Entre el marketing y los influencers, del susto al sobresalto y de las distracciones al despiste

Aglomeración de gente en Santander
Aglomeración de gente en Santander

Pues el vulgo es necio y paga

es justo,

hablarle en necio

para darle gusto

(Lope de Vega)

Ahora que Sánchez quiere contar oyentes y lectores para eso de controlar los pseudomedios y las subvenciones y que no fabriquen fango, tener lectores y “visitas” se hará cada vez más importante. Además con todo lo que los políticos en ejercicio tienen que disimular y hasta ocultar, no está mal que la gente se entretenga y se entere lo menos posible y se interese cada vez menos por las amnistías, los indultos, los tribunales- incluido el Constitucional- y hasta de lo que dicen y hacen Díaz o Bolaños o de los entusiasmos aplaudidores de Montero.

Hace años el inolvidable Antonio Fraguas, dibujaba dos personajes sentados muy próximos en la barra de un bar. Uno despliega y lee un enorme periódico, el otro tiene un niño en brazos. El del niño le dice al del periódico: “¿quiere leer el periódico hacia el otro lado, que me está asustando al niño?

Las cosas de aquel genio que firmaba Forges…

Y a la vista de lo que cada día se echan a la cara los ciudadanos, el dibujo mantiene toda su actualidad.

Todo son alarmas, precauciones, augurios meteorológicos de catástrofes, estampidas de ciudadanos al comienzo de las vacaciones (estampida según la RAE,  huida impetuosa que emprende un grupo de personas o de animales, repentinamente y con precipitación impetuosa) y avisos y prohibiciones para hacer o no hacer, comer o no comer, irse o quedarse. O sea asustar y distraer de lo esencial. 

La AEMET suele llevarse la palma en eso de los sustos y los quebraderos de cabeza. Cuando no son las alertas amarillas es que hay inundaciones o calor sahariano o frío siberiano, danas y tsunamis o anuncios de  temperaturas de 30 grados en pleno mes de julio. Claro que la ventaja de esto de la AEMET es que casi nunca aciertan en lo de las catástrofes o al menos en sus dimensiones que siempre son mucho menos o mucho más de lo que auguraban. Además como ningún ciudadano normal, sabe en qué consiste eso de las alertas por colores, pues no suele hacer caso. Y es que -es un suponer- ¿qué hace un ser normal cuando hay alerta naranja? ¿meterse en el refugio que tiene en el trastero, emigrar del país, darse a la bebida? Una incógnita, sobre todo si está amenazado porque su coche no tiene etiqueta.

Pero siempre hay consuelos gastronómicos como las bondades de tomar una cerveza en las comidas para alargar la vida o los buenos efectos del café para no morir por estar sentado o el truco para lavar la fruta y quitarle el pesticida. Hay una bebida, al decir de los que saben, que protege la vista y mejora el tránsito (lo del tránsito debe ser por lo de las estampidas de los coches en vacaciones).

Claro que hay sus riesgos, por ejemplo al comer acelgas o pepinillos en vinagre diariamente y no digamos nada si se ingiere pan con moho o gominolas que contienen cannabis y hay que tener mucho cuidado si se desayunan tostadas con aguacate. 

Y qué decir del deporte cuando hay alertas porque el pádel ha aumentado sensiblemente las lesiones oculares.

Pero todo se queda en algo puramente domestico cuando hay que afrontar la noticia de que  los climatólogos alertan de una era glaciar y aconsejan  almacenar combustible

O los expertos anuncian para dentro de 30 o 50 años un tsunami en las costas españolas o la AEMET (siempre la AEMET) alerta de una oscilación del mar de un metro.

Puro susto y constante sobresalto.

Pero hay sustos y sobresaltos más constructivos, que aconsejan qué hacer para declarar la guerra a las cucarachas  rojas o para que el gato no arañe los muebles o si el ciudadano de a pie se encuentra un tiburón en la playa o para no tener problemas con los tatuajes en verano.

Y hay personas muy dispuestas, por ejemplo esa española que se ha ido a Noruega y ha descubierto un maravilloso objeto que sustituye a la fregona o los científicos que han fijado el tiempo máximo para usar el móvil en el baño.

Siempre hay posibilidad de alucinar con los precios de una cafetera que “lo peta” o encontrar termas que arrasan (arrasar según la RAE echar por tierra, destruir) y eso, en una terma, es muy peligroso.

Y luego está lo de las y los influencers, que se visten y se calzan que lo flipas. Y exhiben un lookazo  que alucinas y todo lo que se ponen está rebajadísimo y también arrasa.

Pero todo tiene su compensación y desaparecen las preocupaciones cuando el ciudadano se entera de que Anita Matamoros tiene un vestido de croché con el que demuestra estar a la moda o Tamara que arrasa con un mono con los hombros desnudos (y es que hay monos tremendos aunque vayan desnudos) o los conjuntos de dos piezas en colores pastel “que serán tu nueva obsesión” o le llegan noticias de que Victoria Federica, se ha puesto un sombrero que ha hecho viral su entrada en Las Ventas para ver a Roca Rey o Marieta, por fin, pone nombre a su relación con Cortés o Rubio y Constanzia hacen planes para irse a vivir juntos. 

Y es que, dada la importancia de los personajes, los ciudadanos reciben esas noticias con alivio y sobre todo con enorme interés.

Y ahora que Sánchez quiere contar oyentes y lectores para eso de controlar los pseudomedios  y las subvenciones que reciben y que no fabriquen fango, en la máquina del fango, (el fango en Sánchez, es de suyo, redundante) tener lectores y visitas, se hará cada vez más necesario.

Además, con todo lo que los políticos en ejercicio tienen que disimular y hasta ocultar, no está mal que los votantes se entretengan  y se regocijen con lo de los monos de los hombros desnudos y los vestidos de croché o las parejas que van  a decidir sin viven juntos y hasta se sobresalten y se acongojen con las alertas alimentarias y los peligros que predica la AEMET y se enteren mínimamente y se interesen cada vez menos, de las amnistías, los indultos y los tribunales -incluido el Constitucional- y hasta de lo que dicen y hacen Díaz o Bolaños o Alegría o de los entusiasmos aplaudidores de Montero.

La carcajada: Dice Bolaños en la Complutense en plan profesoral: “Las políticas públicas son esenciales para el bienestar de la ciudadanía”

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