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Pablo Iglesias, ¡qué catástrofe!

Cartel del acto de Pablo Iglesias.
photo_camera Cartel del acto de Pablo Iglesias.

Que la clave de la votación de investidura de Pedro Sánchez, y por tanto de la formación de nuevo Gobierno, y de que este país se ahorre unas nuevas elecciones generales, dependa de que Pablo Iglesias sea ministro... no tiene un pase.

Lo ha contado con absoluta claridad Pedro Sánchez, entrevistado ayer por García Ferreras en la Sexta.

Ha revelado que el 90% de las conversaciones con el líder de Podemos se han centrado en hablar de cargos. Pero más aún sobre su propia inclusión en el Gabinete.

Por lo visto, durante las negociaciones, Pablo Iglesias llegó a reclamar a Pedro Sánchez una vicepresidencia, varios ministerios (entre ellos el de Hacienda), además de la portavocía del Gobierno. ¡Qué despropósito!

El mismo que Podemos ha protagonizado en La Rioja, donde, contando con un solo diputado (pero imprescindible para la mayoría), reclamó asumir tres consejerías.

Atendiendo a estos comportamientos, a veces uno no sabe si estamos hablando de unos aficionados, unos incultos, unos inmaduros, unos niños o unos locos.

Volviendo a las negociaciones de la investidura, la verdad es que, en estos ochenta días desde las elecciones, Pedro Sánchez ha ido variando de posición respecto a Podemos.

De entrada, comenzó con una negativa cerrada a que alguien de ese partido entrara en el Gabinete, con el argumento, entre otros, del Gobierno monocolor. Para disimularlo, aparecieron aquellas engañifas del Gobierno de colaboración, de cooperación...

Después, abrió la puerta a que Podemos morada pudiera dar nombres de personas cualificadas para ocupar algunos ministerios. Pero, en todo caso, no militantes.

Al final, y parece que es la postura definitiva, Pedro Sánchez permitirá que miembros de Podemos se integren en "su" Consejo de Ministros. Eso sí, y en todo caso, personas "cualificadas".

Aquí cabría la pregunta de si personajes como Irene Montero, Pablo Echenique o Rafael Mayoral, todos ellos políticos y previsiblemente candidatos a un ministerio, los considera cualificados. O más bien habría que buscar a otros.

Por lo que contó ayer Pedro Sánchez, en las reuniones mantenidas durante todo este tiempo, la demanda central de Pablo Iglesias, la que condiciona cualquier pacto, es que él mismo sea nombrado ministro.

Ese es el requisito, sin el cual Podemos no votará la investidura de Pedro Sánchez.

Y Pedro Sánchez lo ha dejado meridianamente claro: no acepta de ninguna manera a Pablo Iglesias como ministro. Ahí ha trazado la raya roja.

Así pues, a Pablo Iglesias solo le interesa ser ministro. Y eso, ¿por qué? ¿Esconde detrás el proyecto de culminar así su recorrido político y retirarse después? ¿Será por la pensión de ex ministro? ¿Un simple problema de ego?

Ante semejante condición, Sánchez se ha mostrado contundente y ha recurrido al famoso no es no. Pablo Iglesias no será ministro de su Gobierno. No cabe ser más claro.

Con ello, el candidato se lo ha jugado todo a esa negativa. ¿Qué hay detrás de tan drástico plante? ¿Una razón de eficacia en la gestión del Gabinete? ¿El miedo a las filtraciones? ¿Una animadversión personal? ¿Es una cuestión de principios?

Y algunas preguntas con más enjundia. ¿Estamos ante una exigencia de los socios comunitarios a Pedro Sánchez? ¿Responde al deseo de no asustar a los poderes empresariales, a los que ha dado garantías de que no correrá peligro la economía?

Tal vez la respuesta acertada sea la suma de todos esos factores unidos.

No obstante, ha citado algunos presuntos argumentos para justificar esa cerrazón, ese bloqueo a Iglesias. Uno, ideológico: las discrepancias de fondo con alguien que, respecto a Cataluña, por ejemplo, habla del derecho de autodeterminación y defiende a los presos políticos.

Otro, que no puede permitir que pretenda entrar en el Gobierno alguien que afirma que no se fía de él y que lo que quiere es vigilarle.

De confirmarse en todos sus extremos la confesión de Pedro Sánchez, de que la condición ineludible para que Podemos vote la investidura es que Pablo Iglesias sea ministro, estamos ante un comportamiento catastrófico. No sé, incluso, si suicida.

Ya escribí en su día que resultó incomprensible su decisión de comprar el aparatoso chalet de Torrelodones. Y dije entonces que Pablo Iglesias se la había jugado, que había capado su futuro político.

Pues, con lo que ahora se ha conocido, me parece que esto va a ser definitivo. Catástrofe absoluta.

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En Twitter @JoseApezarena

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