aragonés entre 2015 y 2019 y logró suscribir un Pacto por la Ciencia apoyado de forma unánime. También ha sido la coordinadora de la ponencia marco del 40º Congreso del PSOE en la parte de educación, universidades, cultura y deportes. Es, cuentan en la comunidad educativa, "una persona muy de partido". Según el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, "ha destacado por su sensibilidad social".

La octava ley educativa de la democracia va a ponerse en marcha el próximo curso desautorizada por el propio Sánchez. Lo suyo es que Celaá hubiera terminado su tarea y llevado a cabo la reforma del currículo, que iba a presentar en las próximas semanas, así como la aprobación del proyecto de Ley de FP, que iba muy bien encaminada, y la reforma de la carrera docente, prevista para el próximo año.

Pero la fuerte contestación que ha recibido la Ley Celaá ha desgastado a la ministra hasta el punto de que no ha podido validar siquiera el real decreto de Evaluación, pendiente de ser aprobado a la espera de ser revisado por el Consejo Escolar del Estado. Esta norma permite que los alumnos pasen de curso y obtengan los títulos de ESO y Bachillerato sin tener todas las asignaturas aprobadas, lo que ha provocado la indignación de buena parte de los profesores, tanto los de derechas como los de izquierdas.

En un momento en que España se adentra en una crisis, no parece lo más adecuado insistir en una reforma que condena a los jóvenes a obtener una titulación no obligatoria con un suspenso y también a estudiar menos conocimientos, cuando en los países asiáticos que más destacan en los ránkings internacionales están apostando precisamente por la exigencia, el rigor y el refuerzo de los contenidos.

 

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