Sánchez de Puigdemont a Zapatero, pasando por Galindo

Qué triste la situación 

en que están

quienes creyendo a Cerdán

confiaron en Puigdemont

(Anónimo del S.XXI) 

Llegarán las condonaciones, los perdones de dineros despilfarrados, los cupos y los tiras y aflojas económicos. Llegarán los perjuicios a los ciudadanos y, tras los engaños vergonzosos de Montero (no pasarán) y sus manejos preelectorales en Andalucía, la deuda seguirá existiendo y seguirá cargada a los bolsillos de cada uno de los ciudadanos.

Sonrojo, bochorno e ignominia, porque eso que se reúne en la mesa alargada de La Moncloa, tiene ligada su existencia a un prófugo de la justicia y a un delincuente confeso e indultado, odiadores de España y porque se negocie en el extranjero lo más esencial del ser y del existir de España y de sus gentes.

Pero además de ese oprobio, la situación se vuelve risible con la intervención, como actores principales, en farsa tan vergonzosa, de Zapatero y de Galindo.

Zapatero -uno de los políticos más artero, taimado y ladino, que han soportado los españoles, la sociedad, española, la economía española, el prestigio internacional de España y la convivencia entre los ciudadanos- está siendo rehabilitado por Sánchez, al igual que ha hecho con Puigdemont  o con  los separatistas y los sucesores de terroristas.

Zapatero, “mitinero consorte de Montero (no pasarán) en Andalucía, y “supertelonero de candidatos de extracción digital; comparsa de dictaduras transatlánticas; valedor de causas perdidas; negociante inmobiliario por vía conyugal y paterna y que tiene tiempo -en los ratos que le permite Maduro, y los notarios que autentifican sus andanzas inmobiliarias-  para dejar situadas a sus hijas en tierras venezolanas, es ahora el negociador de todas las vergüenzas del “sanchicomunismo”.

Y en plena trampa del alioli -algo más que ajo y aceite- de los vaivenes asquerosos y malolientes de Puigdemont, se presenta Galindo (un admirador, un esclavo, un siervo) como el personaje del mismo nombre que inmortalizó López Vázquez en aquella película que, ya es casualidad, se titulaba “Atraco a las 3”, y lo hace precisamente en Suiza, dónde son tan de relojes y horas exactas.

El caso es que el tal Galindo, al alimón con Zapatero, persuade al euromaletero y prófugo para que se trague eso de la moción de confianza, (aunque tratándose de Sánchez y Puigdemont, eso de la confianza no deja de ser un eufemismo) y, en una cabriola más el residente en Bélgica, se trague también, aquello de sus condiciones innegociables.

Después vendrán las condonaciones, los perdones de dineros despilfarrados, los cupos y los tiras y aflojas económicos. Llegarán los perjuicios a los ciudadanos y, tras los engaños vergonzosos de Montero (no pasarán) y sus manejos preelectorales en Andalucía, la deuda seguirá existiendo y seguirá cargada a los bolsillos de cada uno de los ciudadanos.

Pero lo más grave -con serlo y mucho, la gran mentira de la deuda- es el permanente chantaje separatista a Sánchez, porque de ese chantaje se derivan los timos económicos que pretende y de hecho consuma Sánchez por mano de Montero (no pasarán), aquella consejera de Hacienda de Andalucía que exigía a Montoro negociaciones, diálogo y conversaciones previas a cualquier decisión en materia de financiación autonómica.

Está claro que -mientras Puigdemont saque tajada, Galindo cobre dietas y otros gajes, y Zapatero pueda compatibilizar los viajes a Suiza con los negocietes bolivarianos y sus zalemas a los dictadores y la compra de fincas y chaletes- hay negociaciones para rato.

Y en ese rato, Sánchez permanecerá con los pantalones en los tobillos, los otros se llevarán el plato y las tajadas y los españoles pagarán, los pantalones, los platos y las tajadas.

La carcajada: Puede haber dudas sobre el  machismo del periodista que dice a una ocupante de los asientos azules, que apacienta Sánchez en el Congreso, eso de que “cada día estás más guapa”. 

Pero de lo que hay pocas dudas, es de las carencias visuales del supuesto machista.

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metricool