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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Sánchez, con el agua al cuello

Yolanda Díaz y Pedro Sánchez.
photo_camera Yolanda Díaz saluda efusivamente a Pedro Sánchez en el acto de Moncloa donde presumió de "equipazo" en su Gobierno

Pasado mañana, miércoles, 1 de junio, Pedro Sánchez cumplirá cuatro años como presidente del Gobierno. Ese día de 2018 se publicó el real decreto de nombramiento, y al día siguiente tomó posesión, en La Zarzuela.

Sánchez llegó al poder tras sacar adelante la moción de censura contra Mariano Rajoy, aprobada con 180 votos a favor, 169 en contra y 1 abstención.

Dicen las crónicas que el presidente cumple cuatro años en La Moncloa “en el momento más difícil de su mandato”, debido a la deteriorada relación con sus socios de Gobierno y parlamentarios, a la vez que las encuestas siguen restándole apoyo electoral. La última del CIS refleja que el bloque de PP y Vox suma el 45,3% de intención de voto, frente al 39,9% de socialistas y Podemos.

Lo están repitiendo analistas y columnistas: el tiempo de Sánchez se acaba. Eso dicen. Su barco hace agua por numerosas vías, y a él el agua le llega al cuello.

Y le va a ser difícil remontar, porque personalmente se ha desacreditado por los incumplimientos y mentiras acumuladas en estos cuatro años. Hay un tertuliano de una gran cadena de radio que llama al presidente del Gobierno “Pedro Sánchez el mentiroso”.

Antes de llegar a La Moncloa, prometió limitar el uso del decreto-ley, tras acusar a Mariano Rajoy de abusar de ese recurso. A los dos meses de mandato ya había superado a su antecesor en número de decretos-ley aprobados. Y desde entonces no ha parado. Se ha perdido la cuenta. Hasta para exhumar a Franco del Valle de los Caídos recurrió a un decreto-ley.

Prometió también una RTVE “independiente”. “No será ni de Rajoy ni de Iglesias; será de nosotros, los españoles y españolas”, dijo. Sin embargo, ha pactado con el PP repartirse a pachas el Consejo de Administración.

Apostó por un nuevo modelo laboral en el que “prime la meritocracia y no el enchufismo”, y a los pocos meses de llegar a La Moncloa había colocado a 15 de sus amigos en empresas públicas. Y ha continuado repartiendo prebendas. Aparte del fichaje de su esposa, Begoña Gómez, por el Instituto de Empresa y de su nombramiento para codirigir una cátedra en la Complutense sin ser catedrática.

No habrá pactos con Bildu, aseguró. “Con Bildu no vamos a pactar. Se lo repito. Con Bildu no vamos a pactar. Si quieres lo digo 5 veces o 20 durante la entrevista: con Bildu no vamos a pactar”. Y ha pactado.

 

Lo mismo hizo respecto a Podemos, insistiendo en su ‘no es no’ al pacto: “El PSOE nunca va a pactar con el populismo porque el final del populismo es la pobreza de Chávez, las cartillas de racionamiento y la falta de democracia”. Y no solo ha pactado, sino que lo ha metido de hoz y coz en el Gobierno de España, y hasta en el organismo que gestiona la información reservada del Estado.

Prometió el 4 de noviembre de 2019, durante un debate, que iba a reformar el Código Penal para prohibir los referéndums ilegales y evitar que se volviera a producir otro referéndum como el del 1 de octubre de 2017 en Cataluña. Incumplido.

Prometió “construir concordia desde la educación”, pero acaba de imponer la LOMLOE, ese trágala que ha dado lugar  a un “Manifiesto en defensa de la enseñanza como bien público (contra la LOMLOE y las leyes que la preceden)” firmado por intelectuales y docentes como Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Marías y Arcadi Espada.

Son solo unos apuntes. A los que se suma que en septiembre prometió que a finales de 2021 los españoles habrían pagado de luz lo mismo que en 2018, algo que no ha ocurrido. Y los consumidores lo saben.

Hay un dicho popular que afirma “Prometer hasta meter y una vez metido, nada de lo prometido”. Muy aplicable a las promesas de Pedro Sánchez.

¿Es consciente el presidente del Gobierno de su situación? Si lo es, lo disimula estupendamente. Los socios de Podemos acaban de votar en el Congreso contra del Gobierno del que forman parte, y va Pedro Sánchez y, el viernes, a las pocas horas de esa ruptura, presume de "equipazo" en su Gobierno.

Aparte del desmarque en la votación del Congreso, lo de “equipo” no queda muy claro después de ver tantas pugnas internas. Y no sabemos ni la mitad. Por ejemplo, las luchas a propósito de la crisis de las escuchas y de las decisiones que han afectado al CNI. Félix Bolaños y Margarita Robles, dos de los ministros/as más poderosos, andan a la greña, debido a de que el primero quiere hacerse con el CNI.

No solamente la quiebra en el Gobierno es cada día más evidente sino que también hace aguas la coalición parlamentaria que lo sostiene. Esquerra multiplica las votaciones en contra, y lo acaba de hacer con la Ley Audiovisual, acompañado de Bildu.

El viernes, Sánchez repitió innumerables veces la frase "Gobierno de coalición progresista". Desde luego, lo de coalición no está nada claro. Es más, el propio presidente advirtió a Podemos de que aprobará más leyes sin ellos para acabar la legislatura. No se puede ser más claro.

El Gobierno hace agua y Sánchez está literalmente con el agua al cuello. Lo que no quita para que logre aguantar hasta el final de la legislatura, que lo tiene al alcance de la mano. Otra cosa es qué resultado consiga en las generales y cuánto de caro lo pagará su partido, el PSOE, que ya acabó laminado tras las etapas de Felipe González y Zapatero.

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