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ÁNGEL MARTÍN comunica y hace cosas, generalmente con impacto. Su libro ‘Por si las voces vuelven’ va por la décima edición y salió a la calle en noviembre. En negro sobre blanco, con una sonrisa pacífica de fondo, cuenta su brote de locura y la ‘locura’ de rehacerse sin mirarse nunca más en su personaje.

Ángel Martín: “Expresar nuestra vulnerabilidad en voz alta es como quitar un tapón del estómago”

Ángel Martín. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_camera Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Diez ediciones sin psicofonías del más allá. Muy acá, Ángel Martín abre su historia clínica mental al vulgo en Por si las voces vuelven. Diez ediciones en tres meses. Las pastillas y los consejos de Psiquiatría ahora tienen, además, un libro de compañía. El Ángel caído ha caído y vuela alto. El hombre orquesta del entretenimiento da un concierto de fortaleza con la música de su debilidad. El drama en mitad de la comedia se ha convertido en espejo. De Sé lo que hicisteis a No sé qué me pasa, pero me lanzo al reset. Presentador con gancho. Humorista con retranca. El guionista de Siete vidas anda en busca de una propia que merezca la pena y la comenta en estas páginas-trampolín. De Dar cera a pulir alma. En su viaje hacia volver a empezar hace parada y fonda en saber escuchar. El reportero más vertiginoso del momento tiene prisa por no perder ni un instante. De la oscuridad ha salido un brote. Del arrebato psicótico ha salido otra estrella. La luz que sale del armario ilumina de esperanza más historias negras.  

Fin de la cuesta de enero. Madrid. “Ya están los almendros en flor” es trending topic. En los bajos de Planeta luce el sol. Ángel Martín en cuello vuelto exhibe, sin filtros, su historia y sus aprendizajes de antes, durante y después de Por si las voces vuelven: el libro más vendido en todas las categorías de Amazon.

La historia de este paciente, que va por la décima edición, y los consejos de una psiquiatra -Marian Rojas- comparten este biblio-podio nacional, que no deja de ser una radiografía interesante de los juegos olímpicos mentales que atraviesa la España que vivimos como podemos.  

Martín bate alas nuevas, pero mantiene ese parecido casual con el Bill Murray de los noventa. Él también ha cazado a sus fantasmas después de un Lost in Traslation interior del tamaño de un hospital general.

El presentador, humorista, monologuista, guionista, actor, músico, streamer, escritor, corredor de los cien metros de informativos lisos, hijo, pareja, ciudadano y paciente lleva unos cuantos años reconstruyendo las arterias de su vida para evitarse más infartos mentales. Porque hace unos años se rompió por dentro. Drogas. Alcohol. Vacíos. Precipicios. Un ala de Psiquiatría. Batas blancas. Mente en negro. Una montaña rusa. Rápel inverso a brazos para salir del pozo de los pozos. Un libro de botiquín. De cien a cero. De cero al cielo.

Mano fría. Café caliente. Mirada de frente. Escuchamos.

¿Podrías haber sido Verónica Forqué?

No. No lo creo. Si la pregunta es si alguna vez me planteé suicidarme, la respuesta es ¡no!

Háblame de las voces que te llegan de los lectores. Qué te dicen.

Lo que me dicen me está sirviendo para descubrir que lo que me ha pasado a mí le sucede a un 90% de la población. Probablemente, unos no acabarán ingresados como yo, mientras otros terminarán ingresados varias veces. Si fuéramos conscientes de la cantidad de gente que está mal porque tiene problemas, daría mucho menos apuro decir en voz alta: “¡Necesito que me echen una mano!”.

 

“Si fuéramos conscientes de la cantidad de gente que está mal porque tiene problemas, daría mucho menos apuro decir en voz alta: ¡Necesito que me echen una mano!”

¿En qué fase de tu reconstrucción personal estás?

Esto va a ser un proceso eterno. Me encantaría que existiera una barrita de porcentajes de llenado, pero no… Esta reconstrucción es un cambio de actitud ante la vida con el que me he propuesto no dar nunca más ningún paso por inercia.

¿Te ayuda a crecer volver al ruedo de los medios?

No he vuelto al ruedo de los medios. Simplemente, promociono un libro que está funcionando bien, pero desde marzo de 2020 no he hecho nada con la intención de volver a la tele. Llevo muchos años tratando de entender el mundo digital y mi crecimiento profesional está ahí.

Estás en un proceso personal que, además, estás contando a la opinión pública. ¿Esos dos enfoques encuentran sinergias?

Sí, porque no son contradictorios. Nada de lo que ha sucedido con este libro ha surgido sin pretenderlo. Todo habría sido diferente si hubiera intentando volver a empezar ocultando el asunto y alguien lo descubre y lo cuenta, y me ponen sobre la mesa sin mi consentimiento. Eso habría sido un accidente que me habría afectado, claro.

¿Qué tiene de tóxico el mundo de las teles y las famas?

Quien se mueve en el mundo de la televisión debe entender cuanto antes que no es él quien da la cara. Que actúa y habla en boca de otros. Los medios, en general, se nos presentan como escenarios de libertad donde uno hace lo que sabe y lo que quiere, pero esa supuesta libertad personal la acaban condicionando las líneas editoriales, los resultados y las audiencias. Lo tóxico es hacer lo que otros quieren. Yo he tenido suerte. Para mí la televisión nunca ha sido tóxica, porque siempre me he largado cuando veía que ya no era yo mismo, que aquello no era lo que me habían contado, que se había perdido el espíritu original de una propuesta. He tenido fácil mandar a tomar por culo los proyectos viciados. Lo más peligroso de trabajar en la televisión es pasarse la vida camuflando nuestra personalidad detrás de los intereses ajenos. La fama no es esencialmente tóxica. Depende mucho de la digestión personal de cada cual. Personalmente, como me dedico al entretenimiento, al humor y a la comunicación, es muy difícil que mi fama sea malrollera. Nunca he tenido problemas con eso.

“Lo más peligroso de trabajar en la tele es pasarse la vida camuflando nuestra personalidad detrás de intereses ajenos”

¿Por qué una buena parte de los camerinos del entretenimiento, la comedia y el humor están salpicados de tristeza interior?

Un trabajo que requiere especial exposición al público te obliga a ponerte caretas más grandes. En el entretenimiento sucede que, si te encuentras mal, te jodes. Sales como estés, diviertes a los otros y fin de la historia. En este ámbito, lo que sucede a veces es que el personaje se come a la persona, y entonces dejas de saber cómo estás de verdad entrando en una espiral de camuflaje permanente de la realidad que estás viviendo. Seguramente, como tu entorno te dice que todo es guay, te engañas y no te paras con honestidad. La oscuridad aparece cuando vives sin saber si estás donde quieres estar y si eres quien quieres ser.

¿Qué el personaje se coma a la persona es una manera de vivir una doble vida?

No es una doble vida de mentiras intencionadas, pero sí es una doble vida, porque andamos por la superficie, pero por dentro estamos mal, y porque se confunde lo que se supone que deberías sentir con lo que de verdad estás sintiendo.

Hablas de los efectos de las drogas y el alcohol en tu pifostio mental. ¿Qué otros problemas desquician y no queremos darnos cuenta?

En realidad, no hay mucha variedad de problemas en nuestras vidas. Si nos paramos en seco buscando la esencia de nuestros males, veremos que casi todos se resumirán en dos: que no estás con quien quieres estar o que no estás donde quieres estar. Es muy sencillo saber lo que nos pasa. Basta con hacernos las preguntas oportunas. ¿Queremos de verdad a nuestra pareja? ¿Preferirías estar con otra persona? ¿Te gusta tu trabajo? No digo que responderse con honestidad sea fácil, pero las respuestas sinceras nos ayudarán a ser más felices.

“Si nos paramos en seco buscando la esencia de todos nuestros males, veremos que casi todos se resumirán en dos: que no estás con quien quieres estar o que no estás donde quieres estar”

Ángel Martín. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Tú tienes personalidad. Otros, quizá, se habría derrumbado y habría permanecido siempre en lo más profundo del armario. ¿Cuál fue el detonante que te llevó a afrontar esta crisis personal de salud mental, reconocerla e incluso hacerla pública con entereza?

Pensar que era la única posibilidad de remontar. Cuando me surgió la ocasión de escribir este libro, me di cuenta de que podía ofrecer una herramienta que yo no había encontrado cuando lo necesité. Al salir del hospital me encontré en el pozo más profundo que hayas imaginado jamás. En ese momento, me puse a buscar ventanas para salir de esas profundidades cuanto antes. Me interesé por conocer casos similares, leí, indagué en las pistas que a otros les debían haber servido para escapar del laberinto, y no encontré nada especialmente útil.

Di con muchos libros que describían, con terminología médica, lo que le había pasado a mi cerebro, pero a mí eso me importaba una mierda. Yo lo que necesitaba era escapar del zulo. Las historias que conocí explicaban los procesos que habían llevado a cabo, pero insistían en que llevaban años intentando remontar y no lo conseguían. Ante ese contexto, comprendí que yo necesitaba otro camino que fuera eficaz, porque lo clásico no estaba funcionando. Di por sentado que el Ángel que yo era antes de mi crisis había muerto y me puse a descubrir quién era ahora sin perder un segundo en volver al de antes.

¿Hay alguna decisión que tomaras en el ala de psiquiatría que nos ayude antes de llegar a ese extremo?

No. Allí no se toman decisiones. Allí, lo que sucede es que te empiezan a medicar para que el cerebro deje de atar cabos a su bola y resetear así la cabeza. En el ala de psiquiatría tú no te enteras de nada, porque eres un zombi en un escape room.

Alguna decisión que hayas tomado después, para que nada de aquello te volviera a suceder. Por escarmentar en cabeza ajena.

La decisión que más me ha servido ha sido escucharme mucho más que a los demás. Estamos en un momento en el que todo el mundo cree que le está pasando lo que le dicen que le está pasando. ¿Quién marca la línea exacta de la cordura? ¿Quién dice que esto es estar cuerdo y, si das un paso más, estás loco? En la historia hay personas que soñaron locuras, pero no les ingresaron, porque eran audaces. A mí me internaron en Psiquiatría por decir que al otro lado del espejo había unos seres que no sé qué, y, sin embargo, pones la tele y te encuentras a Iker Jiménez rodeado de expertos que dicen que, a veces, las energías del más allá nos pueden mirar desde un espejo, y allí no ingresan a nadie… Es más, cobran dinero. ¿Quién traza esa línea? Fíate de ti, de lo que estés viviendo y sintiendo tú. Y aprende a escuchar.

¿Cómo te gustaría ser ahora?

Estoy siendo milimétricamente quien quiero ser. Con alguna fisurilla, porque a veces me pierdo un poco ante lo que estoy construyendo, pero sin excepción.

¿Y cuáles son esas nuevas señas de identidad?

No es fácil contar con acierto una reconstrucción personal, pero la nueva seña de identidad que me tiene más fascinado es haber descubierto lo importante que es saber escuchar. También me está sirviendo bastante prescindir de las prisas por hablar para rellenar silencios. Ambas cuestiones me permiten construir en muchos ámbitos y a buen ritmo. Esta sociedad tiene miedo al silencio y ahí pueden estar muchas respuestas. He aprendido a callarme, a pensar mejor, a escuchar.

“Esta sociedad tiene miedo al silencio y ahí pueden estar muchas respuestas”

Incluso has conseguido hacer un informativo diario que arrasa en redes y cuenta todo lo relevante en dos minutos.

A toda leche, además.

Con ese informativo nos estás diciendo que igual sobran 23 horas y 58 minutos diarios de bla-bla-bla en las parrillas mediáticas…

No es que sobren todas esas horas, es que se usan para contarnos lo mismo en bucle y estirando la actualidad. Además, prevalece la opinión sobre la información. En dos minutos yo te ofrezco lo que ha pasado. Si tienes más inquietud, busca e indaga. Fórmate tu propia opinión. Pero tienes la posibilidad de estar 24 horas conectado a lo que te dicen otros sobre cuatro asuntos todo el puto rato, o hacer muchas otras cosas.

¿A qué voces les hacemos caso más de la cuenta y no merecen la pena?

A las opiniones de los desconocidos.

Ángel Martín. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

¿Cómo es esa “cordura distinta” de la que hablas?

Cuando empiezas a escuchar de verdad surge una cordura distinta. Cuando las conversaciones se convierten en aprendizaje constante o intercambio dialogado de opiniones que te ayudan a descubrir nuevos enfoques, tu cerebro crece más maduro, los días merecen más la pena y te vas transformando en una persona con ideas más libres.

Ya no te callas cosas.

No me las callo conmigo mismo. Trato de ser muy honesto y hablarme claro. Y si alguien me toca los cojones, tampoco me callo para decirle que está meando fuera del tiesto.

¿Entre hombres es más difícil hablar de cuestiones interiores?

Entre amigos muy amigos, no, aunque siempre hay un proceso de tanteo. No solemos empezar nunca diciendo: “De pequeño me pegaban…”. Arrancas por: “¡Vaya movida he tenido hoy con mi pareja!”, y a ver qué pasa, a ver si empiezan las preguntas, si hay campo virgen para la conversación, si el interlocutor está abierto a meterse en las profundidades… Los hombres vamos con excesiva prudencia para hablar de cuestiones interiores, al menos, los de mi generación. Nos han inculcado que los tíos no deberíamos expresar en público nuestros sentimientos. A nosotros nos han educado para camuflarnos y yo cada vez tengo menos apuro con eso.

Hemos sido educados en esconder una vulnerabilidad evidente, pero nos damos cuenta de que expresarla nos ayuda muchísimo.

Sí. Verbalizar lo que nos pasa siempre ayuda, aunque no encontremos respuestas y soluciones. Expresar nuestra vulnerabilidad en voz alta es como quitar un tapón del estómago brutal.

Dices que hay cosas que ya no te interesan.

Ahora mismo lo que más tiempo me roba es buscar la relación entre las palabras y la música. Así de loco estoy en este punto. Es que creo que esa conexión tiene que ver con las emociones. Me tiene fascinado el poder del lenguaje en la expresión de las emociones, para bien y para mal. Se puede ayudar mucho enseñando a usar bien el lenguaje.

Ese afán de ayudar a los demás, de escribir un libro para salvar a otros, de investigar en los poderes del lenguaje por si sirve a terceros, ¿es nuevo, o ya venía en tu ADN anterior?

Siempre me ha llamado mucha la atención la posibilidad de intentar que otros vean las cosas como las veo yo a través del lenguaje, aunque pensaba que era una herramienta que me servía solo para la comedia. La sensación de conseguir que otros se pongan en tu lugar para ver las cosas desde otro punto de vista siempre me ha atraído con fuerza. Como espectador, a mí eso me ha aportado muchísimo. Con el libro creo haber conseguido jugar mis mejores cartas poniéndome en los peores momentos para atrapar así a los lectores que más lo necesitan. Los que me escriben me demuestran que hemos sintonizado bien. He descubierto que lo que me servía para hacer comedia, me vale también para echar una mano a los demás. El lenguaje bien usado puede hacer mucho bien.

Contar tu historia sin pelos en la lengua, exhibir tus heridas en medio del mundo, ponerte a la intemperie para que otros salgan del pozo con la cuerda que les echas… Es una ayuda importante.

Sí, pero de esos eres consciente después de publicarlo. Mi horizonte estaba claro: si ayudo a una sola persona a encontrar lo que necesita para desenmarañar su historia, maravilloso. Y eso se ha multiplicado por muchos más lectores, así que fenomenal. 

Dices que has dejado de preocuparte por el “¿y si…?”.

Porque he entendido que no tiene sentido. El 99% de los “¿y si…?” que nos preocupan nunca ocurren. ¡La cantidad de tiempo que perdemos en agobios inventados! ¡Es un gasto terriblemente absurdo! Nos atormentamos innecesariamente por encima de nuestras posibilidades. Tengo un amigo que ha tardado treinta años en acercarse a una chica por miedo al “¿y si cuando la salude me pega un corte?”. ¡Treinta años! ¡Pues si te da un corte, habrá otras que no sean tan gilipollas!

“El 99% de los “¿y si…?” que nos preocupan nunca ocurren. ¡La cantidad de tiempo que perdemos en agobios inventados!”

¿Y si uno expone en público sus locuras, no tiene miedo a que las propuestas laborales se recorten porque haya quien piense: “uy, espera, que este, igual nos da problemas…”?

Eso me la ha pelado sobremanera. Llevo muchos años tratando de montármelo por mi cuenta, sin depender de nadie. No me he planteado ninguna consecuencia de ese estilo.

Dices que “lo que de verdad importa es cuidar la salud mental de los demás”. Que los amigos de esta sociedad debemos aprender a ser psicólogos de urgencia.

Tenemos que aprender a escuchar. Normalmente, cuando hablamos de salud mental estamos tirando balones fuera todo el rato. Que si la sociedad, que si cómo está el mundo… bla, bla, bla. La gran mayoría de personas que echan balones fuera llegan a su casa, su pareja le dice que ha tenido un mal día, y responde: “Yo también he tenido un día malo, no me calientes la cabeza con tus cosas”. Si individualmente no somos capaces de sentarnos con quienes están cerca para escuchar sus males, no podemos quejarnos por cómo actuamos como sociedad. Milongas, las justas.

No te da miedo a que después de este reset, en este camino por ser mejor, más feliz de fondo, estés más listo para morirte e irte al cielo…

No. No pasará.

¿Has pensando en Dios en estos años?

Sí. Pienso en Dios, pero no en Dios como un señor con barba blanca que nos mira desde arriba y nos dice: “Yo no os hice así para esta mierda”. Tampoco es que vaya ahora a rezarle todos los domingos a misa, pero sí pienso en el sentido de las cosas, claro, y me he vuelto más espiritual. Siempre me han llamado mucho la atención el mundo de la ciencia y el de la espiritualidad.

“Ahora pienso más en el sentido de las cosas. Me he vuelto más espiritual”

 

¿Cómo son los locos que no son famosos?

Exactamente igual que los famosos, y eso es importante que lo entendamos cuanto antes. Tendemos a pensar que la locura y las herramientas para afrontarla son distintas si eres popular, y es una gran mentira. El problema lo tenemos como seres humanos igualmente rotos. Cuando pasas por algo así has perdido tu identidad y eso no lo curan las cosas que tienes. Hay cuestiones claves que no resuelve un coche bonito. Es más, a veces tener es un estorbo. Es probable que, si eres popular y necesitas un psicólogo, te lo puedas pagar sin problemas, o no, porque igual eres popular y estás endeudado hasta las putas trancas…

Se cuece una guerra con la pandemia sobre la mesa. ¿Hay una locura no diagnosticada que está muy cerca del poder?

Hay mucha locura por ahí arriba. El poder es lo más aterrador que existe.

De un neocuerdo, a la España desinflada por la pandemia: ¿por qué merece la pena sufrir?

Cada uno tiene sus propios motivos y no siempre son grandes cosas. Las causas grandilocuentes muchas veces las decimos porque sabemos que nos leen, pero lo que mueve nuestras vidas suele estar más cerca de cada uno. Imagino que, si eres padre, el motivo de todo serán tus hijos.

¿En tu caso?

En mi caso me los guardo para mí, porque si los digo en voz alta igual vienen a robármelo, y me va la vida en protegerlos.

Ángel Martín y Álvaro Sánchez León. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

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