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La Otra Cara del Covid-19

Play a otro ‘volver a empezar’ del cine español

El próximo lunes se reactivan los rodajes en España tras el stop del coronavirus. Se enciende el primer botón de la industria cinematográfica, pero con la profilaxis de las circunstancias. Tras el duro varapalo de la pandemia, toca ‘volver a empezar’, como en aquella cinta con Oscar de Garci. Ahora, producir solo es más arriesgado y el futuro de las salas es más incierto, pero crecen los incentivos fiscales y aumenta la adhesión de una audiencia más leal a la ficción nacional

Antonio de la Torre y Belén Cuesta en una escena -el original es a color- de La trinchera infinita
photo_cameraAntonio de la Torre y Belén Cuesta en una escena -el original es a color- de La trinchera infinita

1982, el año de Naranjito. José Luis Garci presenta en los cines Volver a empezar, primer Oscar español a la mejor producción extranjera. Un profesor de la Universidad de Berkeley vuelve a Gijón tras recibir el Premio Nobel de Literatura para estar con Elena, el amor de su juventud. Una historia de remontadas tras la angustia de la Guerra Civil en el escenario de una democracia incipiente. Una historia en torno al vitalismo de los españoles, que no debían mirar al pasado, sino seguir de frente hacia al futuro. Una historia que explica con planos que “solo se envejece cuando no se ama”.

38 años después, el cine español vuelve a empezar tras el stop del coronavirus. El lunes comenzarán los rodajes entre mascarillas, geles hidroalcohólicos, censura profiláctica a las escenas de proximidad, incertidumbre e ilusión de nuevas goleadas. En un mar internacional de producciones paradas, economías resentidas y un público confinado ávido de audiovisual, se levanta tímidamente en desescalada el telón de la industria cinematográfica. Fase 1 con alergia a cualquier síntoma de fase terminal.

Plano cenital desde el eje de la Tierra. Hasta en Hollywood están en las mismas. A la expectativa, pero en marcha: estrenos pendientes, normativas para la nueva normalidad, conversaciones con mercados sin fronteras. Objetivo: reactivar cuando antes una industria fértil.

Plano general de España: todos los oficios con asiente en la Academia de Cine calientan para saltar al terreno de juego. Unos ojos de incertidumbre miran el campo: se palpa el riesgo, las salas de cine están cada vez más en fuera de juego, pero el Gobierno acaba de aprobar unos incentivos fiscales que dan otro tono a las esperanzas del sector. Voz en off de Carlos Rosado, presidente de la Spain Film Commission: “España ya está en el top de países con mejores condiciones para rodar”. Ha costado llegar hasta aquí. La pandemia ha acelerado la luz verde de la Administración después de muchos años de venga, vamos, amagos, penaltis, porteros y gol.  

La cámara se regodea en lo positivo del nuevo atrezo y conecta con los miles de usuarios que han sobrevivido al confinamiento gracias al cine, gracias a las plataformas, gracias a los estrenos por streaming, y gracias a una tramoya que no ha parado ni un segundo diseñando guiones, creando sin luz o animando sus propuestas desde casa.

Rosado parafrasea a Gramsci para exponer en una cita al cine español frente al espejo sin reflejos de Walt Disney: “Trato de oponer al pesimismo de la razón el optimismo de la voluntad”. Fundado en gris oscuro casi negro. El paro técnico obligado salta a la pantalla con el decreto de alarma, y “si se para el rodaje, se frena todo. Los datos son malos, pero no los mejoraremos si anclamos nuestra acción en la melancolía. Toda crisis trae oportunidades, y el cine español está detrás de todas ellas. Este es un sector entrenado para el cambio, muy pegado a la transformación tecnológica y social. Ahora empieza una nueva era en el audiovisual español y mundial y nosotros queremos ser locomotora”.

Carlos Rosado: “Este es un sector entrenado para el cambio, muy pegado a la transformación tecnológica y social. Ahora empieza una nueva era en España y en el mundo, y nosotros queremos ser locomotora”.

Humo gris ondea sobre cielo nublado. En la escaleta de producción hay anotaciones al margen: “Rodajes preventivos, igual a más costes”, “renegociación de las pólizas de seguro. Ojo covid”.  “¿Primas desorbitantes? ¡Es lo que nos faltaba!”. “Test serológicos cuando se pueda”. “¡Estamos en condiciones!”. Luces reactivadas. Acción recuperada. Luz, aunque sea tenue, en medio de un drama internacional.

Un escenario de sinergias

En el set de rodaje del futuro a corto plazo, Rosado ve cambios evidentes: más coproducción, más alianzas empresariales, más músculos para el mismo esqueleto, incluso ve en el horizonte un plan integral con forma de paraguas que cobije a todas las mujeres y hombres con los pies en el suelo y la cabeza en el cine. Para ser más competitivos en esta película casi olímpica que el lunes empieza a rodar sus primeros planos de aire saltando las vallas. Rosado sueña con argumentos, porque, dice, “la pandemia ha generado espontáneamente más diálogo y más acuerdos entre todas las asociaciones del sector”. Incluso las que nunca se habían mirado a los ojos ni se habían dicho palabras de cariño.

En el mismo metraje del cine autóctono en acción, el presidente de la Spain Film Commission incluye también lo que el viento se llevó, pero la remontada traerá de nuevo: las producciones internacionales que consideran que España es el mejor plató para sus creaciones. Él habla de “aluvión” de peticiones. Sobre todo, desde que el Ministerio de Cultura les quitó a las cámaras la tapa de sus lentes en el último BOE de la nueva prórroga del estado de alarma.

Por el visor del director se mira más allá de nuestras fronteras. Plano detalle de la reunión de Emmanuel Macron con los líderes de la cultura francesa y su apoyo a la industria. Trávelin. Primeros planos de Estados Unidos, Italia, China, Corea, Oriente y el Este desescalando poco a poco la potencia de sus cines. Impulso interno, ayudas externas. Autoliderazgo y protección. Todo, “con visión de futuro”. Por si acaso, voz en off de Rosado mientras unos tacones flamencos recorren alfombras rojas: “El cine español no es un sector tutelado por el Gobierno. La industria audiovisual española no está subvencionada por el Estado. Aquí sucede lo mismo que en otros países: somos un sector industrial importante, como la ganadería o la aeronáutica, y el Ejecutivo lo tiene en cuenta, como no puede ser de otra manera”.

Con vértigo, pero con ganas de claqueta. Con una sociedad que se ha bebido las plataformas digitales en mitad de este desierto y ha visto en el séptimo arte un oasis. La misma calle que ha hecho que La casa de papel se convierta en la producción más vista a demanda durante el abril que nos robaron las circunstancias. La misma sociedad que iba menos al cine y que quién sabe si volverá a las salas en tropel, aunque estén abiertas por tercios.

            ¿Cree que la sociedad responderá con generosidad al empeño de la industria del cine de volver a empezar?

            -Sinceramente, no lo sé. Si toda la sociedad fuera como yo, que estoy deseando ir al cine, sí, pero los hábitos de consumo son un misterio ambivalente. Lo que sí hemos visto en estos días de pandemia es que la gente está ávida de consumir audiovisuales, como se observa en el potente incremento de las suscripciones a las plataformas de contenidos. Ir al cine es un acto cultural y social. Dicho esto: todos estamos abiertos a que las ventanas de proyección sean las que dictaminen los espectadores.

            ¿Los estrenos en streaming serán la tendencia?

            -Los ve mucha gente. Filmin, por ejemplo, no da abasto. La cuestión es ver cómo acabamos de monetizar este modelo.

“En estos días de pandemia hemos visto que la gente está ávida de consumir audiovisuales. Ir al cine es un acto cultural y social. Dicho esto: todos estamos abiertos a que las ventanas de proyección sean las que dictaminen los espectadores”

Flash back de la decisión de Hollywood de ofrecer sus premios de oro también para las propuestas que no hayan despachado en salas. Plano detalle de un Oscar con el play de YouTube tatuado en el muslo.

Pasos con cubre-zapatos de protección andan hacia adelante. En el camino hacia el nuevo camino, industria y academia empiezan a andar de la mano. En estos días los lazos han sido estrechos, cada uno en su butaca. Según Rosado, la tarea del presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso, ha sido “proactiva, inteligente y generosa”.

Plano americano. Mirada a cámara. Grabando: “Soy consciente del enorme destrozo que el coronavirus ha propiciado en la industria del cine, pero veo que todos estamos buscando soluciones para continuar, pero en este sector siempre habrá gente que entra y gente que sale. El cambio es nuestra nueva normalidad de siempre”.

Rosado habla de cambios empresariales y sinergias –“¿tiene sentido que existan una Academia de Cine y una Academia de Televisión?”-, de cambios de técnicas, de cambios de lenguaje, de cambios de exposición, de cambios de distribución, de internacionalización… Y de prudencia proactiva.

Dos ejemplos de cambio activo

En este mapa de obligada reconstrucción, Olmo Figueredo y Paco Cabezas lanzaron en Twitter, antes de la pandemia, una propuesta paralela para conquistar guiones que se escribirían en las primeras semanas del confinamiento. Un productor en la fila siete y el director más internacional de la sala lanzando la red en busca de talento, quizás, contra los protocolos habituales de funcionamiento.

Primer plano de Figueredo entre los pasillos de un supermercado para reponer la despensa: “Las redes sociales no están solo para contar nuestras alfombras rojas o promover estrenos, también deben servir para dialogar y contactar con gente nueva que tiene ideas frescas”. El hombre que engrasó las producciones de Tu hijo, Adiós y La trinchera infinita lanzó este mensaje en botella en antes de la alarma: “Lazo un SOS a todos los guionistas y directores de este país. Mis hijas me han dado un ultimátum: o dejo de producir tanto drama o me echan de casa. Básicamente que me deje de tanto Goya y tanta polla ya. Necesito pelis infantiles o familiares. Inúndenme por DM. Prometo contestar”.

            ¿Y ha habido respuestas?

            -Sí. Unas 70 respuestas. Más que guiones terminados, me han llegado sinopsis. Estoy en línea con dos guionistas nuevos que me han presentado ideas que me interesan.

Cambio. “Un día me di cuenta de que en tres de mis últimas películas había una violación, y pensé que debía dar un giro. Seguiré haciendo thrillers y dramas, pero ahora necesitaba hacer una película familiar, y en esas estamos”. Como productor, Figueredo no tiene nada claro por dónde se abrirá la cortinilla cuando todo esto sea pasado. Tiene claro que “el cine español ha sabido reinventarse siempre”. Está contento con la decisión del Gobierno de mejorar los incentivos fiscales. Cree que las coproducciones serán el pan nuestro de cada día. Y, honestamente, está más preocupado con el futuro de otros sectores, como la hostelería y el turismo, incluso con el volver a empezar de las personas que han vivido esta tragedia como protagonistas principales.  

Ante la iniciativa de lanzar la caña en el océano de las redes, ha recibido mensajes directos de colegas: “¡Estás loco!”. Pero es una persona abierta a la conversación. Y está deseando que se reactiven los rodajes para quitar el stand by y volver al play all. No para. De hecho, acaba de ser elegido para participar en la edición de 2020 de Producers on the Move, un programa de networking impulsado por European Film Promotion. En sus pantallas, también, desde este lunes.

Paco Cabezas también se ha movido en coto de pesca tradicionalmente privado y lanzó el anzuelo en Twitter con un mensaje para agitar el cocotero de los guionistas. Ha recibido más de 330 textos. Todavía no ha tenido tiempo para leerlos todos, pero ya hay algún tilín en su bandeja de entrada, aunque todavía no ha dado con la tecla de lo que le pide su cámara, siempre adicta al reto. Lo que ha visto en primer plano es “las ganas de trabajar de muchos guionistas, a veces con pocas posibilidades. Es una profesión muy complicada y con mucho intrusismo que, además, exige muchas horas de vuelo”.

Lo que ha visto estos días Paco Cabezas en primer plano es “las ganas de trabajar de muchos guionistas, a veces con pocas posibilidades. Es una profesión muy complicada y con mucho intrusismo que, además, exige muchas horas de vuelo”

Dice Cabezas -rebobinando con brocha gorda: director de Adiós, Penny Dreadful: City of Angels, American Gods…, y guionista de Spanish Movie-: “Mi agente en Estados Unidos se enfadaría si supiera lo que he hecho, porque allí existe una cláusula legal en los contratos que impide que el director pida guiones a gente desconocida, porque igual te llega un guion, no lo haces, dentro de unos años ruedas algo mínimamente parecido, y te cae una demanda. En España eso es menos probable, pero también puede pasar. En fin, yo vengo de donde vengo, porque dirigí un videoclub antes de ser director de cine, y estoy acostumbrado a saltarme las normas que me parecen absurdas. Confío en la bondad de los extraños”.

Sí, entre las propuestas hay guiones apocalípticos y futuristas. Destacan por sus aportaciones “las guionistas femeninas, porque dialogan mejor los relatos”. En cualquier caso, en una maquinaria donde pocos hurtan un proyecto a los guionistas asentados, Cabezas ha abierto una puerta y a ver. Detrás de este túnel pandémico él ve que “la industria cultural se va a recuperar”, otra vez.

Sabemos también que Javier Fesser está cocinando algo distinto. Que Santiago Segura ha dado a luz en la intimidad del confinamiento casi toda la edición de la segunda parte de Padre no hay más que uno. Que Isabel Coixet estrena el 22 de junio Nadie nos mira en trece cines de diez ciudades de España, caiga quien caiga. Incluso que Aitor de Miguel tiene listo un documental que se llama Vacuna en el que una pareja reflexiona durante el encierro sobre las consecuencias de la crisis del coronavirus y lo que supondrá en el futuro. El cine español tiene más de 70 producciones en lista de espera y mucha cera ardiendo deseando salir a grabar.

Algunos críticos de cine ven paralelismos entre Volver a empezar y Asignatura pendiente, el primer largo de Garci. Efectivamente, hay otra Elena, otra historia de amor y otro paso adelante ante el horizonte de una transición. Nuevos tiempos. Veremos si este volver a empezar se convierte en una asignatura pendiente para las audiencias o si, por el contrario, le ponemos suficiente, notable, o incluso con sobresaliente, a una alianza social y cultural que necesita mejorar.

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