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España: un país anticonceptivo desde hace 40 años

Niña tapándose los ojos
photo_camera La tasa de fecundidad de España es de 1,23 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo.

La Fundación de Estudios de Economía Aplicada acaba de publicar un informe sobre la natalidad española, y el panorama es un presente en las raspas. Somos uno de los países con la tasa de fecundidad más baja del mundo (1,23) y el 40% de las madres y el 68% de los padres primerizos tienen más de 35 años, porque aquí nos emancipamos casi a los 30. Además, los hijos de la inmigración se reducen y caen un 83% las adopciones internacionales desde 2004. La pandemia y sus consecuencias económicas agravarán esta crisis demográfica, crónica desde 1981. Según sus autoras, los españoles siguen queriendo la parejita, pero no damos el paso ante un mercado laboral precario y la desincentivación de la natalidad. Para muchas mujeres, ser madre sigue teniendo consecuencias laborales negativas y para un alto porcentaje de jóvenes, tener un hijo es ponerse en riesgo de vulnerabilidad social.

Queremos ser madres y padres, pero no nos dejan las circunstancias, porque España es un país anticonceptivo desde 1981. Llevamos 40 años de crisis demográfica aguda y las previsiones para el próximo lustro son alarmantes, según el informe publicado esta semana por la Federación de Estudios Aplicados (Fedea) que analiza cómo podemos mejorar la natalidad en España, aunque, en realidad, lo que hace es pintar una foto aérea del país en la que se intuye otro Guernica sin vida.

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España no es el único país del mundo con un reto demográfico acuciante, pero sí es de los más retrasados del planeta en darle al stop y repensar las cosas, porque sus cifras ruedan cuesta abajo desde hace cuatro décadas: según apuntan las investigadoras que firman este trabajo - Teresa Castro-Martín, Teresa Martín-García, Julia Cordero y Marta Seiz-, la tasa de fecundidad española es de 1,23 hijos por mujer. Es decir: el hijo único se ha hecho universal, pero por obligaciones del contexto.

Ese dato significa envejecimiento poblacional, incertidumbre para el sistema de pensiones, y previsible caos a corto plazo para la organización de la provisión de los cuidados de nuestros mayores, algo que ya hemos palpado durante la pandemia. Pero, sobre todo, significa que los españoles quieren tener hijos, pero las circunstancias sociales dificultan procrear.

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En España el hijo único se ha hecho universal. Este dato tiene muchas consecuencias, aunque, sobre todo, nos dice que los españoles quieren tener hijos, pero las circunstancias sociales son un obstáculo crónico

Como destacan las cuatro autoras, “tener hijos forma parte de las aspiraciones vitales de una amplia mayoría de personas y por tanto constituye una dimensión importante de su bienestar. En el caso de España, la preferencia mayoritaria con respecto al número deseado de hijos permanece estable desde hace décadas en torno a dos hijos, distando de forma significativa del nivel de fecundidad real. Esta brecha evidente entre los deseos y las realidades reproductivas de la población apunta a la existencia de barreras de carácter material y estructural que dificultan a muchas personas y parejas hacer realidad su proyecto familiar”.

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En la última década, hemos pasado de una tasa de fecundidad del 1,44 al 1,23, y esa tendencia a la baja no es una exclusiva de España, sino de todos los países del sur de Europa, aunque en el viejo continente la media se sitúa todavía en torno a los 1,56 hijos por mujer.

El informe destaca algunos condicionantes de la realidad de la natalidad española que limitan el deseo de la mayoría de ciudadanos de formar una familia. En primer lugar, unos datos de desempleo que hablan por sí solos:  3.888.137 parados en diciembre de 2020, y las tablas indican que estamos volviendo a las cifras de 2015 justo en el arranque de una nueva crisis económica acelerada por la pandemia. “España presenta una de las tasas de desempleo y de temporalidad laboral más elevadas de Europa. Según datos de la Encuesta de Población Activa de 2019, el porcentaje de personas ocupadas con un contrato temporal ascendía al 32% de los hombres y al 35% de las mujeres de 25 a 39 años, siendo éste un tramo de edad clave para las decisiones reproductivas”.

Más del 33% de los españoles de entre 25 y 39 años tienen un contrato temporal en un país con 3.888.137 parados. La pésima calidad del empleo es una mina contra la voluntad reproductiva de los jóvenes

 

Con esos números como telón de fondo, Eurostat decía en 2019 que “los jóvenes españoles no se emancipan del hogar de origen hasta los 29,5 años de media, aproximadamente 12 años más tarde que en Suecia y casi 6 años más tarde que en Francia”. Seguramente, por eso el 40% de las madres y el 68% de los padres primerizos tienen más de 35 años, como refleja el estudio.

La maternidad y la paternidad tardía e insatisfecha son una realidad consolidada en España. Entre 1980 y 2019, la edad media de las mujeres que daban a luz por primera vez se ha incrementado de 25,1 a 31,1 años y ese retraso de la maternidad “no siempre responde a las preferencias personales. Según la Encuesta de Fecundidad de 2018, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), aproximadamente la mitad de las mujeres de 40 a 55 años declararon que habían tenido su primer hijo a una edad más tardía de la que hubiesen deseado, y el promedio de retraso alcanzaba los 5 años”.

En 1980 las españolas daban a luz con 25 años de media. Hoy, la maternidad se retrasa hasta los 31, muchas veces contra la voluntad de las madres, que habrían querido tener su primer hijo cinco años antes

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En este sentido, el informe concluye que “parece evidente, por tanto, que los muy bajos niveles de fecundidad registrados en España no se derivan de un rechazo creciente de la maternidad o la paternidad, ni reflejan una preferencia mayoritaria por el hijo único. Por el contrario, la distancia que se observa entre la fecundidad deseada y la fecundidad alcanzada evidencia un déficit de bienestar individual y colectivo y sugiere la existencia de una serie de obstáculos que dificultan a muchas personas y parejas hacer realidad su proyecto familiar. En este sentido, la Encuesta de Fecundidad de 2018 revela que el 39% de las mujeres de 45 a 55 años sin descendencia habrían deseado tener un hijo o varios”.

El análisis destaca que “la proporción de mujeres sin hijos ha aumentado del 13% entre las nacidas en los años 40 al 23% entre las nacidas a principios de los 70. A raíz de este aumento, España se sitúa entre los países europeos con mayor nivel de infecundidad, junto a Alemania, Austria y Suiza”. Y remarca que esta involución no se debe a una decisión libre: “Según la Encuesta de Fecundidad de 2018, entre las mujeres de 25 a 39 años que no tienen hijos ni intención de tenerlos, hay un colectivo importante que declara como motivo principal no querer ser madre (14%) o no querer reducir su libertad personal (8%), pero son bastante más frecuentes los motivos que reflejan barreras a la maternidad, como no tener pareja (21%), dificultades para afrontar económicamente la crianza de un hijo (19%) o potenciales conflictos con la carrera profesional (12%)”.

El 19% de las mujeres de entre 25 y 39 sin hijos declaran que no quieren ser madres por las dificultades económicas para la crianza. El 12% aduce “potenciales conflictos” en la carrera profesional

Pese al trabajo de los diferentes Ministerios de Igualdad creados en España, alerta de la considerable ampliación de “la brecha salarial de género desde que las mujeres son madres. Según la Encuesta de Fecundidad de 2018, entre las mujeres de 20 a 39 años sin hijos, más de la mitad consideraba que tener un hijo influiría de forma negativa en sus oportunidades laborales (64%), su realización profesional (56%) o su situación económica (63%)”. Esa es la triste realidad que no aflora detrás de las pancartas.

El informe pone de manifiesto todo el trabajo que tiene por delante este “Gobierno feminista”. Por ejemplo, resalta que, todavía hoy, “la maternidad continúa pasando factura a las mujeres en el mundo laboral. Las madres que tienen mayor dificultad para encontrar un trabajo y mantenerlo están sobrerrepresentadas en los empleos a tiempo parcial involuntarios y solicitan la gran mayoría de las excedencias por cuidado de hijos (90,9% en 2019)”.

A esta crisis demográfica autóctona hay que sumar también el descenso de la inmigración promovido por la pandemia, teniendo en cuenta que uno de cada cuatro nacimientos de 2019 era hijo de una mujer extranjera nacida en España así como la tendencia descendente en las adopciones internacionales que, desde 2004 (6.369) hasta 2018 (1.083), se han reducido un 83%.

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Las autoras del estudio consideran que “el escaso apoyo institucional a las responsabilidades de crianza y a la conciliación de la vida laboral, familiar y personal son también obstáculos importantes a la hora de materializar las aspiraciones reproductivas”. En 2015, España solo dedicaba el 1,36% del PIB al gasto público en prestaciones familiares, una cifra que en Francia ascendía entonces al 3,68%.

Entre las propuestas para salir de este hoyo con cuarenta años de óxido, las investigadoras consideran que la clave de la gestión de esta crisis aguda está en “la puesta en marcha de medidas que permitan a los individuos tener el número de hijos que desean y en el momento en que los deseen, y que faciliten la crianza y el reparto corresponsable de las responsabilidades asociadas”. En este sentido, creen que “la progresiva ampliación del permiso de paternidad y su igualación al permiso de maternidad prevista para este año en España es una medida en la buena dirección para establecer patrones de parentalidad compartida y promover la corresponsabilidad en los cuidados”.

En el capítulo de posibles soluciones, apuntan también que “según el informe de 2018 de Save the Children, los costes mínimos para poder criar a un niño o niña en condiciones dignas en España oscilan entre 480 euros y 590 euros al mes. Si tenemos en cuenta que el salario medio en España se sitúa alrededor de 1.400 euros y que muchas familias se ven, además, afectadas por el desempleo, tener un hijo a menudo aumenta la inseguridad económica y la vulnerabilidad social”.

El salario medio en España es de 1.400 euros al mes, y criar un hijo nos cuesta entre 480 y 590 euros. Ahora mismo, para muchos, tener descendencia es ponerse en riesgo de “vulnerabilidad social”

 

Viendo el contexto europeo, subrayan que los países de nuestro entorno “que han conseguido mantener un nivel de fecundidad próximo a los 2 hijos por mujer han desarrollado políticas sociales que facilitan la emancipación residencial y económica de los jóvenes, que redistribuyen los costes y responsabilidades de la crianza entre las familias y el Estado, y que favorecen eficazmente la conciliación”. Y por ahí debería incidir un Gobierno que repite constantemente su intención no dejar a nadie en el camino.

Con respecto a la incidencia de la pandemia, el informe plantea un escenario con “una reducción adicional de la fecundidad”, también porque “es posible que algunas parejas con un hijo se piensen más tener un segundo después de experimentar las dificultades de trabajar, educar y cuidar en el hogar” que hemos vivido durante el confinamiento.

De todas formas, enfatiza el agravamiento de esta esclerosis demográfica por “la crisis económica asociada a la pandemia. El previsible aumento del desempleo y de la precariedad laboral, así como el sentimiento de incertidumbre sobre el futuro influirán negativamente en las decisiones reproductivas”.

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Los datos de Fedea y uno de los libros del año

Entre las valoraciones de Feria -uno de los libros de 2020- en la página web de la editorial Círculo de Tiza, hay una que destaca porque reza: “Un libro que cambiará la Historia”. Puede ser. Desde luego es un libro que si se lee a la luz de este informe de Fedea cobra, todavía, una nueva dimensión. ¿Por qué? Porque en sus páginas se explican muchas cosas del mundo rural, se expone mucha savia nueva llena de sentido común, y, a la vez, es una generación de españoles hablando en voz alta a través de la pluma de su autora, Ana Iris Simón (1991), reivindicando la ilusión de vivir con dignidad y sin pretensiones en este magma de progreso que es, en realidad, una carrera de obstáculos, con el consentimiento del Estado.

Feria es un libro, pero en realidad es un parque de atracciones donde lo políticamente correcto salta por los aires con mucha naturalidad. Desde la óptica sincera de una votante de Podemos, se ponen en tela de juicio los juicios a granel y las corrientes asumidas en vertical por un buen conjunto de ciudadanos que viven peor que sus padres. 

En esta feria de talento literario con visión antropológica y social, Simón abre muchos melones que serían anatemas en las redes sociales y en los medios, pero que exigen un diálogo, porque tanto presunto progreso nos está llevando al huerto. Una de esas cuestiones cogidas por los cuernos es la maternidad. Dice la autora en una entrevista en El Independiente: “Si eres madre joven piensan que ha sido de penalti y que ¡madre mía, pobrecita, ha arruinado su juventud! O que está echando por tierra las oportunidades laborales que pudiera tener. Y es que es curiosísimo cómo hemos asumido todos esos imperativos del capitalismo de que prime la vida laboral, y luego ya la familia. ¿Qué clase de progreso es hipotecar tu vida por un trabajo?”.

En esta línea, en Cuarto Poder, Simón señala que “tampoco podemos negar que las condiciones materiales de mi generación y las venideras -ahora mismo tenemos el mayor índice de paro juvenil de Europa- han sido las que han sido, ni que hemos crecido en un periodo económico descendiente y eso nos hace tener en el horizonte un nubarrón negro en lugar de esa confianza en el progreso y la mejora en todos los sentidos que tenían las generaciones de nuestros padres. Creo que tiene que ver con el mito del emprendedor: nos dijeron “estudia en la universidad, vete un año fuera, aprende idiomas, no te cases, no tengas hijos joven porque eso es de pobres y de catetos y tienes que hacer muchas cosas antes, como básicamente trabajar, hipoteca tu vida por una beca en Nueva Zelanda y triunfarás y eso será el éxito.” Y al final resultó que no, que el éxito era otra cosa bien distinta”.

Ana Iris Simón: “Nos dijeron no tengas hijos joven porque eso es de pobres y de catetos, y triunfarás y eso será el éxito. Y al final resultó que no, que el éxito era otra cosa bien distinta”

 

En estas dos declaraciones hay dos pistas para entender el problema que denuncia Fedea y, sobre todo, buscar las soluciones. Porque no se trata de alertar, sino de curar por la puerta de Urgencias. En su libro hay muchas más ideas para entender quiénes somos y por qué estamos como estamos.

La crisis de natalidad que padece España desde hace 40 años no es un pronto moderno. Es un problema de Estado que anda botando entre los extremos políticos y germinando en tierra de nadie mientras la España vacía se extiende del interior a la costa, de norte a sur, sin posibilidad de rebobinar un presente atolondrado que proyecta un futuro sin niños y una sociedad sin el apoyo esencial de las familias. 

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