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29-s: tocado y hundido. Así se encuentra el llamamiento a la huelga

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El movimiento sindical en este país ha muerto. Entre liberados sindicales, subvenciones, VPO, y viajes en cruceros de lujo, los sindicalistas han perdido el norte. Ahora encima quieren que el día 29 de septiembre “muy tarde ya”, no trabajemos para hacer fuerza con ellos.

Desde hace muchos años, o no tantos, pongamos, que unos 30, lo sindicatos, esas asociaciones que de una forma eufemística dice la Constitución existen para la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, fueron postulándose ideológicamente en la esfera de algunas de las formaciones políticas, así tenemos de siempre el paralelismo entre estos y aquellos.

                Metidos ya en la harina de la “si crisis”, justo e inmediatamente después y a continuación de una pequeña “desaceleración económica”, era comentado en los mentideros de todo el reino, que la única voz autorizada que se escuchaba en el Palacio de la Moncloa, era la del líder sindical de la Unión General de Trabajadores, claro que esto está dicho, un poco a modo de castillos en el aire, porque aunque fuera un rumor, o clamor popular, expresado por algunos medios de comunicación, yo nunca estuve delante para corroborarlo, es más, les puedo asegurar que lo más cerca que estuve nunca de ese Palacio presidencial, fue en una confusión en la entrada en Madrid, que me dio de narices con la entrada palaciega, donde amablemente unos agentes de policía, me informaron correctamente el camino que debía seguir   hasta mi cercano destino universitario.

De haber sido cierto, que era la voz de la conciencia presidencial, se perdió una ocasión de oro, para haber advertido, que la política social, tomaba una deriva demasiado lesiva para los intereses de los trabajadores, que el dinero público que se inyectó para el saneamiento y rescate del sector financiero, debió haberse hecho bajo un estricto control, lo mismo que el que se pudiera haber traspasado al sector industrial.

Pero los sindicatos estaban a otra cosa, los líderes sindicales estaban, simplemente contando ganancias millonarias de subvenciones oficiales, otorgadas a golpe de Boletín Oficial, estaban contando militantes liberados que les fueran acólitos para sus menesteres, entre los que se encuentran personajes siniestros, capaces de meter sus horas sindicales con calzador para sus propósitos personales, aunque para ser cierto, esto está dicho de otros dos sindicatos, personajes capaces de acosar laboralmente abusando de su prebenda sindical y superior cargo a los propios compañeros, hasta tener que llegar a la amenaza (el acosado, claro está) de formular denuncia judicial, ¿verdad Don Julián?.

Toda la defensa que se ha hecho por parte de los sindicatos en este país ha ido en aceptar con una sumisión como nunca se ha visto los dictados del patrón, del gobierno, o del empresario, de una forma casi sacralizada (para los ateos, no creyentes e iletrados: de sacralizar, dar o atribuir carácter sagrado a una cosa que no lo tenía).

Y los trabajadores con cara de lelos, los pobres, diciendo, ¿pero cuando vamos a decir algo?, ¿Cuándo parará esta sangría?

Miren, sólo en el seno de las Administraciones Públicas, debe de haber unos doscientos mil liberados sindicales, este dato lo leí hace tiempo en alguna parte, no puedo citar la fuente por no recordarla, y créanme que lo siento, pero aunque fuera un dato erróneo, pongamos que haya la cuarta parte, ¡ya son! Y son gente que cobra de las administraciones pero trabaja para el sindicato que las libera y encima en actividades que nada tienen que ver con su ejercicio profesional, es el caso de una mujer de UGT, funcionaria de la AGE, liberada y con su despacho en la sede de este sindicato en la Avda. América en Madrid, donde se dedicaba a defender los intereses del personal contratado en las embajadas y consulados españoles por todo el mundo.

Pero las formaciones sindicales estaban como digo, contando suculentas ganancias, las subvenciones que se les daban para cursos de formación, por la deuda histórica, y por cualquier motivo por peregrino que fuera.

“Así pagaba roma a los traidores” cada vez que el Gobierno, o la patronal, incluso ambos metían un recorte a los derechos de los trabajadores, los sindicatos tardaban dos días en recibir una subvención, a veces incluso el mismo día, como ocurrió el 12 de mayo (¿Cómo? , ¿no recuerdan que sucedió ese día?, pues fácil: yo se lo cuento El Gobierno sacó el REAL DECRETO-LEY 8/2010 POR EL QUE SE ADOPTAN MEDIDAS EXTRAORDINARIAS PARA LA REDUCCIÓN DEL DÉFICIT PÚBLICO, que supuso, la reducción de sueldo en los tres millones de funcionarios que hay en el país, y la congelación del mismo, para el año 2011 y lo mismo para las pensiones, “vamos, una política social en toda regla”, y los sindicatos dieron la callada por respuesta, claro que los pobres no podían hablar, tenían la boca llena ¿sería de billetes? ¡Dios mío, espero que sí!

Aquel día los sindicatos “pillaron” subvenciones, hace unos meses, lo hicieron también, ayer otro medio publicaba que los sindicatos cobran 500 millones de euros para cursos de formación. Hoy un sindicalista, o debería decir un sinvergüenza, llama a los abuelos a no cuidar a sus nietos el día de la huelga general, otro personaje siniestro, esta vez político con cargo público estos días se despachaba con ponerles uniformes a los funcionarios para así controlarles a la hora del cafelito, al uso del centro de Europa en la mitad del siglo pasado donde todo el que trabajaba para el Estado llevaba uniforme, no recordemos aquello. Quizás el uniforme habría de llevarlo la clase política, pero nada más afiliarse al partido que fuera, o el sindicalista con respecto al sindicato, y si tuvieran cargo, del signo que fuera, con alarma incluida, así podríamos estar algo más seguros, sabríamos, si el que está un martes por la mañana en el pantano de mi pueblo pescando, es el liberado sindical, o el Gobernador de Barataria, y sabríamos por sus insignias, a cual formación política o sindical pertenece el tío ese que está tres lugares más adelante de nosotros en la cola del banco.

También tenemos sindicalistas que en pleno uso de sus libertades, por supuesto, obtienen piso de protección oficial con unas retribuciones cinco o seis veces superior a la del salario de la mayoría de la gente, y por supuesto se va de vacaciones al “barquito del amor”, con su santa esposa, pero por los países nórdicos. A eso si tiene derecho, solo faltaría, y hasta ahí podríamos llegar, y no voy a ser yo quien se lo censure, no.

Otro quehacer les salió hace unos pocos años, que es el de gestores del plan de pensiones de la Administración General del Estado, créanme, he visto apuntes de ese plan, y…., vergonzoso! No puedo decir más. Por cierto, sepan que con este plan un funcionario medio a la edad de jubilación podrá recibir unos 50 euros más de pensión, en el mejor de los casos. Pero los dos sindicatos mayoritarios se han embolsado por su gestión 500 milloncitos.

Pero también tienen obligaciones, todos los sindicalistas de este País, tienen la obligación de levantar la voz ante la ignominia que se está cometiendo con el pueblo, con la clase trabajadora. Tienen la obligación de decirle al patrón, que no se puede reducir el sueldo de los trabajadores, que no se puede clamar por el despido casi libre, que no se puede otorgar millones a la minería, para el pago de salarios, y los mineros estén pasando hambre, pues hace meses que no cobran, no se puede estar cantando la internacional con el puño levantado y contar las ganancias por millones en barcos de lujo, no se puede decir a la derecha por muy recalcitrante que sea que arremete contra los derechos de los trabajadores por querer eliminar a unos cuantos liberados sindicales, cuando en el transcurso de los dos últimos años se las han tragado dobladas, independientemente de los intereses que haya en la medida.

Y por último no se puede llamar a la huelga a la ciudadanía para que les sean descontados los emolumentos correspondientes, cuando son ustedes cooperadores necesarios, cómplices y autores mediatos de todo cuanto está pasando.

Señores sindicalistas, todos (generalizando admito excepción) vayan a la huelga ustedes, y de paso hagan un favor a la sociedad, con el dinero de las subvenciones cómprense un billete del medio de transporte que les dé la gana, en clase VIP, y váyanse de crucero, “pero en el Titanic”.

Y no se preocupen, que a ustedes la historia, también les juzgará.

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