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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Sánchez debe dar los nombres de los “poderes ocultos”

photo_camera Pedro Sánchez, en un acto del PSOE

El presidente del Gobierno lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a culpar a “los poderosos” de un fracaso suyo. Ahora, de la ruptura de las negociaciones con el Partido Popular para la renovación del Consejo del Poder Judicial. Lo dijo en el mitin de Sevilla que conmemoraba los 40 años de la victoria del PSOE en las elecciones de 1982.

Allí afirmó que el PSOE es “un proyecto autónomo”, no sometido a los intereses de los poderosos, en contraste con lo que le ocurre a la oposición: denunció las presiones a Alberto Núñez Feijóo, al que acusó de estar atrapado por esos grupos poderosos.

Lleva tiempo el presidente, desde antes del verano, achacando a “la derecha económica y mediática”, a “los poderosos” y a los “poderes ocultos”, una conspiración para derribarle. Y afirmando que, como instrumento, utilizan, al primer partido de la oposición. “Las grandes empresas llevan de la mano al PP”, ha sentenciado en más de una ocasión.

Sánchez señala a las empresas energéticas (yo pregunto, ¿todas?) y a "una minoría de poderosos", como los poderes "oscuros" para los que el Gobierno resulta un estorbo. En la Cadena SER, reiteró que su Gobierno es muy incómodo para algunos poderes "ocultos", a los que acusa que querer derribarle.

Y para lograrlo, dice, cuentan también con la complicidad de determinados medios informativos, sobre los que siembra la sospecha. En una entrevista en El País, volvió a denunciar la existencia de "terminales" mediáticas, políticas y económicas "con intereses oscuros", empeñadas en acabar con su Gobierno.

Incluso ha llegado a describir cómo son esos enemigos sin identificar: “Señores que fuman puros y controlan poderosas terminales económicas y mediáticas”.

Sin embargo, la mayor parte de los problemas que sufre como presidente se los ha creado él mismo, con sus políticas, con sus alianzas, con sus gestos y concesiones, que son multitud. Con sus incapacidades. Y con sus declaraciones.

Por citar un caso reciente, los empresarios boicotearon su viaje a África, rebajando el nivel de los acompañantes. Así lo hicieron los presidentes de CEOE y de la Cámara de Comercio, enviando a personajes de la segunda fila. No por conspiraciones, sino, simplemente para protestar por la campaña del Gobierno contra ellos, contra los empresarios, o sea, los así llamados “poderosos.”

Opino que el presidente del Gobierno hace un pésimo favor a nuestro país, a nuestra democracia, sembrando sospechas de complots secretos, y afirmando que tales instancias ocultas son capaces de cambiar el Gobierno. Lanza, con ello, un mensaje de debilidad institucional muy peligroso, también para la imagen de España fuera de nuestras fronteras.

 

Si existen, si tienen el poder de dar la vuelta a la situación política, tendría que mostrar el coraje de citarlos con nombres y apellidos, para conocimiento y rechazo por parte de todos, y a continuación presentar una denuncia por conspiración contra la democracia y contra el sistema constitucional.

Es muy cómodo, además de falaz, culpar a esos ‘conspiradores en la sombra’ de los fracasos propios, de los errores cometidos, de la falta de acierto en su política, y, como resultado, del clima de rechazo por parte de la población, reflejado en las encuestas que daban perdedor al PSOE en las próxima elecciones.

Y resulta un desvarío hablar de “terminales mediáticas” participantes de la conspiración.

Por lo visto, todos los que le critican, los que le llevan la contraria, los que cuentan cosas que a él no le gustan, los que hablan de dificultades internas en el Gobierno, de problemas con los socios de Podemos, del alza de la inflación, de frenazo en el IPC y del anunciado estancamiento, de sospechas sobre cómo se está repartiendo el dinero de Europa, de divisiones en su partido, de resistencia de los barones regionales a recibirle durante la campaña, de sus planes personales de futuro para desembarcar un día en Europa... todos esos están compinchados, son parte de los “poderes ocultos”, de esos “poderosos” que quieren derribar el Gobierno y que, según él, gobiernan España en la sombra.

Menos mal que el PSOE no está sometido a nadie. No está sometido a Unidas-Podemos, que forma parte del Gobierno de coalición y le ha impuesto, lo último, el indigesto trágala de una ley trans infumable, que será echada abajo por el Tribunal Constitucional.

No está sometido a Esquerra, a los que tiene que regalar indultos y, sobre todo, una reforma del delito de sedición, que es lo que aparece detrás de la ruptura del nonnato pacto para la renovación del CGPJ.

No está sometido al PNV, que ha conseguido el retorno al País Vasco de los etarras más prestigiados, y, sin hablar del dinero, hasta le ha sacado unas selecciones nacionales deportivas vascas.

No está sometido a Bildu, que poco a poco va a lograr la excarcelación de aquellos doscientos presos etarras, a cambio de los cual anunció Otegi que estaban dispuestos a votar los Presupuestos del Estado que sea preciso.

No está sometido a Venezuela ni a Marruecos.

No está sometido al Grupo Prisa, a cuyos medios, diario El País, Cadena SER, obsequia con entrevistas y declaraciones que niega al resto de periódicos y radios.

No está sometido a sus propias ambiciones personales, ni a las aspiraciones de su entorno matrimonial.

Todos estos no son “poderosos” ni, desde luego, “poderes ocultos”.

editor@elconfidencialdigital.com

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