Opinión

Sánchez un “producto” perfectamente desechable

Pedro Sánchez, con el pin de la Agenda 2030.
photo_camera Pedro Sánchez, con el pin de la Agenda 2030.

Camufla sus peticiones de socorro en las vaciedades y mentiras del patriotismo, de la unidad, del arrimar el hombro, del sentido de estado y hasta de lo que demanda Europa, pero todo eso no puede ocultar la enormidad de sus inutilidades como gestor de la cosa pública. 

En la segunda acepción, la Real Academia define “desechable” como “algo que puede ser desechado por resultar inútil, incómodo o molesto”. A la vista de esta definición resulta evidente que Sánchez es desechable. Lo de inútil es palmario, pero lo de incómodo o molesto no deja de tener una carga de subjetividad y su apreciación dependerá del individuo que lo analice; pero al parecer -y a juzgar por algunas encuestas y por los resultados de las últimas elecciones- hay muchos españoles que padecen el “síndrome de Diógenes” y les da por conservar cosas inservibles. 

No se sabe muy bien por qué Sánchez quiere ser presidente si cuando hay algún problema o vienen mal dadas, pide auxilio y árnica a sus adversarios políticos y aunque ese grito de unidad a toda costa y la petición de hombros ayudadores, lo haga mezclado con insultos y descalificaciones, no deja de ser una confesión de su propia inutilidad para solucionar problemas. 

Desde la elaboración de los presupuestos hasta la gestión de la pandemia, pasando por la enseñanza o la administración del maná que llegará de Europa, Sánchez debe de considerarse incapaz para resolver por su cuenta esas cuestiones y desde su sillón de La Moncloa al que tanto esfuerzo, tantos fiascos y tantos sinsabores le costó llegar, pide auxilio a derechas, a izquierdas y hasta a las periferias más arriscadas del separatismo

Camufla sus peticiones de socorro con las vaciedades y mentiras del patriotismo, de la unidad, del arrimar el hombro, del sentido de estado y hasta de lo que demanda Europa, pero todo eso no puede ocultar la enormidad de sus inutilidades como gestor de la cosa pública. 

Estamos a un paso de que, con cualquier pretexto, haya una remodelación del Gobierno pero que no se olvide que el hecho de que Sánchez prescinda de varios de los actuales ministros, será una simple coartada y un intento más de cargar a los demás, incluidos sus más inmediatos colaboradores , con sus propias incapacidades. 

También la inmensa mayoría de los ministros de Sánchez -y hasta su vicepresidente- son desechables, pero no hay que olvidar que la culpa de que sean ministros es de Sánchez y que la culpa de que sean desechables, también.

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