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Dinero

Argal, Puleva, Leche Pascual, El Pozo o Central Lechera Asturiana ya han conseguido el sello ‘Halal’ que permite exportar alimentos a países musulmanes

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Si usted ve en un supermercado un producto con una etiqueta adhesiva escrita en árabe, se encuentra ante un producto ‘Halal’. Es la calificación que se otorga a los productos alimenticios que han sido tratados industrialmente bajo los preceptos del Islam. Algunas de las principales empresas del sector ya han obtenido ese certificado, que permite la exportación a países musulmanes.

El certificado ‘Halal’ -en árabe, ‘lo que está permitido’- lo concede el Instituto Halal después de evaluar la cadena de producción de las empresas y tras garantizar que el tratamiento a las materias primas se lleva a cabo conforme a los dictados islámicos.

Según confirma a ECD una empresa dedicada a facilitar la obtención de este tipo de sellos, la crisis ha llevado a cientos de empresas españolas a buscar nuevos mercados, entre ellos, el de los países musulmanes. Desde 2008 han sido muchas las empresas que ha puesto su mira en mercados del Magreb y de Oriente Medio como fórmula para frenar la caída de ventas en occidente. Además de la cuota que representa el millón de musulmanes que residen en España.

Grandes empresas del sector como Argal, Leche Pascual, Puleva, Conservas Isabel, Central Lechera Asturiana, Mahou o El Pozo han conseguido certificar en estos últimos años que, al menos una parte de sus alimentos, cumplen con los requisitos musulmanes. En total son más de un centenar, según las estadísticas del Insitituto Halal, y la mayoría de ellas están afincadas en la zona mediterránea.

La carne, lo más dificil

La mayor dificultad reside en el rito por el que se sacrifica a los animales, para su posterior trasformación en embutido –exceptuando el cerdo-. La cabeza del animal debe quedar mirando hacia la Meca –hay que certificarlo con una brújula-. 

El matarife debe ser un “buen musulman”, muy creyente y que no beba alcohol y que rece una pequeña oración antes de sacrificar a cada animal. Algunas empresas los contratan como una especie de ‘freelance’.

Además, el animal no puede estar aturdido previamente. De esa manera sangra mejor y la carne resulta de mayor calidad.

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