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Política

El jefe del servicio secreto militar dimitió hace mes y medio pero Defensa lo oculta como parte de la “remodelación de la cúpula del Ejército”

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El cese del general Martínez Valero como jefe del servicio secreto militar, anunciado el viernes por la Cadena SER, ha sido presentado por dicha cadena y después por el ministerio de Defensa como un paso en el proceso de renovación de la cúpula militar. La realidad es que el jefe del CIFAS (Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas) dimitió hace mes y medio.

En efecto, fuentes militares a las que ha tenido acceso El Confidencial Digital confirmaron que el general planteó hace mes y medio, por el conducto reglamentario, su dimisión, algo que ya era conocido en la cúpula del departamento desde hace tiempo, pero que, sin embargo, ahora ha ocultado como parte de “la renovación de la cúpula militar que inició el pasado mes de julio la ministra Chacón”.

Otros medios, que no disponían de esta información, aseguraban este fin de semana que el cambio “ha podido verse precipitado” por la voluntad del nuevo jefe de Estado Mayor, el general José Julio Rodríguez, de contar cuanto antes con un equipo de su absoluta confianza.

Las fuentes consultadas por ECD añaden que la decisión de Martínez Valero se ha debido a “discrepancias” con la política actual que se lleva a cabo en el ministerio que dirige Carme Chacón.

El general de brigada Valentín Martínez Valero es el creador e impulsor del CIFAS, puesto que ha sido su primer jefe, a raíz de que fuera creado, en el año 2005. Ha permanecido en el cargo con los ministros José Bono y José Antonio Alonso.

Con dependencia directa del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el Centro facilita al ministro la inteligencia militar precisa para alertar sobre situaciones con riesgo potencial de crisis procedentes del exterior, y presta apoyo, en su ámbito, a las operaciones. Además, proporciona a los jefes de Estado Mayor de los Ejércitos la inteligencia necesaria para la preparación de la Fuerza y para las misiones permanentes que tengan asignadas en tiempo de paz.

El CIFAS se dedica a detectar los riesgos potenciales para los ejércitos en distintos escenarios, gestiona la información de los satélites españoles de observación y de los sistemas de guerra electrónica de las Fuerzas Armadas, maneja la información de carácter estratégico y la procedente de los agregados militares y de sus agentes desplegados con las tropas en el exterior. De él depende la gestión del sistema de satélites espía Helios y del Programa Santiago de captación de señales electrónicas mediante sensores fijos y móviles.

Se formó a partir de la antigua división de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa, y sus cerca de 80 efectivos entonces aumentaron hasta unos 200. Forma parte de la “comunidad de inteligencia” y, en materia militar, tiene carácter complementario del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), del cual recibe directrices a efectos de coordinación y cooperación.

Inicialmente, estableció su base en las antiguas instalaciones de la Escuela Politécnica del Ejército, y actualmente tiene sede propia en el antiguo Alto Estado Mayor, en la calle Vitruvio. El Estado Mayor de la Defensa estaba estudiando la posibilidad de construir una nueva sede.

El general de brigada Valentín Martínez Valero era jefe del Mando de Artillería Antiaérea (Fuencarral, Madrid) cuando, hace tres años, fue nombrado máximo responsable del CIFAS. Ingresó en la Academia Militar de Zaragoza en el año 1966. Tiene amplia experiencia en inteligencia militar: estuvo destinado en la División de Inteligencia de Estado Mayor del Ejército durante más de seis años, y ha realizado los cursos de Estado mayor, de geodesia militar y de inteligencia de la OTAN.

La creación del CIFAS fue una de las novedades de la nueva estructura del Estado Mayor de la Defensa puesta en funcionamiento por José Bono. Y ha sido una importante, y en ocasiones decisiva, fuente información del extranjero. En misiones como la de Afganistán, la información recabada por el centro está resultando vital para la seguridad del contingente español.

Recientemente se habían producido algunas ‘filtraciones’ que afectaban a informes preparados por el Centro, en ambos casos a través de la cadena SER. El primero de octubre, difundió un documento confidencial, aunque fechado en agosto de 2005, según el cual los servicios secretos de Pakistán habían proporcionando a la insurgencia armamento, información y apoyo técnico para perpetrar sus atentados en Afganistán.

Según el texto revelado, “los talibanes con apoyo de Al Qaeda y el ISID (Inter-Services Intelligence Directorate) pakistaní, han recibido explosivos para ser activados por control remoto (RCIEDS). El Plan es que los Talibanes empleen estos dispositivos para asesinar colocándolos en vehículos (...) aunque no se ha especificado que tipo de objetivo será”.

Cinco días después, se filtraba que los servicios secretos españoles acusan a Irán de proteger y armar a terroristas islámicos. Los informes achacaban además al gobierno iraní el haber comprado misiles para distribuirlos entre grupos terroristas islamistas, y a Ahmadineyad de dar refugió en 2005 al terrorista que reivindicó la matanza de diez soldados franceses en Afganistán.

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