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Motor

La mirada crítica

Guerra a los diésel. En el punto de mira de la ministra Ribera

La clase política y los cargos públicos en general, como servidores públicos que son, deberían medir el alcance, las consecuencias de sus declaraciones. Sobre todo cuando afectan al bolsillo de los contribuyentes.

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, no ha actuado de forma responsable con su ya tristemente famoso comentario: “el diésel tiene los días contados”.

Cuando se hace cualquier tipo de comentario o declaraciones sobre un determinado tema debiera darse por hecho que quien las hace tiene un mínimo de información al respecto. En el caso de la ministra Ribera y su particular cruzada contra el diésel cuesta creer que se deba a mera desinformación. Lo que si se sabe es que la clase política tiene cierta tendencia a precipitarse, a la que debería poner coto los asesores. Quizá el epicentro de la cuestión se encuentre en estos personajes de los que suelen rodearse los altos cargos. Para acceder a este puesto es condición sine qua non gozar de la máxima confianza por parte de la persona a quien se va a asesorar, amén de los consiguientes conocimientos de la materia sobre la que se habrá de aconsejar. Porque hay amistades que resultan sumamente peligrosas por motivos bien distintos.

Pudiera darse la circunstancia que el asesor no esté lo suficientemente instruido, ocupando un goloso a la par que bien pagado puesto simple y llanamente por amistad; el tan típico como arraigado “amiguismo” español. Pero también pudiera suceder que poseyendo solventes conocimientos, un malentendido agradecimiento, el apego a un sustancioso sueldo y, sobre todo, el miedo a contradecir al jefe, del que pudiera derivarse la pérdida del empleo, anulen totalmente su labor. La humildad es una virtud muy poco conocida por una gran parte de nuestros políticos. No sé qué tipo de asesores tendrá la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, si es que se ha dejado asesorar, para asegurar: “el diésel tiene los días contados”

De un tiempo a esta parte los coches diésel no caen bien. Son sucios, muy contaminantes para algunos. Sin reparar en que nada tiene que ver un motor diésel de hace un par de lustros con uno actual que cumple con la norma Euro 6. Un propulsor diésel moderno contamina prácticamente lo mismo que uno de gasolina. El problema real radica en que la edad media del parque automovilístico español es superior a 12 años. Con estos argumentos, las palabras de la ministra Ribera no tienen mucho fundamento. Si es plausible que los líderes políticos y clase dirigente  se preocupen por la calidad del aire que respiramos, algo íntimamente ligado con la salud, es necesario recabar información antes de lanzar un inadecuado dardo. Porque pudiera dar en el blanco.

Existe un grave problema de fondo que es una clase política poco responsable. Sus palabras, acciones u omisiones afectan tanto a la vida de los ciudadanos como a sus recursos económicos. La ministra Ribera ha puesto a los automóviles diésel en su punto de mira, y ha disparado. Del mismo modo que toda acción tiene una reacción, los efectos de sus declaraciones se han dejado notar de inmediato. A muchos usuarios que acababan de adquirir un vehículo diésel les ha generado incertidumbre y desasosiego. Incertidumbre porque no saben si más pronto que tarde, el coche recién comprado podrá circular por las grandes ciudades,  y desasosiego porque como bien de consumo duradero temen que su valor como vehículo de ocasión (VO) disminuya drásticamente de un día para otro.

Importante es también, el daño causado a la industria del automóvil y a los concesionarios. España es un país productor de automóviles, en concreto el octavo fabricante mundial de vehículos en 2017, y produce más de 1 millón de unidades diésel al año. Declaraciones como estas podrían hacer peligrar futuras inversiones en las distintas factorías distribuidas por toda la geografía española. En los concesionarios están que trinan, en una mezcla a partes iguales entre indignación y preocupación debido al importante volumen de coches diésel que tienen que dar salida. Pero frente a algo que pudiera ocurrir la realidad se muestra contundente, el sector del automóvil genera más del 10% del PIB en España y da empleo a más de 2 millones de personas (el 9% de la población activa).  Estas cifras deberían invitar a una profunda reflexión antes de lanzar las campanas al vuelo, pero no con júbilo sino para anunciar la muerte del diésel.

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