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La izquierda se lía a cornadas

Pablo Iglesias en una manifestación
photo_camera Pablo Iglesias en una manifestación

Impresionante fue la dureza y encarnizamiento durante el choque dialéctico, entre el PSOE y Podemos, entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, vivido en la fracasada investidura del líder socialista.

La ofensiva más fuerte correspondió a la bancada socialista, contra los diputados morados, y singularmente contra su líder.

Una arremetida sin misericordia personalizada en Pablo Iglesias, al que acusaron de todo, imputándole intereses individuales en sus peticiones a cambio de facilitar la investidura.

Le echaron en cara que, con sus demandas, pretendía controlar el 60% de los gastos del Gobierno y también los ingresos.

Le acusaron de que su propósito era "vigilar" al resto del Ejecutivo.

De que, con su actuación se alineaba con la derecha y la ultraderecha.

De creerse el "guardián de las esencias" de la izquierda.

Y le afearon haber calificado como "jarrón chino" competencias tan fundamentales como igualdad, sanidad, vivienda...

Pedro Sánchez, y también Adriana Lastra, se esforzaron en ridiculizar sin compasión al cabeza de filas de Podemos. La intervención de Lastra, que alguna vez hace gala de una apariencia de mosquita muerta, se mostró demoledora. Casi faltona.

La principal acusación que se ha lanzado sobre Pablo Iglesias es haber impedido por dos veces la formación de un Gobierno de izquierda en España. Algo que, por cierto, es un dato contrastable.

Eso le castigará durísimamente entre sus afiliados y simpatizantes cuando lleguen las próximas elecciones generales.

Las dos izquierdas se han liado a darse cornadas, y las heridas causadas son de pronóstico grave. En el PSOE dicen que no van a volver a negociar con los colegas.

Y Pablo Iglesias ha amenazado con sacar de nuevo las masas a la calle, como ya ocurriera en el hoy olvidado 15 M.

Bueno, es lo que ambos dicen ahora. Porque, cuando llegue la segunda oportunidad, en septiembre, no hay que descartar que lo intenten otra vez. Son políticos. Entre otras cosas porque a Pedro Sánchez le va a ser muy difícil, casi imposible, seguir residiendo en La Moncloa sin los votos de Podemos.

Por cierto, que, durante el Pleno, Gabriel Rufián intentó convertirse en profeta, al advertir que, si la investidura no se lograba, los dos protagonistas principales, Sánchez e Iglesias, quedarían descalificados como políticos para siempre.

La nominación no ha salido adelante, pero por el momento los dos siguen en pie. A pesar de las cornadas.

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En Twitter @JoseApezarena

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