Política

Andrés Herzog, candidato a la presidencia de UPyD

“Los resultados electorales de UPyD han hecho que me cuestione si de verdad en España damos a la corrupción tanta importancia como se dice”

Andrés Herzog no es el delfín oficial de Rosa Díez, pero parece ser el referente de la fundadora de UPyD para levantar el partido tras la debacle electoral. Es el candidato a mantener una fuerza política que cree necesaria, sin entrar al juego de Ciudadanos

Andrés Herzog lidera Unidos por UPyD, la alternativa fiel a Rosa Díez al frente de los magenta.
photo_cameraAndrés Herzog lidera Unidos por UPyD, la alternativa fiel a Rosa Díez al frente de los magenta.

Cirujano realista sin miedo a destrozar lo que no funciona en UPyD, y con ganas de mantener el edificio magenta sin mezclas. Fiel. Joven. Derecho. No quiere ser “el ungido”, pero parece el candidato deseado por Rosa Díez para seguir tirando del carro, en un partido vapuleado en las pasadas elecciones. Tímido. Con vértigo a lo que se avecina. Pero el látigo político y judicial contra “la gran estafa de Bankia” es preolímpico de judo, y la alta competición deportiva imprime carácter. Tiene cara de no haber roto un plato. Al fin y al cabo, el judo es el “camino suave” para el combate cuerpo a cuerpo. En este caso, “con propuestas muy razonables” que ahora deben convencer a los afiliados el 11 de julio

El 11 de julio UPyD renace de nuevo. Pase lo que pase, Rosa Díez se bajó del camión la misma noche electoral después del vacío, y hay cambio sustancial a la vista. De rojo sangre sobre magenta, aquella madrugada de escrutinios como puñaladas Díez anunció un congreso extraordinario. Y Andrés Herzog tiene pinta de ser su relevo natural. Parece. Porque él dice que ni es delfín ni es el ungido.

Quedamos con él en la sala de reuniones del Grupo Parlamentario de UPyD en el Congreso de los Diputados. Sale a recibirnos y ,al final, nos acompaña hasta la puerta de la calle. Gestos impropios en la Cámara Baja entre políticos. Las cosas como son.

El caso es que, en camisa y pantalón de ciudadano medio, Andrés Herzog nos atiende dentro de un día mediáticamente maratoniano. Pero la entrevista más larga es esta.

El líder de Unidos por UPyD está tranquilo. A punto de caer el chaparrón de un martes gris de finales de junio, a la hora del té, sin té, merendamos con preguntas y respuestas. Aunque lo suyo sea el judo, cualquiera diría que este joven caballero es diplomáticamente exagerado. O ingenuo. Más que en los puños, él confía en la contundencia de las razones. Sin miedo al corto plazo.

Sobre el tatami, una operación a corazón abierto.

Desde las elecciones andaluzas lo de "unión" en UPyD digamos que hay que resucitarlo, ¿no?

Sí. Es inevitable que todos los partidos que obtienen malos resultados electorales sufran crisis internas. Esa es nuestra situación. No es nada excepcional ni exclusivo de UPyD. Todos los partidos, antes o después, pasan por momentos complicados, que se corregirán con el tiempo. Espero que del próximo congreso extraordinario salgamos más unidos y fortalecidos.

¿Cuál es su balance de los resultados electorales del partido? ¿Qué ha pasado con UPyD?

Es complicado establecer un diagnóstico único. Son muchos los factores que han confluido y que han motivado unos resultados electorales malos.

En España, en este momento, vivimos una situación política muy volátil, con la irrupción de dos partidos que han emergido con fuerza, y eso a nosotros nos ha pillado con el pie cambiado, de alguna manera. No somos un partido viejo. No tenemos nada que ver con el bipartidismo. Es más, UPyD nació para combatirlo. Y, sin embargo, con la aparición de estos dos partidos, quizás nosotros nos hemos quedado en terreno de nadie.

Con una líder del partido con larga trayectoria política, y en un momento en el que hay una fascinación por la juventud, cosa que me parece un tanto infantil, la cuestión es que todo lo que ha envuelto las pasadas elecciones nos ha pasado factura. Son cosas que ocurren.

Otro factor clave de los resultados ha sido nuestra propia crisis interna, porque estas tensiones son siempre penadas por el votante. Es una realidad objetiva. A todo esto hay que sumar la falta de apoyo o a la escasez de influencia que nos han ofertado los medios de comunicación, una opción que no se ha correspondido con nuestros logros.

¿Qué va a pasar después de Rosa Díez?

Después de Rosa Díez volveremos a tener nuestra oportunidad. UPyD ha competido con partidos fantasmas que nunca se habían tenido que retratar. Estaban inmaculados, vírgenes. Es muy difícil competir con partidos idealizados. Cuando Podemos y Ciudadanos se retraten –cosa que ya están haciendo- se empezará a valorar lo que ha hecho UPyD que, a diferencia de estos partidos, no sólo hemos prometido cosas, sino que se han cumplido. Lo hemos visto con nuestra negativa al reparto de instituciones, a entrar en las cajas de ahorro, a nombrar delegados políticos en los órganos de la justicia… Lo hemos visto en nuestra decisión tenaz de querellarnos contra Bankia… Estas acciones pioneras y necesarias las hemos hecho nosotros y dudo que las haga ningún otro partido en España.

¿Qué lectura hace de los pactos municipales y autonómicos tras el 22M?

Me han parecido muy previsibles. Los analistas políticos diseñaron la misma noche electoral unos pactos que se han cumplido al pie de la letra. En estos días hemos visto más claro que Ciudadanos está para respaldar al bipartidismo allá donde haga falta: al PP, en Madrid, al PSOE, en Andalucía… Y también hemos visto a Podemos como un partido con enorme debilidades internas, como demuestra el perfil de la gente que componía sus listas… Frente a esto destaca la conducta ejemplar de UPyD en estos años, aunque haya sido tan poco valorada. A veces es muy decepcionante ver lo poco que se aprecia en este país el trabajo bien hecho.

¿Le pareció bien la decisión de Rosa Díez de quitarse de en medio a los que pensaban que unirse a Ciudadanos era la única opción?

Rosa Díez no toma decisiones unilaterales. La dirección del partido está compuesta por 21 miembros, las decisiones se aprueban de forma colegiada, y todos hemos decidido colegialmente mantener la autonomía de UPyD. Este tema también se ha debatido en el Consejo Político, que es el máximo órgano deliberativo entre congresos, y que está formado por 150 personas nombradas por los afiliados. No fue una decisión de Rosa Díez. Es una decisión de UPyD que, voluntaria y legítimamente, ha decidido mantener su autonomía. Hay gente que discrepa y que no comparte esta decisión colegial, y eso también es legítimo. En todos los partidos hay visiones distintas, pero siempre hay que respetar las decisiones colectivas que se votan por mayoría. Digo yo.

Yo soy el primero que ha apoyado la independencia de UPyD, y creo sinceramente que habernos integrado o fusionado con Ciudadanos nos hubiera cambiado y habría provocado tener que dejar de defender los principios que hasta hora hemos defendido.

¿Por qué UPyD es necesario?

Es necesario porque ha puesto en la agenda política los grandes debates que ahora están abiertos en España, empezando por el mismo concepto de regeneración. Si leemos el manifiesto fundacional del partido, vemos que todas las ideas que recoge están hoy en boca de todos: la despolitización urgente para que los partidos saquen sus manos de todo tipo de instituciones, la necesidad de acabar con privilegios políticos como el aforamiento o el indulto… O, por ejemplo, el debate secesionista catalán, que UPyD supo traer con valentía al Congreso de los Diputados, para que el Congreso dijera que la soberanía nacional no es negociable…

UPyD es un partido necesario por muchas cuestiones que hemos dicho, y que hemos cumplido. Cuando te llega el momento de nombrar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, o del Consejo de Seguridad Nuclear, o de RTVE… lo fácil era mirar para otro lado, y lo difícil es lo que hemos hecho: negarnos a participar en esos órganos. Eso es ejemplaridad, transparencia, lucha contra la corrupción…

Rosa Díez fue pionera al crear un partido que quizás, si hubiera nacido hace un año, hoy sería otra cosa. Pero da la impresión de que los votantes entendieron en las pasadas elecciones que UPyD era un partido de transición… Como si ella hubiera sido la que sembraba, y Podemos y Ciudadanos, los que recogen parte de su cosecha…

Lo que los votantes piensan está condicionado muchas veces por lo que los medios de comunicación trasladan a sus votantes. Para bien y para mal, siempre hay un intermediario, que son los medios.

UPyD es un partido radical en algunos planteamientos, lo cual no resulta incompatible con ser institucional. Pero, sobre todo, somos un partido muy incómodo, que ha pisado muchos callos de gente muy poderosa, como hemos visto en nuestra lucha contra la estafa de Bankia.

Hemos comprobado que es muy peligroso negarse a participar en los repartos del poder, porque eso ha puesto en evidencia al resto de personas que consienten y disfrutan del reparto. El que juega a los repartos nunca da problemas, porque forma parte del sistema; coge su parte y se acabó. A nosotros, ser tan incómodos nos ha costado caro. Y que conste que yo estoy muy orgulloso de nuestra forma de comportarnos, pero no podemos esconder que eso tiene sus consecuencias.

Más allá de todo esto, seguro que hemos cometido errores, yo el primero. Nos ha faltado enviar mensajes más simples a la ciudadanía, también porque UPyD, por su origen, es un partido quizás demasiado intelectual.

¿Cuáles son esos puntos radicales que describen a UPyD?

Sobre todo, esa autonomía del poder mediático, económico, político… Por ejemplo: nunca hemos querido endeudarnos con los bancos, y eso nos ha llevado a mantener una gestión muy prudente. No hemos tenido miedo a plantear las cuestiones de España que a muchos les daba miedo poner sobre la mesa porque eran tabú: desde los privilegios de algunas comunidades autónomas, que aducen derechos históricos que no sabemos a qué responden; o nuestra beligerancia contra el nacionalismo, que siempre ha formado parte del establishment español…

Además, han sido muy radicales nuestros ataques a los privilegios políticos. Fuimos el primer partido que se negó a aceptar coches oficiales, invitaciones al palco del Bernabéu, a la Casa de Campo, a Las Ventas… Los de Ahora Madrid lo asumen estos días como si fuera una novedad… Esta actitud ha sido una amenaza contra el sistema, que funciona haciendo negocios en el palco del Real Madrid, favoreciendo el capitalismo de amiguetes…


¿Qué entiende usted por “progreso”?

El progreso es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y la calidad de la democracia. No tiene que ver con derechas ni con izquierdas. Nosotros hablamos mucho de transversalidad. Aunque el concepto se identifique tradicionalmente con la izquierda, en nuestra opinión tiene que ver con las buenas ideas y con la buena política.

¿Y lo de “democracia” es necesario incluirlo en el nombre de un partido en el siglo XXI?

España tiene una democracia de bajísima calidad. No hay más que ver los indicadores internacionales, como el de corrupción y salud democrática, donde ocupa uno de los últimos lugares. En el ámbito de la independencia judicial, de una clasificación de 150 países, España está en el puesto noventa y pico del mundo, a la altura de países africanos. Todo eso es democracia... Es más peligroso un sistema aparentemente democrático pero viciado, que una tiranía. Y España, lamentablemente, tiene una democracia que es joven pero también de muy baja calidad.

No soy fundador de UPyD, y no sé por qué se escogieron esos términos. Si me tuviera que quedar con una de las tres siglas, me quedaría con la de demócratas, que es lo que mejor nos define.

¿Eso significa que si sale usted elegido en el congreso del 11 de julio propondrá un cambio de siglas?

¡Noooo!

¿Qué significa ser el responsable de Regeneración Democrática de un partido?

Es un cargo que tiene mucho que ver con la lucha que he desempeñado contra la corrupción. Sólo con eliminar los 40.000 millones al año que nos cuestan la corrupción, el despilfarro y los sobrecostes en la contratación, no habría hecho falta ningún tipo de recorte en España.

En UPyD he jugado un papel importante en ese ámbito, con iniciativas judiciales y parlamentarias, y por eso se creó esta área en el último congreso.

¿Cuál ha sido su experiencia desde que desembarcó hace cuatro años en la política?

Ha habido de todo, la verdad. Esta actividad profesional es apasionante, y saca lo mejor y lo peor de la condición humana... Es una experiencia vital muy intensa, concentrada. Para lo bueno y para lo malo, es una actividad muy enriquecedora y variada. Yo venía del mundo del Derecho, y aquí he podido continuar con algunas cosas relacionadas con mi sector profesional, pero también he podido hacer de todo.

En España hay mucho politólogo, pero creo que existen pocas personas que sepan de verdad cómo funciona la política por dentro. Han sido cuatro años de los que estoy muy satisfecho. Por otra parte, yo no tengo ninguna ambición. El día que no me divierta, que no me guste lo que hago, o que vea a mi alrededor acciones que no me convenzan, volveré a mi profesión.

¿Y el 22-M no se le ocurrió decir: ¡Tanto trabajo para esto… Anda, y que os zurzan!? O algo parecido…

Bueno, aquél día tuve sentimientos encontrados. Por un lado, eres consciente de que la política no sólo no es una ciencia, sino que, muchas veces, es absolutamente irracional. ¿Por qué vota la gente? Pues me gustaría saberlo, la verdad. Desde ese punto de vista, la política es injusta; así de claro. Y la política es también desagradecida. He sentido cierta decepción, sobre todo, por constatar el poco valor que se le da al trabajo; el poco rigor que hay en España, y el hecho de que importe lo mismo un mensaje de marketing que haber estado durante años desarrollando iniciativas tan buenas. O lo de Bankia, a lo que le hemos dedicado centenares de horas exclusivamente en defensa del interés general, sin esperar nada a cambio. Y después es decepcionante comprobar que UPyD ha tenido menos votos que el total de preferentistas que hay en España... Todo esto ha hecho que me cuestione si de verdad en España le damos tanta importancia a la corrupción como se dice.

¿Cree que los que han votado a Podemos o Ciudadanos lo han hecho siguiendo sólo un estado de ánimo?

La política tiene un componente emocional muy alto, desde siempre. La gente vota con el estómago, más que con la cabeza. Así somos. Además de todo eso, que es entendible, en estos últimos meses hemos vivido una frivolización de la política, que se ha convertido en una especie de reality show.

Es cierto que había un interés ciudadano por la política, porque estábamos cansados del bipartidismo y de que nos tomen el pelo, pero, en vez de elevar el discurso político de los ciudadanos, hemos rebajado las tertulias al nivel de la política. Ahora, las ideas son secundarias, y lo que importa son las caras. Da igual la tesis que se defienda. Yo también soy joven, y para mí lo importante no es la edad, ni los rostros nuevos, sino las ideas y, sobre todo, los hechos.

¿No siente vértigo al dar un paso hacia delante cuando lo lógico hubiera sido dar la espantá?

Pues sí. A la vez, me hace ilusión, y tengo ganas de hacer cosas nuevas. Pero sí, me da un poco de vértigo la exposición pública que exige la política. Esta actividad es muy dura en muchos aspectos, y muy exigente a nivel personal y profesional. Dicen que los políticos trabajan poco. Bueno. Depende. Hay algunos que trabajan, aunque también es verdad que es probable que otros lo hagan menos. Estar en primera línea en este contexto es muy duro. He de decir también que, en mi caso, hay una cierta sensación de deber. Cuando las cosas van mal, es el momento en el que se debe dar un paso adelante. Cuando van bien, es muy fácil. Ahora se demuestra la pasta de la que está hecho cada uno.

¿Cree que UPyD tiene futuro independientemente del apoyo o del altavoz de los medios?

Sí. Hasta hace poco teníamos un brillante futuro, ¿por qué no volver a tenerlo? Tendemos a ver las cosas muy cerca del momento que nos toca vivir, pero hay que ver la realidad con perspectiva. Estoy convencido de que UPyD volverá a ser determinante para España. Igual requiere unos meses. Igual no es en estas próximas elecciones generales. Pero, cuando se compare qué somos y qué hemos hecho, con lo que son y lo que hacen estos nuevos partidos, se apreciarán las diferencias.

¿Han notado una cierta marginación de los medios durante la campaña electoral? ¿Han visto después algún cambio por parte de los medios?

Yo no noto ningún cambio. Desgraciadamente, los medios de comunicación en España cada vez están más concentrados y son menos libres, por muchas razones, especialmente políticas y económicas. La pérdida de libertad de los medios de comunicación es algo muy peligroso para las democracias. Por otro lado, también está internet. Se ha democratizado el acceso a la información, pero los medios establecidos son muy dependientes. Solucionar esto llevará un tiempo, hasta que las empresas de comunicación busquen un modelo que sea rentable y se dispongan a volver a sus raíces para mejorar.

¿Debe comunicar mejor el partido magenta? ¿Cómo?

La comunicación tampoco es una ciencia, y es complicado. Pero creo que en UPyD hemos dedicado mucho tiempo al trabajo institucional, que hemos aprendido ya que se valora muy poco, o nada… Quizás hemos tenido un discurso demasiado complejo, porque hemos querido huir de las soluciones simples. Hemos pretendido ofrecer soluciones que no eran ideológicas, como estamos acostumbrados a ver en España, pero eso quizás requería dar más explicaciones para que se nos entienda bien.

Ubicarnos en el centro-izquierda nos ha llevado también mucho tiempo, precisamente por falta de comprensión. Apoyos como el de Pedro J. Ramírez contribuyeron a la confusión, porque dieron a entender que éramos un partido más conservador. Al final, unos nos han llamado comunistas, otros casi fascistas, por ser leales al orden constitucional y defender a España, un país con complejos sobre su propia identidad… UPyD es un partido que se salía de lo habitual y teníamos que explicarnos más. Eso nos ha perjudicado.

¿Qué define la política económica de UPyD?

Defendemos el libre mercado, pero con un alto enfoque social, y huyendo siempre del liberalismo, sobre todo del que lidera el PP. Queremos acabar con este falso capitalismo en el que sólo se puede progresar económicamente cuando se tienen amigos. Defender eso nos ha granjeado muchos enemigos, también porque hemos sido muy beligerantes con los sectores regulados y con todo el funcionamiento del sistema económico español. En materia laboral, hemos sido directamente marginados con nuestra defensa del contrato único… Hemos notado un desinterés absoluto por nuestras propuestas, que aunque se respalden por organismos internacionales y europeos, aquí prácticamente han sido rechazadas unánimemente por todos los partidos.

¿Y vuestra política sanitaria?

Hemos hecho mucho énfasis en la igualdad en el acceso a la salud, un derecho que está en entredicho porque España se encuentra dividida en 17 reinos de taifas. La transferencia de las competencias sanitarias a las comunidades autónomas ha avivado las diferencias y las desigualdades. Ahora, los derechos de atención sanitaria son diferentes en España según el lugar en el que vivas. Nosotros, también en Educación, defendemos la recuperación de las competencias por parte del Estado, algo que nos parece elemental, simplemente para asegurar la equidad y evitar el adoctrinamiento, como sucede en algunas comunidades autónomas. En esos discursos hemos estado solos, y por eso somos necesarios.

¿Y cuáles son las claves de vuestra política en materia de vivienda?

¡Esto es un examen muy duro, eh! (risas)


Bueno, me parece que el tema de los desahucios ha tenido un enorme protagonismo en las pasadas elecciones, y me interesa saber qué propone UPyD en ese ámbito…

Fuimos el primer partido que trajo al Congreso de los Diputados una ley de segunda oportunidad, en 2011, cuando nadie hablaba del problema de los desahucios… Esa ley contemplaba la dación en pago, las quitas selectivas… Aunque ahora parezca que esta ley de hace cuatro años se la han inventado en realidad los de Podemos… Nosotros hemos defendido ese componente social de la vivienda desde un punto de vista muy razonable, que podría haberse desarrollado hace años, evitando tanto dolor a tanta gente, y sin coste para la seguridad jurídica. Con esa ley, UPyD quiso demostrar que no hace falta que en España solucionemos siempre los problemas con ocurrencias, perjudicando la seguridad jurídica, que es la que también permite el crecimiento económico. Sin seguridad jurídica, las empresas no van a invertir en España.

También hemos sido muy beligerantes con los abusos hipotecarios, o con las cláusulas-suelo, por no hablar de temas como las preferentes, aunque sea una cuestión más bancaria que de viviendas.

Hay gente que dice que UPyD no tiene discurso. Yo, sin embargo, creo que hemos tenido un posicionamiento general muy completo. Es tan sencillo como meterse en la web del Congreso de los Diputados y ver qué hemos defendido en esta legislatura. Allí hay posicionamientos sobre todo, y muy razonables.

Usted, que es abogado, ¿cómo reinventaría la Justicia? Porque algo hay que hacer, ¿no?

Muchísimo. Hay que dar la batalla por su despolitización, que está destrozando la justicia y nuestra imagen como país, como hemos visto con el caso Gürtel, donde, de repente, nos hemos dado cuenta de que los jueces que tienen sobre su mesa toda esta trama corrupta, están vinculados al PP. En fin… Es que las altas instancias judiciales las nombran los partidos políticos…

 A nosotros nos parece bastante elemental que el Consejo General del Poder Judicial no lo nombren los partidos políticos, pero no hay manera…

La politización de la justicia llega hasta el Tribunal Constitucional. Sólo que se hable de jueces progresistas y jueces conservadores es un auténtica aberración, que, además, desprestigia al Tribunal Constitucional.

La justicia española está infradotada porque no da votos… Con la mejora de la calidad de la justicia no se ganan elecciones.  Hay pocos jueces, pocos medios para investigar, pocos fiscales…

¿Hemos renunciado por la vía de los hechos a la separación de los poderes?

Totalmente. La separación es imposible si al presidente del Consejo General del Poder Judicial lo nombra el Gobierno, y si el resto de miembros se eligen a discreción por parte de los partidos políticos.

Yo no digo que toda la justicia y todos los jueces estén politizados, ni mucho menos. Afortunadamente se eligen por un sistema de oposiciones. Pero, si las altas instancias lo están, y son ellos los que deben enjuiciar a los políticos, pues entonces ahora sabemos para qué sirve el aforamiento… Son problemas muy sencillos de solucionar, que no cuestan dinero, pero hay gente a la que no le interesa revertir esta situación.

¿Cómo es usted ideológicamente hablando?

Soy demócrata puro. No sé si socialdemócrata, pero muy moderado. No soy nada ideológico. Fernando Savater es el referente que me llevó a interesarme por la política y por la ética. En él veo a una persona muy brillante, capaz de interesarse por los problemas cotidianos con mucho sentido común.

Yo he sido un ciudadano más, decepcionado de forma sucesiva por PP y PSOE, a los que he votado. Nunca he sido extremista. Los dos grandes partidos de siempre me han decepcionado, y más en el País Vasco, que es otro elemento importante en mi ecuación: soy vasco, y allí, si no eres nacionalista, eres un ciudadano de segunda.

¿Los vascos entienden mejor UPyD?

Sí. UPyD nace en el País Vasco, por unos movimientos cívicos de lucha contra ETA; por eso estamos tan curtidos en mil batallas. A nosotros nos han matado. Yo soy joven y no he vivido la época dura del terrorismo, pero he convivido en una sociedad donde se mataba a determinada gente por decir determinadas cosas. Eso marca bastante. Tanto el PP como el PSOE han sido incapaces de proponer un discurso alternativo al del nacionalismo. Es más, los dos han comprado continuamente las baratijas que vendían los nacionalistas. Por eso me sentí tan identificado con este partido cuando nació, porque me pareció que era el primero que abordaba estas cuestiones sin complejos, haciendo hincapié en que ser español no es incompatible con sentirte vasco, o donostiarra. UPyD ha plantado cara a falacias como la de la normalización. Como si los no nacionalistas no fuéramos normales… ¡Es alucinante!

¿Su carácter. Su forma de ser?

Soy tímido. Reservado. No me gusta mucho exponerme. No coincido con la imagen que se puede tener de un político. Pero entiendo que todo se aprende en esta vida. Es cuestión de ponerse, aunque después cada cual actúe con su propio estilo.

¿Vive en Madrid?

Estuve 7 años trabajando en Garrigues en Madrid, después de hacer un máster del Instituto de Empresa. Después me fui a la oficina de Garrigues en San Sebastián tres años, y me volví. Me considero medio madrileño.

¿Deportista?

He sido muy deportista. En su día hice judo. Estuve en la selección nacional varios años. Fui preolímpico en los Juegos de Atlanta’96. La alta competición también te marca la personalidad. Viajé mucho gracias al judo. El deporte ha sido siempre mi gran afición, y nunca lo he dejado de practicar.

También me gusta mucho leer, aunque ahora lo hago menos de lo que me gustaría. En general, como se ve, no he hecho nada espectacular. Todo muy normal.

¿Qué piensa usted sobre el derecho a la vida?

Soy un defensor del derecho a la vida, cosa que no creo que sea incompatible con el derecho al aborto, si es que se considera un derecho. Ningún derecho es absoluto. Todos, al final, entran en conflicto, y ese conflicto hay que resolverlo de la forma más civilizada.  Comparto el derecho a la vida, pero creo que el aborto tampoco se puede ignorar.

¿Qué opina usted sobre la iniciativa privada en educación o sanidad?

Personalmente, defiendo la educación pública, pero eso no es incompatible con la educación privada. UPyD siempre ha apostado por una educación pública y laica. La defensa del laicismo es otro punto característico de nuestro partido, pero se trata de un laicismo que no tiene nada que ver con profanar capillas, como se puede imaginar. Nuestros planteamientos son razonables y moderados.

La prioridad de UPyD en el ámbito educativo es la igualdad de oportunidades: que cualquier estudiante pueda acceder a las mejores carreras si tiene las capacidades necesarias para ello. Tampoco compartimos ese buenismo que viene a reivindicar que todos nos merecemos todo. Pues no. En la vida dependemos de nuestras capacidades, de nuestro esfuerzo, y de nuestro trabajo. Pero, de entrada, la batalla tiene que ser conseguir que no haya personas con posibilidades de progreso vedadas.

Con todo su background de pensamiento… ¿Estuvo usted a gusto durante su etapa como estudiante de la Universidad de Navarra?

Tampoco me involucré mucho en la Universidad de Navarra. No me sentí especialmente a gusto, pero tampoco a disgusto. Es una universidad muy seria en muchos aspectos. Luego, tiene un trasfondo religioso que yo no comparto, pero nunca me sentí forzado a participar en eso. Tengo un buen recuerdo de la Universidad de Navarra.

Usted dice algunas veces que su partido no responde a criterios demoscópicos. ¿Es posible vivir de espaldas a las encuestas en esta política de efectos especiales?

Es difícil, pero no imposible. Al final, la demoscopia no sólo condiciona el voto, que lo hace, sino que, además, tiene consecuencias a niveles económicos que yo desconocía. Por ejemplo: una encuesta hace que un partido se quede sin financiación y no pueda competir en igualdad de condiciones con otros partidos. Las encuestas son instrumentos muy poderosos, que se hacen de tal manera que interesen a los que las encargan. Hay que evitar caer en la demoscopia, pero, al final, influye…

¿Cómo está la situación económica del partido?

Muy complicada.  Gracias a una gestión económica muy prudente, continuamos con la actividad, con un plan de viabilidad adecuado a nuestras circunstancias. Nosotros teníamos un plan presupuestario para este año con los gastos que conlleva una cita electoral y, como los resultados no nos han acompañado, entenderá que hayamos tenido que hacer unos ajustes brutales. En eso estamos. Entre otras cosas, hemos tenido que acometer un ERE, pero se ha hecho indemnizando a todos los trabajadores.

Toni Cantó vuelve a la tele… y al partido. ¿Qué le parece?

Él fue libre de irse cuando quiso, que, por cierto, fue en el peor momento, justo a las puertas de unas elecciones y siendo un candidato elegido por los afiliados. Tenía un deber con los afiliados y decidió retirarse, y ahora ha decidido volver. Cada uno hace lo que quiere.

Irene Lozano, ¿qué?

Ahora mismo es una rival a liderar el partido. Espero que la competencia inevitable en este tipo de democracias internas sea lo más limpia posible.

¿Os llevabais bien antes de que surgiera esta crisis?

Sí. Ahora nos llevamos bien a un nivel profesional en el Grupo Parlamentario en el Congreso. Eso está por encima de otras cuestiones.

¿Qué ha perdido la sociedad al no votar a UPyD?

Ha perdido un partido honesto cuya presencia en las instituciones, independientemente del tamaño, hace cambiar los comportamientos del resto de políticos y hace mejorar la democracia. Lo hemos experimentado en el Congreso de los Diputados donde, aunque seamos un grupo de 5 y no hayamos sido condicionantes, hemos obligado al resto a replantearse muchas cosas. Por ejemplo: cuando tú publicas las nóminas, estás obligando al resto a hacerlo también. UPyD es un partido útil. Seguimos teniendo 129 concejales, 1 diputado en el Parlamento Vasco, 4 en el Parlamento Europeo… Los ciudadanos han perdido en algunos sitios un partido con políticos honestos y trabajadores.

¿Ha hecho UPyD con Bankia lo que debería haber hecho el Estado?

Sí. Es sorprendente que tenga que ser un partido, y no la Fiscalía, quien reaccione ante un escándalo tan flagrante. Eso da una pista de que algo falla en la justicia… En los 3 años de trabajo contra Bankia hemos estado solos impulsando el procedimiento. Y encima, hemos tenido enfrente, además de a los imputados (que tienen los mejores despachos de abogados de España), a la propia Fiscalía luchando en muchas decisiones. También hemos tenido que pelear contra el Gobierno, que está personado en Bankia, una cosa que poca gente sabe porque lo hace de una manera complicada a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que fue quien rescató a la entidad. El FROB se dedica a los imputados, en vez de intentar recuperar el dinero de los españoles: 22.000 millones que hemos puesto entre todos a tocateja, aparte del que corresponde a los estafados de las preferentes, de las acciones…

¿Cuál es su sentencia a la totalidad del caso Bankia?

Ha sido la mayor estafa sufrida en la historia moderna de España. No sólo por las consecuencias económicas en un tiempo de recortes sociales, también por la implicación política. El caso Bankia es un defalco producido por los partidos políticos. En las cajas de ahorro, las principales decisiones se tomaban en los despachos de los partidos, y esa es la imagen gráfica más clara de la corrupción institucional que padecemos.

¿Funcionan ustedes también con argumentarios, o tienen aquí más libertad de expresión?

Nosotros somos un partido un poco asilvestrado. Tenemos poco argumentario. Aunque contamos con un departamento de Comunicación que intenta que el discurso del partido sea coherente, no tenemos esos argumentarios que tienen otros partidos, en los que se transmite lo que hay que decir, y lo que no hay que decir. Intentamos funcionar con mucho sentido común.

Una película que describa bien la situación de los partidos políticos:

1. PP: Parque Jurásico

2. PSOE: Parque Jurásico 2

3. Podemos: Regreso al pasado

4. Ciudadanos: El lobo de Wall Street

5. Izquierda Unida: Resistencia

6. UPyD: Otro mundo es posible

¿Qué haría usted con la ley electoral?

Por supuesto, reformarla para hacerla más igualitaria.

¿Por qué Rosa Díez ha sido la única mujer que ha presidido un partido político, en la España contemporánea tan defensora de la igualdad?

Y curiosamente es a la única a la que acusan de personalismo e hiperliderazgo… Nunca he oído hablar de hiperliderazgo para referirse a Albert Rivera o a Pablo Iglesias, lo cual constata que hay un trasfondo machista en estas críticas a Rosa Díez. Si una mujer tiene carácter y capacidad para liderar un partido, es una amargada. Si es un hombre, entonces hablamos de un modelo de éxito... Me sorprende no haber escuchado prácticamente ninguna voz femenina protestando por este acoso y por el trato que ha sufrido Rosa Díez estos meses.

¿En qué se basan los que opinan que es personalista? La mayoría de las decisiones de UPyD se han tomado en el consejo de dirección, formado por 21 personas. Claramente ha sido una estrategia de desgaste de su persona, dirigida también a desgastar nuestra marca.

¿Y ha funcionado esa estrategia?

Totalmente.

¿Cómo está Díez?

Ella está bien, pero ha pasado semanas muy duras. Lo que hemos sufrido no se queda sólo en el plano profesional. Hay una anécdota que ha contado ella, y que a mí me ha impactado: en los tiempos duros de ETA, sus hijos jamás le animaron a dejarlo. Ahora, sí. También es verdad que Rosa es una persona muy vitalista y muy idealista, y tiene una gran capacidad de regeneración. Seguirá involucrada en política toda su vida. Es su forma de ser.

Pero, vamos, la cuestión es que ha escogido a un olímpico del judo para sustituirle…

Bueno. Ella no ha elegido a nadie. Afortunadamente, aquí eligen los afiliados. No soy el delfín de Rosa Díez. Los que dicen eso comulgan con la estrategia que usan los que juegan a poner etiquetas. Yo me presento con un equipo de gente nueva, con una media de edad de 41 años, lo cual supone un relevo generacional clarísimo. En esta candidatura sólo hay 2 personas de la dirección elegida en el anterior congreso. En la de Irene Lozano hay 5, pero, al final, resulta que los renovadores son ellos…

No me considero ni señalado ni ungido. Con total libertad he decidido postularme y los afiliados tendrán la última palabra.


REBOBINANDO

En la antesala de la sala de reuniones del Grupo Parlamentario de UPyD hay un cuadro pop con 5 caricaturas unidas por la sonrisa. En medio, Rosa Díez. A sus lados, Irene Lozano, Carlos Martínez Gorriarán, Rafael Calduch y Toni Cantó. Es una estampa de familia de los 5  diputados de UPyD en el Congreso. Una estampa de otra época…

Andrés Herzog no está en la viñeta, que seguramente desaparecerá de la pared cuando se disuelvan las Cortes. Si se gana el relevo de Díez en el congreso extraordinario del 11 de julio, los artistas, entonces, le representarán a él en medio, con las tablas de la ley, como un moisés que dirigió a los afiliados de un partido distinto hacia su norte cuando se abran las aguas del Mar Magenta. Si se abren.

No sé si Herzog es o no el delfín de Rosa Díez. Lo que sí está claro es que está unido a la vid del partido sin ser del equipo que parió el tanque contra Bankia. Cambios. Renovaciones. Pero el manifiesto fundacional no se toca. Y la cosa es que no tiene los ojos vendados por ese afán de ser más papistas que el Papa que tienen los políticos dentro de sus partidos, a gustito, entre algodón. Él ve cosas que han fallado y las que fallan. Está dolido con los votantes, que no han sabido calibrar lo que él considera un buen trabajo político. Dolido. Decepcionado. Y a la vez, entiende.

Herzog. El preolímpico de judo en Atlanta’96. No es un animal político. Al menos, de momento. Sentido común, tiene. Y el resto de contrincantes a suceder a la otra Rosa de España, también. Razones pesan.

La película está así. El 11 de julio veremos si UPyD sigue siendo Unión Progreso y Democracia, o si se convierte en un objeto de coleccionista en el Salón de los Pasos Perdidos de los hombres y mujeres que se lanzaron contra el bipartidismo y se quedaron solos, aplastados por Ciudadanos, por Podemos, y por sus propias pisadas huyendo a la carrera… Herzog puede ganar. Herzog puede perder. Irene Lozano está en las mismas. Pero si UPyD pierde, off, y que se baje el telón.

Y el último, que apague la luz… 


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