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Estados Unidos 1-1 Gales: Bale destroza el gran sueño americano

El galés marca el primer gol de Gales en un Mundial desde 1958. El tanto, de penalti, le sirve a su selección para sacar un punto ante una EE UU superior.

Se le podrá cuestionar su profesionalidad, su falta de entusiasmo y la facilidad que tiene para borrarse cuando cree la cosa no va con él, pero hay algo en Bale que es una verdad absoluta: es un jugador de grandes momentos.

Ya sea en una final de Champions, en una Eurocopa o, ahora, en un Mundial.

Cuando el escenario es lo suficientemente grande, el galés tiene una facilidad pasmosa para pedir el foco y ser el protagonista. Sobre todo cuando lleva puesta la camiseta de Gales. La selección británica, que volvía a un Mundial después de 64 años, logró sacar un empate ante un rival, Estados Unidos, que fue bastante superior, pero al que le faltó contundencia. El tanto del empate, como no podía ser de otra forma, fue de Bale.

Gales es una selección de tradiciones. Como ya hicieran en la EURO 2016, sus jugadores volvieron a posar en la foto incial en formación extravagante, con ocho futbolistas sentados y tres de pie. Con ese hábito previo al partido alcanzaron las semifinales de la Eurocopa hace seis años. Pura superstición.

Cualquier ayuda es poca, pensarán. Quizá ese ritual convocó los suficientes poderes esotéricos para evitar que Estados Unidos se adelantara demasiado pronto. Fue un milagro que un despeje de Davies tras un centro-chut de Weah rebotara en un Hennessey mal colocado en lugar de colarse en la portería y que en la jugada inmediata Sargent rematará al lateral de la red con todo a favor.

Es difícil salir tan airoso cuando hay fuego amigo y enemigo en el mismo tiroteo.

La suerte acompañó a Gales en aquella jugada, pero el dominio estadounidense era abrumador. Tampoco es que al conjunto británico le importara demasiado.

Robert Page nunca ha sido de la escuela de Guardiola y su equipo y la posesión del balón son como el agua y el aceite. Lo importante en Gales es minimizar los errores y esperar que Bale cace alguna. No es el mejor plan para afrontar un Mundial. Como era de esperar, hizo aguas. Estados Unidos fue paciente, combinó y combinó, y el talento de sus jóvenes estrellas hizo el resto. 

En una jugada vertiginosa, Pulisic, el corazón de este US Team, codujo la pelota con velocidad y buscó a Tim Weah, hijo de George, a la espalda de la defensa para que el delantero batiera a un toque a Hennessey por raso.

Gales apenas cambió el plan a pesar del gol. Page introdujo tras el descanso a Moore, un delantero tanque de dos metros que entró por James, el galés más habilidoso. La idea era la misma, pero cambiaba el medio: en lugar de buscar a Bale por tierra había que hacerle llegar el balón por aire.

La presencia de Moore intimidó a unos EE UU que dio un pequeño paso atrás, conscientes de que necesitaban ayudarse unos a otros para contrarrestar al gigante galés.

Pero a pesar del cambio, el equipo británico solo era capaz de asustar al norteamericano a balón parado. Pasados los 20 minutos del segundo tiempo, parecía que EE UU había aguantado el chaparrón y volvía controlar el partido, pero en una jugada aislada en el 81′ Bale volvió a demostrar que es un jugador de grandes citas. 

El exmadridista controló el balón en el área y fue arrollado por Zimmerman, que cometió penalti. El mismo Bale se encargó de transformarlo. No iba a dejar que ningún otro marcara el primer gol de Gales en un Mundial en 64 años. Y pudieron ser dos si en la última jugada del partido Acosta no lo hubiera derribado cuando se disponía a lanzar a 40 metros de una portería que Turner había dejado completamente abandonada.

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