Opinión

Por mujeriego

Pleno del Congreso de los Diputados 18/02/2020
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En estos tiempos en los que la intimidad personal se quiere disociar de la actuación en la vida política, tropezar en esa piedra resulta una paradoja, no por la piedra que allá cada cual, sino por el tropiezo; paradójico no por mujeriego sino por lo que de presunto pueda tener eso de progre y de feminista.

En la secuencia de la magistral interpretación de Tony Leblanc en el timo de la estampita de la película “Los tramposos”, Antonio Ozores que hace de “gancho”, pregunta al timador:

       -¿No tienes familia?

       -Tengo padre, pero no me hablo con él por mujeriego.

El “gancho” inicia una severa crítica al progenitor, pero rápidamente el timador le corta:

       -Por mujeriego, yo.

Allá por los años 60 del pasado siglo (los más jóvenes tendrán poca idea) hubo dos sucesos que llevaron a dos eminentes políticos al final de su carrera. John Profumo, ministro de la Guerra en el Reino Unido y Edward Kennedy -el pequeño de la dinastía, según se decía el más listo de los hermanos y llamado a ocupar la Casa Blanca- acabaron sus respectivas trayectorias precisamente por mujeriegos.

En estos tiempos en los que la intimidad personal se quiere disociar de la actuación en la vida política, tropezar en esa piedra resulta una paradoja, no por la piedra que allá cada cual, sino por el tropiezo; paradójico no por mujeriego sino por lo que de presunto pueda tener eso de progre y de feminista.

Se trata de algo muy pasado de moda, algo antiguo, casi tan antiguo y tan pasado de moda como el comunismo.

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Si se analizan los antecedentes de alguno de los protagonistas, la paradoja se ensancha y se agranda hasta crear una imagen que causa risa por su deformidad.

Que un progre de título, un feminista de boquilla y un defensor de la igualdad -por aquello de la domesticidad- que se confiesa protector de canéforas desvalidas de 29 años, además de manager de meteóricas carreras políticas, se convierta en un progre de salón, en un feminista de guardarropía y en un igualitarista a la violeta, sería divertido sino fuera porque se está jugando con el gobierno de una nación y precisamente un gobierno que se dice progre, que se confiesa feminista y que alardea de igualitarismo.

Todo se convierte en una enorme mentira y puede crearse la sospecha de que esa tremenda falacia colectiva, tenga carácter expansivo y se extienda a otras facetas de la gobernabilidad.

Post scriptum. Preguntar no es ofender: ¿Cuánto tardará Sánchez, una vez lavadas las manos, en echar la culpa de los rebrotes a la gestión de la desescalada por parte de las comunidades autónomas?

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