Opinión

Buenas noticias tras la violencia por Hasél

Ataque incendiario contra un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona (Foto:Lorena Sopena / Europa Press).
photo_camera Ataque incendiario contra un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona (Foto:Lorena Sopena / Europa Press).

Ladrones, asesinos, violentos, vagos, defraudores  de impuestos e  incívicos los ha habido siempre, los hay y los habrá. No es ninguna reflexión brillante, lo sé, pero pienso que a veces es bueno recordar lo obvio para averiguar si hay fortaleza social en acometer esos delitos o infracciones, llamándolos por su nombre: mientras la haya, tenemos motivos para celebrarlo.

Otra consideración decisiva es valorar si la reacción es proporcional y eficaz, si no está envuelta en mera palabrería, buenas intenciones o disfraces que esconden la realidad.

El encarcelamiento del rapero Pablo Hasél produjo inmediatamente una violencia organizada en las calles de Barcelona, Madrid y Valencia. Por supuesto que se puede discrepar, pero no con violencia. Para colmo, diversos partidos políticos denunciaron excesos y hasta “provocaciones” de la Policía, en todas esas ciudades, mientras veíamos imágenes espeluznantes, culminadas por el incendio de una furgoneta en Barcelona.

En Valencia hubo mucha violencia callejera, aunque menos que en Barcelona. Partidos como Compromís y Podemos, que gobiernan en la Comunidad Valenciana y en el ayuntamiento de Valencia junto con los socialistas, apuntaron a la Policía, alegando  que había actuado de modo desproporcionado: asombroso. Y a la Delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Gloria Calero, a la que exigían que compareciera en las Cortes Valencianas para explicar la actuación policial e, incluso, algunos pedían su dimisión. Curioso, una vez más: acusando a los defensores del orden ciudadano, todo al revés.

Gloria Calero estuvo en su sitio desde el primer momento, avisando de que no iba a “dar el gusto” de su dimisión a nadie, y que – como siempre se hace – se analizaría la actuación policial.

Calero ha dado la cara. El martes pasado afirmó que “la actuación de la Policía ha sido la adecuada”, tras revisar las imágenes de las cargas policiales del 16 y 18 de febrero, en las que hubo heridos y nueve detenidos.

A la vez, la delegada invitó a mirar las imágenes de Barcelona y Cataluña, destacando que no se han producido en tierras valencianas por una actuación policial adecuada. Y se ha preguntado: “¿De qué estaríamos hablando si hubiera coches quemados, escaparates rotos o cajeros incendiados” Estaríamos hablando de otra cosa”.

En Cataluña no habrán sentado nada bien las declaraciones de Gloria Calero, porque apela a los mandos de las fuerzas del orden, para que actúen proporcionalmente. Que estuvieran muy organizados los violentos de Barcelona no exime de responsabilidad a quien debe evitar esa violencia, y si hay órdenes “de arriba” tienen que aclararse y depurar responsabilidades.

Otra buena noticia es la prisión para ocho anarquistas acusados de quemar la furgoneta de la Guardia Urbana en Barcelona el pasado sábado, con un agente en el interior,  cuyas imágenes tenemos todos grabadas. Nada más verlas, nuestra reacción fue la de calificarlo como un delito, sin ningún tipo de matiz.

 El juez les acusa a estos ocho anarquistas de homicidio en grado de tentativa y de ser un grupo criminal: siete extranjeros y una española, ya se ve que la violencia es global muy organizada. Los Mossos han destacado que son “expertos”: no lo dudamos.

Por estos dos hechos, en Valencia y Barcelona, tenemos motivos para celebrar que las fuerzas del orden cumplen con su cometido – y cuando no lo hagan hay que averiguar por qué – y que la Justicia está para aplicarla.

Quedan para preocupación nuestra los líderes políticos que no condenan la violencia – mejor dicho, cierto tipo de violencia – y quienes presuponen en la policía excesos.

También en esto se retratan los partidos políticos  y en las urnas se ha de comprobar si se merecen los votos de los españoles: la violencia callejera no se combate sólo con fuerzas policiales eficaces y jueces valientes, sino también con nuestros votos, y eso es muy fácil de olvidar, como todo lo que alude a la responsabilidad personal: de todo o casi todo son responsables otros, no nosotros.

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