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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El increíble derrumbe de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias durante un acto en Villaverde
photo_camera Pablo Iglesias durante un acto en Villaverde

Dos escoltas de Podemos han sido detenidos por la Policía como instigadores de los incidentes contra Vox en Vallecas, acusados también de haber golpeado a los antidisturbios cuando actuaban para disolver a los manifestantes.

Los alborotadores fueron dos centenares de activistas de extrema izquierda que protagonizaron incidentes con casi una treintena de heridos, muchos de ellos policías. Abundaban los miembros del grupo radical Bukaneros, a los que Iglesias puso como ejemplo de defensa de valores solidarios y antifascistas, diciendo que “son de lo mejor de nuestra ciudad”.

¿Desde cuándo sabía Pablo Iglesias que dos miembros del servicio de seguridad de su partido, Podemos, habían sido detenidos? ¿Cuánto tiempo lo ha ocultado?

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Porque, mientras tanto, ha mantenido su campaña de denunciar lo que llama “clima de violencia” provocado -decía- por la ultraderecha.

En efecto, desde Podemos han vendido como ataques de los violentos de derechas algunos incidentes ocurridos durante la campaña, tratando de magnificarlos. Por ejemplo, en el caso Coslada, en realidad fueron cuatro individuos, cuatro, vestidos con prendas ultras, los que le increparon. Y nada más. No hubo violencia ni riesgos. Ni lanzamientos de piedras como ocurriera en Vallecas.

A lo mejor para contrapesar el escándalo que sabía que iba a estallar, en cuanto se conocieran las detenciones de sus guardaespaldas, Pablo Iglesias difundió por su cuenta, sin preguntar al ministerio del Interior, las fotografías de la carta con balas de Cetme que le habían enviado. Una actuación que ha puesto en riesgo las investigaciones de la Policía.

Y también tal vez para tapar la tormenta presentó el viernes, en la Comisaría del Congreso de los Diputados, una denuncia por amenazas en un chat, diciendo además que estaba integrado por “miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado”.

Esa expresión provocó inmediatamente una gran alarma, porque parecía incluir a integrantes del Ejército, cuando era y es bien conocido que el chat llamado Primavera Española está integrado por policías.

Esa denuncia, por cierto, posiblemente no conducirá a nada. Porque, al margen de medidas disciplinarias que pueda tomar el ministerio del Interior respecto a los funcionarios integrantes del chat, cuyas identidades no será difícil determinar, a efectos penales el precedente de lo ocurrido con el chat de militares en la reserva puede servir de pauta para aventurar en qué puede terminar todo.

Sobre el chat de los militares, los tribunales se han eximido de tomar medidas, explicando que se trataba de conversaciones en un entorno particular, sin trascendencia exterior, y por tanto pertenecen al ámbito de la privacidad.

Atizando el fantasma del miedo, de la violencia, Pablo Iglesias ha estado jugando con fuego. Y ha ocurrido que él se ha quemado. Lo de los dos guardaespaldas de Podemos detenidos resulta tumbativo. Y le deja en evidencia.

A estas alturas, se puede ya concluir que la peripecia del todavía líder de Podemos va de mal en peor, camino del derrumbadero. Vicepresidente del Gobierno para nada, desde hace meses aparecen todo tipo de grietas a su alrededor.

La última, que un juez ha llamado a declarar a la asistenta que cuidaba a sus hijos, una persona que a la vez era funcionaria del ministerio de Irene Montero. Increíble.

Pablo Iglesias parecía que iba a ser el nuevo mesías político, el profeta, el salvador de España. Así se presentaba. Así se lo creía. Aparte de verse abandonado por todos los fundadores de Podemos, del chalet de Galapagar, y de los últimos reveses electorales, chocó definitivamente con la cruda realidad cuando se encontró con que Íñigo Errejón desoía su llamamiento a formar una coalición, en la que por supuesto, Iglesias sería el cabecilla. Se había quedado solo.

Los comienzos de Podemos fueron hasta espectaculares, pero el líder no ha dado la talla. Todo era un espejismo. Y ahora está en el despeñadero.

Y lo que le faltaba: se ha contado que va a montar una productora de televisión con Roures. Con ese dato, ¿quién va a votar a alguien que ya está preparándose la salida?

editor@elconfidencialdigital.com

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