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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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¡No pasarán!

Adriana Lastra
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Los partidos de la izquierda han tratado de exprimir al máximo, electoralmente hablando, el rechazable suceso de los sobres con balas recibidos por Pablo Iglesias, el ministro del Interior y la directora de la Guardia Civil.

A ello se han aplicado con fruición candidatos y dirigentes de esas formaciones, lo mismo que las llamadas “terminales mediáticas”, que se han volcado en los mensajes diseñados por los responsables de la campaña, en este caso, tal como ha revelado ECD, Iván Redondo y el propio Iglesias.

Los eslóganes, en sus trazos gruesos, han sido: España está en peligro, la democracia está en peligro, todos estamos en peligro, porque viene la ultraderecha (o sea, Vox); a los ultras se les frenará impidiendo que ganen las elecciones de Madrid; Ayuso tiene que jurar por lo más sagrado que no aceptará el apoyo de Vox para lograr mayoría y formar gobierno.

En resumen, implantar el lema “Fascismo o democracia” y forzar un cordón sanitario contra Vox.

Redondo e Iglesias vieron en el episodio de los sobres con balas la ocasión para romper una campaña que les estaba yendo muy mal, y lo han exprimido hasta la extenuación.

Para ello, por ejemplo, la noticia del sobre con la navaja enviada a Reyes Maroto, que llegó a su ministerio el viernes, no se contó ese día, ni el sábado, ni el domingo, sino el lunes, a media mañana, cuando se había reanudado la campaña electoral con toda su intensidad.

Esa ‘noticia’ encendió aún más los mensajes y aceleró el aprovechamiento electoral de la situación.

Los cerebros de la campaña han obligado a todos a movilizarse, incluso forzando a personas como la ministra Reyes Maroto, habitualmente moderada y tranquila, que sin embargo ha protagonizado comparecencias llenas de patetismo, para afirmar, cuando ya se había descubierto que el protagonista del envío de la navaja es un perturbado, que sigue teniendo miedo, que se siente en peligro, y que todos estamos amenazados.

En el esfuerzo de dramatización participó el lunes el mismísimo Pedro Sánchez, con sonoros gritos de “¡Basta!”, durante un acto del partido. Pero se llevó la palma Adriana Lastra, algo no tan extraño ya que, en general, cuando habla, no suele acertar demasiado.

Recién conocida la ‘noticia’ de la navaja de Maroto, que, recordamos era del viernes pero se canalizó el lunes, anunciada desde el ministerio y confirmada por Ferraz, la vicesecretaria del PSOE y portavoz en el Congreso se puso estupenda y exclamó, con enorme fortaleza: “Desde aquí, al fascismo: ¡No vais a pasar¡”.

O sea, el “¡No pasarán!” de la guerra civil durante la defensa de Madrid, pero invocado ochenta años después. ¡Ochenta años!

Y, así, estos días han sido muchos los que han perdido los papeles. Con un punto de partida sólido, como es el peligroso episodio de los balas y el rechazo a la violencia, el problema es que se han pasado, han sobreactuado, han exagerado.

Tanto se les ha ido de la mano, que hasta desde su propio terreno han saltado dudas sobre la realidad de lo que ha ocurrido.

Y, encima, por lo que dicen los demóscopos, para casi nada. Parece que el espectáculo ha quedado en agua de borrajas (o de cerrajas), electoralmente hablando.

Por cierto, pierdan toda esperanza de que los autores del envío de los sobres con balas sean identificados, localizados y detenidos antes del 4 de mayo, del día de las elecciones. El ministro Marlaska no tiene ninguna prisa. Hay que mantener la tensión.

Porque, hablando de tensionar, la maniobra articulada por el tándem Redondo-Iglesias recuerda aquella entrevista de Iñaki Gabilondo a Rodríguez Zapatero, en vísperas de sus segundas elecciones, las de 2008, cuando, al final, y hablando de la campaña, el entonces presidente le confió: “Nos conviene que haya tensión. Un comentario que fue grabado por un micrófono que había quedado abierto y que se vio en imágenes.

Al mismo tiempo, desde otras instancias se ha recordado que los episodios de amenazas, y aun de violencia, se han registrado en muchas ocasiones anteriormente, sin que nadie las convirtiera en argumento electoral, en captadoras de votos. Como ocurrió con el puñetazo que recibió Rajoy en Pontevedra en 2015.

Por citar otro caso, José María Aznar, siendo candidato del PP y todavía en la oposición, sufrió un intento de asesinato por parte de ETA, que hizo estallar un explosivo al paso de su vehículo.

Según contó ayer Francisco Marhuenda en los micrófonos de Onda Cero, él era entonces parte del equipo del PP y propuso presentar en la campaña electoral a Aznar como víctima de ETA. El candidato lo prohibió tajantemente, con este comentario: El terrorismo nunca puede utilizarse como argumento electoral.

Pues eso.

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