Seguridad

Este es el curso para reeducar a violadores que recibió el asesino de Laura Luelmo

Participó de forma voluntaria durante casi dos años, con sesiones semanales y terapia de grupo. Incluye consejos para escapar de situaciones que puedan acabar en agresión sexual

Bernardo Montoya.
photo_cameraBernardo Montoya.

El crimen de Laura Luelmo ha vuelto a reabrir el debate social sobre la Prisión Permanente Revisable (PPR). Una medida punitiva que apoya abiertamente el PP y Ciudadanos, mientras que Podemos pide derogar. El PSOE se muestra ambiguo al respecto.

Desde Podemos muestran su rechazo a la PPR y se reivindica estos días la falta de formación y educación adecuada para acabar con este tipo de crímenes de índole sexual contra las mujeres. “Lo que hubiese evitado otro asesinato es haber hecho prevención, educar de otra manera a los hombres”. Así sintetizaba la diputada de Podemos Ángela Rodríguez la solución por la que abogan en su partido para estos casos de violencia contra mujeres.

Según ha podido constatar Confidencial Digital, el autor de la violación y asesinato de Laura Luelmo recibió, durante dos años, formación específica en materia de género y libertad sexual.

Lo hizo en la cárcel, mientras cumplía condena por el intento de agresión sexual en 2008 a una joven de 27 años, que no pudo consumar gracias a la defensa de su perro, al que hirió gravemente con un cuchillo de cocina.

Cursos para reinsertar a violadores

Este tipo de ciclos, denominados técnicamente Programas Específicos de Intervención, se empezaron a impartir en el año 1998 en algunas cárceles de España. Comenzó como un programa piloto, pero en 2005 se actualizaron los procedimientos y se publicó un manual con el título “El control de la agresión sexual, con el que empezaron a trabajar de forma uniforme los técnicos y psicólogos de Instituciones Penitenciarias.

Cada año participan en este tipo de cursos cerca de medio millar de internos en toda España. Todos ellos condenados por delitos contra la libertad sexual, incluidos aquellos que hayan cometido delitos contra la infancia.

Los cursos, voluntarios y de unos dos años de duración, tienen tres objetivos: aumentar las probabilidades de no reincidencia, analizar las actividades delictivas de los convictos y mejorar sus capacidades de relación personal.

Conjuntamente con estos cursos, los equipos de psicólogos que trabajan en Prisiones llevan a cabo lo que denominan un Programa Individualizado de Tratamiento (PIT), en el que se analiza la problemática de cada preso y se evalúa los avances que pueda estar experimentando.

Lo que se enseña en esos cursos

En estas sesiones, que suelen desarrollarse una vez por semana y en formato grupal, el conductor introduce una serie de conceptos para que los presos los analicen, debatan y concluyan.

ECD ha tenido acceso al manual que utilizan los terapeutas de estas sesiones. Se trata de un documento de unas 500 páginas con explicaciones teóricas y prácticas de los condicionantes psicológicos que llevaron al agresor a cometer una violación.

También trata los factores y situaciones de riesgo que pueden encontrarse una vez que salgan de la cárcel. Y cómo deben de reaccionar ante ellas.

Las sesiones del curso se dividen en diversos bloques: el entrenamiento de relajación mental, la prevención de la recaída, el propio proceso de recaída y las ‘decisiones aparentemente irrelevantes’.

Se habla específicamente de los agresores de mujeres adultas, de las denominadas “respuestas de enfrentamiento adaptadas”, del efecto de la violación de la abstinencia, la matriz de decisión, el análisis de la historia personal y la introducción a distorsiones cognitivas.

A su vez, se abordan cuestiones más generales como la conciencia emocional, las emociones personales, las características e identificación de las emociones, los comportamientos violentos, los mecanismos de defensa, la negación y la aceptación, la empatía ante la víctima, el informe de responsabilidad, el deseo sexual, el control y la modificación del impulso sexual, la educación sexual y aspectos biológicos de la sexualidad.

“Una mujer haciendo autostop”

A los internos se les explica, por ejemplo, cómo deben intentar controlarse en caso de que vayan circulando con su coche y vean a una mujer haciendo autostop junto a la carretera.

Ante una situación así, les enseñan a mostrar una ‘respuesta de enfrentamiento adaptada’. En caso de no hacerlo y fantaseen con cometer una abuso sexual, estarían cometiendo lo que los psicólogos llaman una ‘violación de la abstinencia’.

Esta situación mal llevada les provocaría autodesprecio, incrementando considerablemente la probabilidad de una recaída (y de cometer una nueva agresión sexual).

Hojas de ejercicios

En esas sesiones, el terapeuta utiliza diverso material de apoyo que complementa los contenidos del manual. A los presos se les muestran diapositivas y se les entregan hojas-resumen y cuestionarios de ejercicios para que refuercen lo que han aprendido en cada clase.

Uno de los aspectos en los que más se incide en estos cursos es en la creación de un vínculo empático con la víctima, mediante el contacto con su entorno más cercano y el reconocimiento del sufrimiento causado por sus actos. Para ello se les enseñan documentales con testimonios de víctimas de violación y las dificultades que encuentran para rehacer sus vidas.

También se señala que cuando el agresor está en libertad y tiene una fantasía sexual “ya se ha iniciado el ciclo de abuso”. Para evitar este tipo de impulsos, los terapeutas animan a los presos a firmar un ‘contrato’ en el que se comprometen a actuar de forma adecuada ante un ‘fallo’, una situación que le acerca a la reincidencia.

El ‘contrato’

Los ‘contratos’ se les proponen a los presos para el momento en el que se encuentran ante una situación de riesgo como, por ejemplo, querer comprar pornografía. Un ejemplo:

“Me llamo Antonio García García. Uno de mis fallos es ‘comprar pornografía’ y para evitarlo me comprometo a hacer lo siguiente:

1) Cuando note el impulso de comprar pornografía, esperaré 10 minutos en algún lugar seguro sin moverme para nada de allí. Durante estos 10 minutos, sólo pensaré en las razones por las que estoy sintiendo este impulso e intentare contenerlo sin moverme de donde estoy. Admitiré que este impulso se debilitará con el paso del tiempo, cuanto menos piense en él.

2) Si al final de los 10 minutos decido dejar el lugar donde estoy para ir a comprar pornografía, aceptaré que estoy tomando una decisión deliberada, voluntaria e intencionada, y que no es algo que me ocurra de forma impulsiva.

3) Si voy a comprar pornografía, esperaré en la puerta antes de entrar durante 10 minutos. En este tiempo, volveré a pensar sobre las razones de por qué estoy experimentando este impulso y el modo en que podría enfrentarme a él sin abusar de nadie. Si decido entrar a la tienda, aceptaré que es otra decisión que he tomado de forma deliberada, voluntaria e intencionada.

4) Si entro en la tienda, sólo podré comprar una revista, e inmediatamente regresaré a mi casa corriendo.

5) En mi próximo encuentro con mi terapeuta (o familiar de apoyo) le entregaré la revista comprada. Le contaré lo ocurrido, y le describiré la intensidad de la ansiedad que he experimentado antes del fallo. Me comprometeré a enfrentarme más efectivamente en el futuro ante este tipo de precursores. Le entregaré a mi terapeuta (o familiar de apoyo) el dinero equivalente al precio de compra de la revista pornográfica. Este dinero será donado a la Asociación de Mujeres Violadas.

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