Política

11S: una Diada a contracorriente de la Cataluña plural

Según el Estatuto de Autonomía de 2006, la Diada es “la fiesta de Cataluña”, pero la Generalitat la ha convertido en la fiesta para las minorías catalanas: ni independentistas “duros” ni constitucionalistas se sienten representados en la manifestación que convoca la Asamblea Nacional Catalana a favor de “los presos políticos” con el “objetivo: independencia”, pese a contar con el respaldo explícito del Govern de la Generalitat y del mismo Parlament. Hablamos con cinco catalanes con diferentes sensibilidades, todos ellos ajenos al Procés oficial. Ninguno de ellos se siente representado en un día que es símbolo de la unidad de Cataluña sobre el papel, y que sirve para arrancar el curso incendiando la convivencia en un año clave para todos los catalanes

El Govern y el Parlament patrocinan una Diada en amarillo desdibujando Cataluña
photo_cameraEl Govern y el Parlament patrocinan una Diada en amarillo desdibujando Cataluña

A un lado: un ex presidente de la Generalitat huido de la justicia. Un presidente de la Generalitat a punto de banquillo por ponerle un lazo amarillo a las directrices de la Junta Electoral. Un juez revisando la sentencia y apurando el veredicto del Procés.

Al otro: la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural moviendo el cocotero de la manifestación de la Diada. Llevar cascos amarillos. La ilusión de formar una estrella humana que se vea en plano cenital. Autobuses desde Andalucía, y desde Valencia, a las ruedas de ERC. Independencia y libertad para “los presos políticos” a gritos tatuados en las pancartas. Un agosto productivo en la trastienda ideológica, comercial y publicitaria de un independentismo de sí, pero no, pero bueno.

En medio: la mayoría de los catalanes.

Desde la Generalitat se rema a favor de la minoría. Hace unos días, la consellera de Presidencia, Meritxell Budó, y el vicepresidente del Parlament, Josep Costa, ponían, de nuevo, al Govern y a la Cámara Alta al timón oficial de este proceso de transformismo institucional destacando que “los actos de la Diada tendrán como eje principal la reivindicación de la resistencia colectiva y la libertad de los presos políticos y exiliados”, porque, según Budó, “es una Diada en un contexto de represión de derechos y libertades”.

Este es el clima en palacio. El ambiente de la calle es tan variado como la propia Cataluña. Lo cierto es que, a pesar del esfuerzo institucional, las cifras de asistentes a la manifestación se prevén inferiores a las de otros años. Hay que tener en cuenta que los organizadores de la protesta piden a los interesados se inscriban en su web, a la vez que recomiendan que compren el kit del manifestante, por lo que, entre otras cosas, la ANC ha ganado cerca de 3,7 millones de euros. A la espera de la traca final, en 2013 había 300.000 asistentes confirmados a 23 de agosto, y el pasado 4 de septiembre, según la ANC, los datos descendían a 200.000 personas registradas.5

“No nos sentimos representados”

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no participará en la manifestación por segundo año consecutivo porque no se siente cómoda con ninguna de sus pancartas. Más previsible es el no-acudo del PP, cuyo presidente regional, Alejandro Fernández, reclama incluso que “la Diada pase a ser Sant Jordi, porque ese día festivo de verdad no divide a nadie, ni hay nada que discutir sobre la veracidad de la historia. Y es siempre un día alegre”.

Miquel Iceta, líder del Partido Socialista Catalán, se cayó de la convocatoria hace días, porque según ha destacado a ECD, “no defiendo la independencia”. En su opinión, “las instituciones tienen la obligación propiciar espacios de encuentro entre los catalanes y las catalanas, piensen como piensen. Los grupos políticos pueden celebrar la Diada con sus propuestas y demandas. Lamentablemente este año algunos de los actos institucionales organizados por el Parlament y el Govern son de marcado carácter independentista, y por lo tanto no están pensados para todos los catalanes”.

Lamentablemente este año algunos de los actos institucionales organizados por el Parlament y el Govern son de marcado carácter independentista, y por lo tanto no están pensados para todos los catalanes”.

Iceta está pegado al terreno, con la cabeza puesta también en las relaciones Moncloa-Generalitat. Le pregunto:

¿Pierde fuerza la movilización independentista cada año?

Responde: “Desde hace años, más de dos millones de catalanes muestran su apoyo a la independencia o a partidos que defienden la independencia. Es un dato muy a tener en cuenta”.

Sonia Sierra es la portavoz adjunta de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña. Para ella, “la Diada es, desde hace años, una jornada secuestrada por el Govern. No solo es que asista a manifestaciones separatistas que no representan a la mayoría de catalanes, sino algo más grave si cabe: instrumentaliza los actos institucionales a favor de la causa separatista, convirtiendo lo que debería ser un día de celebración de todos los catalanes en un homenaje a los que dieron un golpe de Estado”.

Aunque la ANC insiste en que “ante un nuevo ciclo político es muy importante que volvamos a llenar las calles” con el objetivo de “volver a poner la independencia en el centro del debate”, Moreno destaca que, “en democracia las causas no se miden en manifestaciones sino en las urnas, y elecciones tras elecciones se demuestra que en Cataluña la mayoría de ciudadanos no son separatistas. El discurso separatista pierde fuerza y está tocando tras años de mentiras e ilegalidades, por eso ya solo le queda la confrontación entre catalanes y con el resto de España”.

La portavoz de Ciudadanos en el Parlament denuncia que “los constitucionalistas no solo no están representados en una Diada instrumentalizada como las que viene organizando el Govern, sino que estamos directamente expulsados”.

“La Diada es, desde hace años, una jornada secuestrada por el Govern. No solo es que asista a manifestaciones separatistas que no representan a la mayoría de catalanes, sino algo más grave si cabe: instrumentaliza los actos institucionales a favor de la causa separatista, convirtiendo lo que debería ser un día de celebración de todos los catalanes en un homenaje a los que dieron un golpe de Estado”.

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Populismo y amenaza

Alfons López Tena fue diputado del Parlamento de Cataluña entre 2010 y 2012. Militó en Convergencia desde 1989 a 2010, y desde entonces hasta 2015 lo hizo en Solidaritat Catalana per la Independència, junto Joan Laporta y Uriel Bertran. Jurista. Exvocal del Consejo General del Poder Judicial.

A López Tena le han invitado a la manifestación de la Diada, pero no irá: “Para acudir a un acto de estas características hay que tener en cuenta a quién beneficia, y éste solo beneficia al bloque del Procés. Lo que ahora es Convergencia, ERC y la Cup son una amenaza para la democracia, la misma que representan el populismo autoritario de Viktor Orbán [primer ministro de Hungría], Trump o el Brexit”.

El exdiputado autonómico ve el escenario político en Cataluña “necrosado, estancado, sin propuestas políticas viables, sin visos de salida”. Contempla que “la sociedad catalana está muy dividida”, que muchos “están hartos”, salvo los seguidores del Procés, que están “más bien frustrados”. Tampoco observa posibilidades de puentes, o de líderes que sean capaces de levantar la situación: “El bloque del Procés solo pide que se les vote para seguir llorando, favoreciendo el victimismo, hacer performances y poco más. A ellos les interesa exclusivamente el dominio y el control de los cargos públicos”.

López Tena destaca que “el bloque del Procés juega al póker de farol, como admitió el propio Puigdemont, por eso la situación política catalana seguirá estando bloqueada durante muchísimo tiempo”. Ni siquiera la sentencia del juicio de esa causa, “que todo indica que será condenatoria”, desbloquearía el mapa político en Cataluña. Su impresión es que “seguirá habiendo dos mitades dicte lo que dicte”. Si los impulsores del 1-0 terminan todos en la cárcel, no cree en el efecto ejemplarizante de la condena, “porque esa dinámica de jugar de farol entre jugadores traidores no se puede parar. Si se frena, los votantes se irán, y eso pondría en riesgo las redes clientelares de cargos públicos. Quizás, si existe una condena, desde entonces se ponga más cuidado en los actos institucionales, porque se comprobaría que los juegos simbólicos también producen efectos penales. De hecho, llevamos ya dos años en los que, en esa línea, solo hemos visto los lazos amarillos durante las elecciones impugnados por la Junta Electoral. Siempre habrá movilización, pero seguramente, a partir de esa sentencia, más acá del límite del Código Penal”.

“El bloque del Procés solo pide que se les vote para seguir llorando, favoreciendo el victimismo, hacer performances y poco más. A ellos les interesa exclusivamente el dominio y el control de los cargos públicos”.

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Un “frikismo” sin mayorías y sin Europa

Xavier Rius es periodista y dirige el diario digital e-notícies. En su bio de Twitter se lee: “Indepe cuerdo. Vídeos por encargo. Todo era mentira”.

 ¿Qué significa eso de “indepe cuerdo”?

Se explaya: “A los catorce años me afilié a Convergencia Democrática de Cataluña y a las juventudes del partido. Estoy hablando incluso antes de que Pujol ganara sus primeras elecciones en 1980. Luego lo dejé y me dediqué al periodismo, pero conozco a la mayoría de dirigentes independentistas. De hecho, había ido a manifestaciones con Quim Forn, por ejemplo. Es evidente que no puedes declarar la independencia con el 47% de los votos. Es mucha gente, pero no la suficiente. Además, el resultado se ha repetido en las elecciones del 2015 y 2017. Insisto: son muchos, unos dos millones de personas, pero en un censo electoral de 5,5 millones, y esa base social a favor de la independencia permanece estancada. Esto es Europa occidental, no el Caucaso ni los Balcanes. La Unión Europea la han hecho los estados y lo último que quieren es otra crisis. Suficientes quebraderos de cabeza tienen ya entre el Brexit, los refugiados, el ascenso de la ultraderecha, la crisis, etc. Los independentistas catalanes son los últimos de la fila”.

Rius estuvo el año pasado en la concentración “y pasé vergüenza. En la manifestación de la tarde actuaron tres drags queens con esteladas. El frikismo ha alcanzado las capas altas del movimiento independentista”. Coincide con varios entrevistados en que “la Diada es la fiesta de todos convertida en la fiesta de los indepes”, y lamenta que el Procés “haya arrasado con el catalanismo de toda la vida”. Por eso, si este año acudiera al evento, “iría con una pancarta que dijera: Todo es mentira”.

El periodista constata que Cataluña “es una sociedad escindida hasta en tres: la indepe, la no indepe y la que forman más de un millón de inmigrantes que lo que quieren son papeles. Yo siempre he creído que Catalunya es una nación, pero hemos vuelto a los tiempos de la tribu. Los países, para avanzar, necesitan grandes consensos sociales y en Cataluña se han roto”. Rius tampoco ve por el retrovisor liderazgos políticos capaces de adecentar el panorama “ni a un lado, ni al otro. El sector independentista tampoco tenía líderes sólidos: Puigdemont salió huyendo, y Torra… ¡No me haga reír! Ni siquiera Junqueras. Quisieron hacer una revolución con funcionarios, maestros, mossos, periodistas de TV3, tractores y estudiantes, algunos menores de edad, cosa que no les he perdonado. Aquí no había un Lenin, un Trotski, un George Washington. Cataluña necesitaría ahora un Adenauer, pero tampoco veo a nadie en el horizonte. Ojalá”.

Quisieron hacer una revolución con funcionarios, maestros, mossos, periodistas de TV3, tractores y estudiantes, algunos menores de edad, cosa que no les he perdonado. Aquí no había un Lenin, un Trotski, un George Washington. Cataluña necesitaría ahora un Adenauer, pero tampoco veo a nadie en el horizonte. Ojalá.

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El independentismo harto de amagos

Santiago Espot es empresario y escritor, y preside Catalunya Acció, una organización política independentista catalana fundada en 2004 con el objetivo de lograr “la independencia los Países Catalanes”. Él asistirá a algunos actos relacionados con la Diada, pero no a la manifestación, “aunque no digo que no vaya nadie. Tengo familia y amigos que asistirán, soy liberal”. Y no acudirá porque lidera un vagón que está justo en frente de la locomotora acomodada del Procés.

Espot es independentista “porque no quiero ser español, no para tener más hospitales”. Y lo es “por una cuestión de raciocinio” desde que tiene 19 años. En el arranque de su servicio militar, en Camposoto, Cádiz, “estaba vestido de paisano, porque aún no me habían dado la ropa militar, no sé por qué. Se alzó la bandera, y como iba de paisano no me cuadré. Recibí un manotazo de un teniente que hacía 1,89 metros, y entonces me cuadré. A partir de ahí me di cuenta de que aquello no iba conmigo. Investigué, deduje y leí, y entendí que yo tenía una sola patria, que era Cataluña”.

Su familia proviene de Albacete. Su abuelo era guardi civil. Y destaca: “Los conversos somos los peores. De hecho, la independencia de América la hicieron, fundamentalmente, los hijos de los españoles integrados en aquellas tierras. En Cataluña, los hijos y los nietos de los españoles vamos a tener un papel determinante, porque conocemos mejor el carácter español que los propios catalanes, y eso es una ayuda terrible”.

Aun así, Espot Puiqueras admite –“y me sabe mal decirlo como catalán, como independentista y como nacionalista”- que la manifestación de la Diada “se ha convertido en una especie de performance anual en la que los catalanes nos mostramos al mundo como una gente ordenada, pacífica, que no dejamos ni un papel en el suelo… Eso queda muy bien para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, pero no tiene, lamentablemente, ninguna incidencia política”.

El presidente de Catalunya Acció se postula como una de las personas que podría liderar el independentismo cuando pase la hornada de líderes mediocres arrimados al Procés: “La independencia es un proceso lento, porque supone romper el statu quo con España y con la Unión Europea, y eso se debe preparar con tiempo con relaciones internacionales sólidas. Para eso se necesita gente dispuesta a jugar fuerte, a dejárselo todo, incluso la vida. Así es como se hacen las cosas”. Reconoce que las bases del independentismo ahora mismo “se encuentran desconcertadas” por culpa de “la crisis de sus dirigentes. Conociendo a los líderes que tiene ahora el independentismo, no se pueden pedir milagros, pero eso no significa que el proyecto independentista esté en decadencia. Está muy acorde con los tiempos modernos. Hace cien años había 90 estados. Ahora hay más de 220”.

Sobre la inminente sentencia al Juicio del Procés, Espot está convencido de que será condenatoria, y eso “ayudará, indiscutiblemente, a que resurja el movimiento independentista. Desde octubre de 2017, el independentismo se ha visto humillado por parte del Estado y de buena parte de la población española. Está claro que la mayoría de los españoles querrían ver a Cataluña reducida a una realidad folclórica. El independentismo ha ido percibiendo este creciente odio hacia cualquier intento de dejar de ser español, y eso reactivará un independentismo más duro, dispuesto a jugar fuerte. Pero eso será en la etapa posterior al Procés”.

La manifestación de la Diada “se ha convertido en una especie de performance anual en la que los catalanes nos mostramos al mundo como una gente ordenada, pacífica, que no dejamos ni un papel en el suelo… Eso queda muy bien para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, pero no tiene, lamentablemente, ninguna incidencia política”.

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Así está el patio. Opiniones diversas, esperanzas muy lejanas. Las instituciones públicas catalanas -elegidas democráticamente por la mayoría de los catalanes en las urnas- han incrementado la tensión en una Cataluña muy plural que intuye el tejemaneje y reclama o consenso, o ruptura, pero sin marear más tiempo la perdiz.

Con una sentencia importante en el microondas. Con Puigdemont en el ciberespacio. Con Torra. En un censo de 5,5 millones de votantes con sensibilidades muy diferentes y una pasión evidente por su tierra, la Generalitat y el Parlament estiran el chicle de la crispación convirtiendo la fiesta de la Diada en una performance políticamente correcta para seguir, pero políticamente incorrecta para gobernar contando con todos.

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