Los manguitos no son seguros: aumentan el número de accidentes en piscinas infantiles

Los pediatras recomiendan apuntar a los niños a clases de natación, que reducen el riesgo de ahogamiento un 88%

EuropaPress
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Con la llegada del verano, muchos padres repiten un gesto habitual: comprar manguitos para sus hijos con la intención de reducir el riesgo y aumentar su tranquilidad cuando se bañan solos en la piscina o en el mar. Sin embargo, la Asociación Española de Pediatría lanza una advertencia clara sobre estos flotadores : “no son dispositivos salvavidas y pueden dar a los niños y a los padres una falsa sensación de seguridad. No deben usarse como sustituto de los chalecos homologados".

  1. Falsa sensación de seguridad: el mayor riesgo
  2. No hay datos que demuestren que los manguitos eviten ahogamientos
  3. Un factor clave: los padres distraídos
  4. Clases de natación, la mejor prevención
  5. La única protección realmente eficaz

Falsa sensación de seguridad: el mayor riesgo

Los pediatras afirman que los manguitos pueden ayudar a quienes no saben nadar a experimentar el agua de forma segura, pero solo "con la supervisión adecuada de un adulto". El problema llega cuando se confía en ellos como medida de seguridad: "El mayor peligro que presentan estos dispositivos es que pueden tentar a dejar que tu hijo explore la parte menos profunda sin vigilarlo atentamente."

Entre los peligros más comunes de los manguitos encontramos que se desprendan fácilmente de los brazos del niño. También señalan que, al tratarse de un material inflable puede perforarse, desinflarse o aflojarse y con ello la flotabilidad de estos desaparece. Además, si el niño se da la vuelta (boca abajo), los manguitos podrían impedirle darse la vuelta (boca arriba), lo que bloquearía su respiración. Por ello los pediatras insisten: "Los manguitos no son dispositivos de seguridad".

No hay datos que demuestren que los manguitos eviten ahogamientos

Desde la Asociación de Pediatría señalan que en zonas de baño al aire libre, el 37 % de los bañistas utilizaba algún dispositivo de flotación, y los niños menores de 6 años usaban algún dispositivo de flotación personal en el 66% de los casos. De estos, el 50% de ellos usaban chalecos, mientras que los manguitos o flotadores inflables se usaban entre un 15 – 26 % de los niños.

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Un factor clave: los padres distraídos

"Los padres pueden asumir erróneamente que es seguro no mirar al niño durante unos minutos o alejarse un momento." Los expertos ponen como ejemplo a padres que mirando Instagram o leyendo unas páginas de su novela, no se den cuenta de que los manguitos de su hijo se han soltado o deshinchado o que el niño está boca abajo en el agua.

Además, recuerdan que el 90 % de los ahogamientos ocurren a menos de 9 metros de los familiares o adultos a su cargo, y el 60 % a menos de 3 metros.

Clases de natación, la mejor prevención

La AEP recomienda que "lo mejor es enseñarle a nadar". Las clases de natación "reducen el riesgo de ahogamiento en un 88%". Además, insisten en la importancia de la "supervisión táctil" y continuada por parte de los padres: "Su hijo siempre debe estar al alcance de la longitud de su brazo y además usted debe estar atento al niño el 100% del tiempo que este permanece en el agua".

La única protección realmente eficaz

Desde la AEP insisten en que no hay datos que demuestren que el uso correcto de manguitos inflables reduzca el riesgo de ahogamiento en niños. Por el contrario, la evidencia respalda a los los chalecos con únicos dispositivos cuyo uso ha demostrado eficacia en la prevención de accidentes.

Entre otras recomendaciones, los pediatras resaltan la supervisión activa: "Un adulto debe estar a distancia de brazo del niño, especialmente menores de 5 años y con supervisión constante." Además, ponen hincapié en la importancia de evitar distracciones: "los padres de niños menores de 14 años ahogados admitieron que en el momento del ahogamiento estaban hablando con otras personas (38%), estaban leyendo (18%), comiendo (17%) o usando el móvil (11%)". Por último, algo que muchos padres no tienen en cuenta: la seguridad en el entorno. Desde cercar completamente el área acuática con vallas de 4 lados y cerraduras hasta asegurar rejillas en desagües, toda precaución resulta escasa cuando hay menores en el agua. 

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