El negocio de la literatura erótica
La literatura erótica se ha convertido en un género muy popular en la literatura contemporánea. Cada vez salen más títulos al mercado, y aumentan las ventas. Se trata de una literatura en la que la mujer suele ser tanto la protagonista, como la principal consumidora.
La plataforma Dale una vuelta, ha publicado un extenso estudio analizando este tipo de publicaciones que recomiendo consultar (https://www.daleunavuelta.org/).
El mayor ejemplo de este tipo de literatura es la conocida trilogía 50 Sombras de Grey, con un éxito asombroso. Tras ser publicado el primer libro en 2011, esta serie vendió alrededor de 31 millones de copias a nivel mundial, además de establecer el récord como la edición de bolsillo de ventas más rápida de todos los tiempos, superando incluso a la serie de Harry Potter.
La narrativa erótica es pornográfica
Este tipo de literatura se diferencia de la mera novela romántica, en que todos sus relatos tienen relación de manera directa o indirecta con el erotismo y el sexo de sus personajes. Entre las temáticas que se tratan se encuentran el placer sexual, la exploración del cuerpo desde el deseo y las diversas formas de sexualidad. Se podría decir que toda narrativa erótica cuenta con un importante objetivo: despertar y activar el deseo sexual del lector.
A pesar de que esas novelas no destacan por su calidad literaria, muchas mujeres partidarias de la novela erótica defienden que son historias de consumo rápido, con el simple propósito de entretener.
Nos podemos preguntar, si este tipo de publicaciones se pueden considerar pornografía. Pero ¿qué es pornografía? Jaime Nubiola, filósofo, concluye que «son obras pornográficas aquellas que se hacen, se comercializan y se consumen como excitantes sexuales». No es una cuestión de qué se muestra en estas obras, sino con qué propósito se crean.
Una cosa es leer comprendiendo y con placer lo que yo haya escrito y, otra muy distinta, que yo use palabras como estímulos que provoquen una determinada respuesta, eso sería una manipulación en la que el lector se convierte en un objeto. Aunque es la mujer en último término la degradada y usada como objeto.
Rechazo de la literatura erótica
¿Qué peligros puede traer esta nueva moda de la novela erótica? Primero, el hecho de que, de un modo similar a la pornografía online, estas narrativas se basan en un ‘ideal’ y no en una realidad. Es decir, en la vida real no existen los hombres perfectos, ni las mujeres ideales, ni las relaciones sexuales instantáneas sin comunicación. El placer sexual tampoco implica una felicidad absoluta, mucho menos un final feliz para siempre.
Darle tanto poder y tanta importancia a la emoción, el impulso, y la pasión, es un juego peligroso. Muchas veces en la vida real estos tres ingredientes no duran más que un instante, y tampoco entienden de límites. Es importante distinguir entre “qué le apetece” a mi cuerpo y qué quiero yo verdaderamente. Mi proyecto de vida e ideales no siempre pueden coincidir con aquello que me produce más placer.
Por otro lado, leer estas novelas no solo nos excita físicamente, sino que se mete de lleno en la dimensión cognitiva de nuestra sexualidad: la encargada de las fantasías sexuales, entre otras cosas. Leer puede erotizar la mente de forma muy potente, permitiéndonos fantasear con realidades excitantes.
También cabe reflexionar sobre el propósito de los autores en la creación de esta narrativa. El título de un libro de Lupe Batallán lo resume bien: «No es revolución, es negocio». Si lo que estos autores buscan crear son novelas de consumo rápido, se puede intuir que su primera prioridad quizá no sea el cuidado de la sexualidad de quien lo lee; sino el beneficio económico que se obtiene de un negocio en el que el público devora el producto rápidamente. Al fin y al cabo, el sexo siempre vende, y no podemos perder esa realidad de vista.