Seguridad

Una revista de la Guardia Civil descartó que el independentismo catalán derive en terrorismo como el de ETA

Un estudio en el que colaboraron expertos del Servicio de Información admitía que en Cataluña varias organizaciones han dado el salto a cometer actos violentos, pero no preveía que impulsaran una banda armada

Ataque incendiario contra un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona (Foto:Lorena Sopena / Europa Press).
photo_camera Ataque incendiario contra un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona (Foto:Lorena Sopena / Europa Press).

La violencia callejera en Cataluña ha dado un salto cualitativo importante en estos días de disturbios por la entrada en prisión de Pablo Hasél. O al menos es la impresión que se ha extendido, al poder verse casi en directo y con todo detalle cómo unos encapuchados prendieron fuego a furgonetas de la Guardia Urbana de Barcelona, con al menos un agente dentro de una ellas, que pudo salir a tiempo.

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Ante las imágenes reaccionaron algunos ertzainas, como el presidente de la asociación ‘Mila Esker’, que homenajea a los agentes atacados por ETA y por sus juventudes durante décadas de terrorismo en el País Vasco.

“Vemos en Cataluña una imitación de las conductas de la kale borroka”, declaró a El Periódico de Catalunya, “no son protestas espontáneas, como tampoco lo eran las de aquí, y hay una interrelación de causas. El germen se ha trasladado a Cataluña”.

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Desde hace unos años, desde distintos cuerpos policiales muestran preocupación por la deriva de un sector radical del independentismo catalán, por sus coqueteos con la violencia. ECD contó en octubre de 2017 que los servicios antiterroristas habían detectado ciertos movimientos en ambientes anarquistas e independentistas radicales a favor de resucitar Terra Lliure, grupo terrorista independentista que cometió atentados entre 1978 y 1991 y asesinó a una persona, además de herir a decenas.

Esos temores se concretaron en los planes, abortados por la Guardia Civil, de poner en marcha una célula de los Comités de Defensa de la República (CDR), el “Equip de Resposta Tàctica”, que manejaba precursores de explosivos para atacar algunos puntos y asaltar el Parlament de Cataluña para forzar una nueva proclamación de la independencia de Cataluña.

Ante todo este contexto, cobra especial relevancia que una revista interna de la Guardia Civil incluya un artículo que analiza las semejanzas y analogías que existen entre la faceta violenta del proceso independentista en Cataluña, y la actividad terrorista que protagonizaron ETA y sus tentáculos sociales en el País Vasco y Navarra durante décadas.

La violencia del procés y el País Vasco

Confidencial Digital ha podido comprobar que en fechas recientes la web del Centro Universitario de la Guardia Civil colgó tres nuevos números de su “Revista de investigación”. El número 5 corresponde a noviembre de 2020 e incluye artículos de los alumnos del Máster en Dirección Operativa de la Seguridad.

Uno de esos artículos lleva por título “La deriva violenta del procés catalán. Posibles analogías con el conflicto vasco”. Su autor es Daniel Ruiz-Emeterio, “caballero alférez cadete de la Guardia Civil”

El Máster en Dirección Operativa de la Seguridad va dirigido “a los futuros líderes de la Guardia Civil”. Sus alumnos elaboraron unos trabajos final de máster en el curso 2019/2020, algunos de los cuales se incluyeron en la revista.

El Centro Universitario de la Guardia Civil señala en la publicación que “los contenidos de los artículos de investigación quedan bajo la responsabilidad de sus autores, y las opiniones expresadas no constituyen necesariamente la posición oficial de las instituciones donde desempeñan sus funciones”.

Pero también indica que los trabajados incluidos en la “Revista de investigación” “han sido seleccionados por la Comisión de Investigación del propio centro universitario, sobre la base de las valoraciones realizadas por los tribunales de evaluación en sesión pública, teniendo en cuenta su carácter inédito e innovador”.

Radicalización y acciones violentas

El estudio de este (entonces) aspirante a oficial de la Guardia Civil partía de considerar que “el independentismo catalán constituye uno de los elementos disruptores más relevantes de España, afectando a la convivencia ciudadana y tratando de desestabilizar el estado democrático y de Derecho”.

Añade que una parte del independentismo “ha experimentado un acusado proceso de radicalización en los últimos años, que ha culminado en la ejecución de acciones violentas al objeto de romper el principio de legalidad e instaurar una Cataluña independiente”.

Por ello, opina que “es preciso investigar las entidades más extremistas del secesionismo catalán y la transformación que están viviendo, para prevenir que se conviertan en organizaciones de lucha armada cuya única finalidad sea enfrentarse al Estado para lograr sus propósitos por medio de la fuerza”.

Este alumno del Centro Universitario de la Guardia Civil partió de la siguiente hipótesis: “Han surgido elementos disruptores violentos en Cataluña y, tras completar un proceso de radicalización, llevarán a cabo actos terroristas para conseguir la independencia”.

Uno de los detalles que aportan valor al estudio es que en buena parte se basa en “entrevistas con expertos en el movimiento independentista catalán, pertenecientes a las unidades del Servicio de Información de la Guardia Civil”.

Esta unidad es la que ha llevado el peso de las investigaciones sobre el procés: desde los preparativos del referéndum ilegal del 1-O hasta las pesquisas que desmantelaron la célula de los CDR que manejaba precursores de explosivos, o las que destaparon los intentos que conseguir el apoyo de Rusia a la independencia.

Arran, ERT, L’Estaca, Lliris de Foc

Este trabajo incluye una extensa y detallada descripción de los partidos políticos y entidades que conforman el movimiento nacionalista o independentista catalán, que si bien es mayoritariamente pacífico, cuenta con un sector que “reclama la utilización de la vía que sea necesaria para conseguir la instauración del Estado [independiente], incluso justificando el empleo de medios y acciones violentas”.

En esa descripción incluye actos violentos cometidos por Arran (juventudes de la CUP), así como los preparativos del “Equip de Resposta Tàctica”, y los sabotajes llevados a cabo por el grupo L’Estaca. También se refiere a las amenazas del grupo Lliris de foc, más radical que Tsunami Democràtic.

Posibilidad baja de actos terroristas

Una parte del estudio se dedica a plantear posibles escenarios que se podían abrir a partir de 2020. El primero que cita es la “radicalización extrema del independentismo catalán”.

El autor del trabajo, que hay que recordar que lo basa en parte en entrevistas con guardias civiles del Servicio de Información, concluye que “la posibilidad de que los grupos independentistas radicales comiencen a desarrollar acciones terroristas […] es muy baja”.

En primer lugar, considera que los grupos terroristas tradicionales en España (como ETA y Terra Lliure, o sus antecesores) era muy distinto al actual: entonces, una dictadura como la de Franco, o los primeros años de la Transición a la democracia.

Pronostica que “el independentismo catalán actual no contempla la posibilidad de emprender este tipo de estrategia de violencia desmesurada”, y “aunque surgiera un grupo terrorista análogo a los que ya han existido, en el momento en que este llevara a cabo cualquier tipo de acción que causara víctimas mortales, perdería prácticamente la totalidad del apoyo de la sociedad civil que pudiera tener”.

Eso sí, la amenaza y la posibilidad están presentes, pero no le augura viabilidad a un grupo terrorista de este tipo, ya que arruinaría el discurso de movilización pacífica con el que lleva años presentándose el independentismo en el mundo, tratando de lograr simpatías y alianzas fuera de España.

No hay un liderazgo claro

El alférez de la Guardia Civil que elaboró este estudio comparó las estructuras del autodenominado “Movimiento Vasco de Liberación Nacional”, es decir, todo el entramado de organizaciones de la izquierda abertzale que lideró ETA, y el “Movimiento Violento Independentista Catalán”.

Además de la más obvia, el uso del terrorismo con casi mil muertos durante décadas, una diferencia que apunta el estudio es que en el caso del independentismo catalán, hay numerosas organizaciones pero “no se reconoce ninguna figura que se erija como líder del movimiento secesionista”, por lo que cada una se dirige por sus propios órganos.

Por contra, en el caso del independentismo vasco violento “se configuraba con una estructura fuertemente jerarquizada, en la que se establece una clara división de tareas, pudiendo diferenciar el frente armado, político y de masas”.

En la cúspide de esa estructura se situaba ETA, que se encargaba de mantener la lucha armada contra el Estado y dirigía y coordinaba al resto de componentes que constituían el independentismo violento vasco.

Por qué no es viable que recurran al terrorismo

Una de las conclusiones del estudio es que “no se considera viable” que el “Movimiento Violento Independentista Catalán”, como denomina a todas las organizaciones de ese corte, “pueda experimentar un proceso de radicalización de tal magnitud que le lleve a adoptar la estrategia, los métodos y la estructura del separatismo violento vasco, caracterizado por la presencia de una organización terrorista que imparte órdenes a sus diferentes entidades asociadas”.

El principal motivo es que la fuerza del nacionalismo catalán “emana de la enorme capacidad de movilización popular” de sus organizaciones, y a ello se añade que prácticamente la totalidad de sus seguidores “no contempla la utilización del grado de violencia empleado por ETA como vía para alcanzar la autodeterminación, sino que está más limitado a actuaciones de desobediencia que derivan en enfrentamientos”.

Además, otro punto en contra de la posibilidad de que surja un grupo terrorista independentista en Cataluña es que el nacionalismo sabe que un punto clave de su estrategia pasa por legitimar internacionalmente su causa, y la violencia perjudicaría ese objetivo.

También señala que la situación social es completamente distinta a la del nacimiento de ETA, con la dictadura de Franco, lo que favoreció que la respuesta contra el régimen fuera violenta en algunos casos.

Todo ello no impide que “se pueden encontrar ciertas similitudes” entre el independentismo vasco violento que lideró ETA y el secesionismo catalán que coquetea con la violencia. Además de parecidos argumentos políticos, lingüísticos, históricos, comparten cierta estructura.

Así, existe en ambos lo que se denominan organizaciones antirrepresivas “que proporcionan apoyo legal y económico a los encausados por participar en los actos favorables a la secesión”, como son Alerta Solidària en Cataluña, y Askatasuna, antiguamente, en País Vasco y Navarra.

Más allá de la gravedad de los hechos cometidos -hay que recordar que este estudio se elaboró en 2020, en sus primeros meses-, también tiene paralelismos en la estrategia de movilización de masas y de agitación social permanente como instrumento de presión al Estado: los grupos de kale borroka estarían replicados por Arran, La Forja, L’Estaca, Lliris de Foc, los CDR, Tsunami Democràtic...

Diferencia fundamental es que Junts per Catalunya (el espacio de la antigua Convergència) y Esquerra Republicana no contemplan la lucha armada y apoyan la desobediencia civil no violenta, frente a la dependencia que tuvo Herri Batasuna de ETA.

Señala además que hasta que no haya una sentencia judicial, no se puede valorar la actividad de la célula de los CDR que preparaba explosivos.

“Perdería cualquier apoyo social”

“El independentismo catalán no va a sufrir un proceso de radicalización extrema que desemboque en la construcción de una organización terrorista, que empiece a combatir violentamente contra el poder nacional por medio del terrorismo”.

Es la principal y contundente conclusión de este estudio seleccionado para publicarse en una revista de la Guardia Civil.

Entre otros motivos, se descarta esa radicalización extrema “porque no combatiría frente a una dictadura, sino contra “un gobierno democrático reconocido por todas las instituciones globalmente establecidas”.

Señala el autor del estudio que “un ente proclive a la independencia empezara una contienda asimétrica con el Gobierno a través del terrorismo, perdería cualquier apoyo social ya que la población catalana no está dispuesta a tolerar asesinatos con el pretexto de conseguir la secesión, a diferencia de lo que ocurría en el País Vasco de que la lucha contra el Estado era un combate contra el franquismo o contra sus herederos”.

En ese sentido, recuerda que Terra Lliure se quedó sin apoyo popular tras el atentado de ETA en el Hipercor de Barcelona, con 21 víctimas mortales.

“Han surgido elementos violentos”

Sin embargo, no deja de señalar que cree confirmada la hipótesis de que “han surgido nuevos elementos disruptores violentos en Cataluña”, a raíz del nacimiento de los CDR para garantizar la celebración del referéndum del 1-O.

A los Comités de Defensa de la República se suma Tsunami Democrátic, con la finalidad de mantener la situación de conflictividad social en Cataluña “a modo de estrategia de desgaste contra el poder estatal”. Aparecen también L’Estaca y Lliris de Foc, y todos ellos conforman una estructura con una capacidad de desestabilización muy poderosa.

Con el ejemplo del “Equipo de Resposta Tàctica” desarticulado antes de que atentara, el autor del estudio publicado por la revista del Centro Universitario de la Guardia Civil concluye que “no es descartable que un determinado grupo sufra un grave proceso de radicalización”.

Sin embargo, “esto perjudicaría a los intereses del separatismo catalán, a la par que generaría la pérdida de la simpatía de la ciudadanía por su causa”.

De ahí que advierta que “es un estadio que se debe prevenir, controlar e investigar, pero que es altamente improbable que se materialice con la virulencia y las dramáticas repercusiones de antaño”.

También añade que la compresión del fenómeno independentista en Cataluña tendría que ayudar a entender que esta ideología “puede extenderse a otros territorios con unas condiciones históricas, culturales y lingüísticas análogas, desencadenando un conflicto similar en todas ellas”.

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