Vivir

“El artista que no vive, no construye su familia, y no se rodea de amigos, se está perdiendo lo mejor”

Pastora Soler lleva 25 años sacando discos con impacto y acaba de parir Sentir, un trabajo con el que reivindica disfrutar los momentos con la experiencia de su propia reflexión sobre lo que de verdad importa, mucho más allá de los focos

Pastora Soler vuelve con “Sentir” debajo el brazo y su segunda hija. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)
photo_cameraPastora Soler vuelve con “Sentir” debajo el brazo y su segunda hija. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

De niña a madre en un cuarto de siglo sobre las tablas. Con sus cumbres y sus bajadas a la mina. Empezó siendo “la nueva Marisol” y en plena madurez parece un mix con sabor propio entre Celine Dion y Rocío Jurado. Ha llenado de música casetas de Feria de Abril, iglesias, teatros reales, óperas de El Cairo, discotecas, fiestas de pueblo, y muchas casas de España que enchufan sus compases para sentir cosas hondas. Profeta en su tierra. Torera y leona. Fue hit en Turquía con Dámelo ya. Puso de traje largo a los frikis de Eurovisión y nos sacó de la postración de los perdedores habituales. Después de La tempestad de su miedo escénico pisó fuerte volviendo al ruedo hecha una Pilar en calma. Desde que la descubrió el ojeador de Lola Flores han pasado unas bodas de plata, pero Pastora Soler sigue siendo novia de un país que oye con la boca abierta ese tsunami de voz que arrasa con cualquier esbozo de gris. Justo antes de dar a luz acaba de parir un disco que se llama Sentir y que es solo la segunda sevillana. La de mirarse, la de saborear los pases lentos. El farolillo lleno de pasión ilumina una carrera en pleno ecuador.

Es miércoles y son las cuatro de la tarde. Otoño a ratos gris y a ratos verano crónico de san Miguel. Pero Pastora Soler está de primavera. Viene con la sonrisa de siempre, un nuevo álbum debajo del brazo, y una niña con seis meses de gestación taconeando dentro. Viene feliz. Después de La calma (2017) ha llegado el momento de Sentir con alevosía la música, la maternidad, la normalidad, la vida.

Se nos van los pies en este sofá de escay. Entre bulerías de unas bodas de plata profesionales. Entre quejíos de los baches que llegan y se apechugan. Entre sevillanas y alegrías profundas. Colaíta como una loca con su trabajo. Entre pop, baladas, ritmos que huelen a inciensos, manos que giran en abanico, cinturas al volante, lunares de brillo. Entre colorantes, estabilizantes, azúcar, sal y vinagre descongelamos el corazón de Pilar Sánchez, alias Pastora Soler, alias el punto medio entre Rocío Jurado y Celine Dion.

En un garito de la Warner Music rebobinamos hacia adelante y hacia detrás en una carrera de fondo con alguna valla, porque esta mujer lleva más de 25 años sobre el tartán, y como siga con esta fuerza en las cuerdas vocales igual la visten un disco de oro olímpico. Un tsunami de voz con toda la personalidad de una Giralda de este siglo en punto.

Se han ido los pies, definitivamente. Se quedan los oídos para escuchar la cara A y la cara B de una artista hecha con retales propios de fusión.

Hace 25 años, Luis Sanz, descubridor de Rocío Jurado, Lola Flores y Rocío Durcal, se fijó en usted. Buen ojo.

Buen ojo para descubrir talentos como Rocío Jurado... Para mí, que alguien con ese currículo y esa credibilidad, metido en el mundillo tan a fondo, se fijara en mí, imagínese la suerte. Ahí empezó todo. Siempre es necesario contar con alguien que te dé el primer apoyo para arrancar una carrera. Lo que ha venido después se lo debo a él.

¿Se sientes parte de esa saga?

Sí. La verdad. La artista que más ha influido en mí y sobre mi generación ha sido Rocío Jurado. A las de después quizás les pille más lejos, pero yo he tenido la suerte de verla en directo, de escucharla en sus momentos culmen. Sus viajes de la copla a las baladas con esa gran voz ha sido el espejo en el que me he mirado. ¡Ojalá pudiera ser descendiente de esa estirpe!

Un racimo de discos frescos. Su parra es casi un récord en esta España musical de éxitos y entierros vertiginosos.

Me ha costado buscar mi estilo, por eso canto un poco de todo. Al principio, eso se paga. Empecé con coplas, que es lo que había cantado desde niña, pero me inquietaban otros tipos de música. Fui probando registros hasta encontrarme. En un momento determinado se cae en las modas, en la música comercial, pero eso también forma parte de la experiencia de la vida y de este trabajo. Con todo, he tenido claro lo que no quería, hasta quedarme con lo que quiero.

En 1994 se arrancó por coplas. Después vinieron el pop, el dance, y la canción melódica. Ha cambiado usted el tópico de la flamenca sobre paño de encaje encima de las teles de España…

Bebo de una generación de copleras, pero estoy muy lejos de esos tópicos. Yo y muchas compañeras sabemos de dónde venimos, pero rompemos los esquemas con una música adaptada a nuestro tiempo. Cantamos canciones en el idioma actual. No se si habremos conseguido desterrar los tópicos rancios, pero yo lo he intentado bastante…

En sus bodas de plata vuelve con Sentir. Como si quisiera decirnos que lo importante es disfrutar cada día, cada escenario, cada acorde, cada paso…

Después de tanto tiempo, me he dado cuenta de que la música es sentir tú y hacer sentir a los demás. En mi carrera, con sus altibajos inevitables, con su parón y su vuelta, mi motor es lo que sentía desde pequeña: la vocación. Después de La calma, que fue un reencuentro conmigo misma y con el público tras cuatro años fuera de los escenarios, ahora quiero sentir cada cosa que hago para ofrecérselas a las personas que tengo alrededor.

Usted ha sido habitual en lo alto de las listas musicales, muy estable desde siempre en el prime time. ¿Cuál es el secreto para permanecer un cuarto de siglo con luz propia?

¡Hay que ver cómo suena lo del cuarto de siglo!... El secreto es la verdad: estar conectado con uno mismo y con lo que se quiere mostrar. A mí eso me ha costado años. Me fascina ver a artistas jóvenes que salen a la palestra con las ideas claras desde el principio, con un sonido hecho y con la personalidad tan esculpida. En mi caso ha sido un camino largo, siempre de cara al público, con discos diferentes. Pero una vez que encontré mi hueco, esa verdad y tu propia verdad personal son los secretos que te hacen permanecer a lo largo de los años.

¿Y cuál es el secreto para mantener esa sonrisa y ese poderío en una carrera que ha tenido también sus repechos de fatiga?

Aceptar los malos momentos, en la profesión y en la vida. Asumir que el estado de felicidad plena permanente no existe, que puedes aprender de las caídas para salir más fortalecida. Sinceramente, siempre he sido una persona optimista y tiendo a sacarle lo bueno a lo malo, incluso en los momentos difíciles. Esta sonrisa me acompañará mientras pueda.

¿La sonrisa es de Pilar o de Pastora?

Yo siempre soy Pilar, menos cuando subo a un escenario y me pongo a cantar.

Con 5 años ya despuntaba en la Feria de Abril. ¿Cuántas veces le dijeron que sería la nueva Marisol?

¡Muchas veces! Yo por entonces cantaba en la Feria de Sevilla en los típicos grupos que me ofrecían un micrófono, nada profesional. Siendo muy pequeña, me encontré a mi alrededor una etiqueta recurrente de niña prodigio. Nunca me he identificado con eso, porque, gracias a Dios, mis padres me tenían muy protegida: seguí con mis clases del colegio, del instituto, centrándome en los estudios y recurriendo a la música solo en momentos concretos. Esta protección de mis padres la agradezco mucho, porque a esas edades no hay que entrar de lleno en este mundillo.

¿Esa pasión por cantar viene de sangre?

No. Mi madre canta muy bien, pero es súper vergonzosa. A ella hasta le daba vergüenza que yo cantara, y cuando pillaba un micro, ella se iba de la sala. Mi padre siempre ha sido muy artista, pero tampoco. En mi casa nadie se ha dedicado a esto. El ambiente de mi familia siempre ha sido muy normal, ajeno al mundo del artisteo.

Con 8 años estaba con Lauren Postigo en “Los chavalillos de España”. ¿Fue bueno empezar tan pronto en un mundo tan exigente? Si su hija Estrella le dijera: “mamá, quiero ser artista”, ¿le daría carrete?

Si mi hija me dijera que quiere dedicarse a la música, haría lo que hicieron mis padres, porque en esto el equilibrio es muy importante. Es sano que los niños tengan aficiones y que los padres las alimentemos, pero con prudencia, porque a un niño no le corresponde estar en esta industria. No me parece bien que un menor tenga que estar sacando discos y haciendo promociones. Aquella experiencia con Lauren fueron actuaciones muy puntuales: cantamos en el Imperial de Sevilla, y vinimos a Madrid a grabar unas cositas, y poco más. Eran como excursiones entre niños de la misma edad.

Supongo que, a lo largo de su carrera, habrá visto a niños reventar de éxito.

Sí. Muchos. Además, he visto que es muy difícil que una carrera que se empieza siendo niño madure en el tiempo. Los que han perdurado han ido poco a poco, se han formado mejor, han ido aprendiendo, y han sabido combinar vida y talento. Estudiar está en la base de las trayectorias que no quieren ser flor de un día.

En 1988 sacó su primer disco: Gracias Madre. Entonces era Pilar Sánchez y se lo dedicó a todas las madres. Tenía usted 10 años. Su instinto maternal y su carrera musical han ido de la mano, parece.

Hace unos días escuché ese disco. El día que salió Sentir me llamó mi madre y que dijo: “Estoy emosioná, porque estoy escuchando Gracias Madre”. “Mamá, por favor, ¿saco nuevo disco y tú estás en 1988?”. El caso es que lo encontró y me lo puso. Es increíble escucharme con una voz de niña impresionante y, a la vez, sintiendo esas letras ahora más que nunca siendo madre.

En 1996 usted soñó un mundo en su segundo disco. ¿Se parece al que disfruta hoy?

Sí. Lo que siempre he soñado ha sido esto, y fíjese que aquel disco, que se titulaba El mundo que soñé, fue mi primer desengaño al ver cómo funcionaba este mundillo: las cartas de libertad de las compañías de discos porque no vendías nada… Pero, sí, mi ilusión desde que empecé es este presente. Y si me pregunta a qué aspiro, le diré que sigo con el mismo plan: dedicarme a esto hasta el final, porque es mi pasión.

Hace 20 años de Fuente de luna y el mítico Dámelo ya. Y el río fue sonando, y Hasan le dio dos décadas prodigiosas más. ¿Aquella canción es su gran punto de inflexión?

Le debo muchísimo, porque siempre hay que tener un éxito… Si además es un éxito de la calle, de la gente, de la noche… Para mi fue gracioso tener 19 años, salir de copas con mis amigas, que pusieran el tema y ver cómo la gente se volvía loca. Ahora la gente se agarra más a mis canciones para llorar, pero en aquel momento era una banda sonora para bailar, y reír, y pasar buenos ratos. Con Dámelo ya empecé a encontrar un camino de mucha mezcla que, durante un tiempo, fue muy productivo para mí.

Escuchar música para llorar, porque cree que llorar tiene su punto positivo, entiendo.

Cuando una canción te emociona y te ayuda a sacar cosas que están muy dentro, sirve bastante. Una canción que te empuja a desahogarte, en el fondo te reconforta.

Con Dámelo ya arranca su éxito internacional.

Cuando todo el mundo se iba a Latinoamérica, con Dámelo ya yo me fui a Turquía, porque el tema, que tenía mucha raíz árabe combinada con flamenco, se colocó en el número 1 en varias emisoras de radio.

Y, desde entonces, le siguen escuchando más allá de nuestras fronteras.

Ahora más en Latinoamérica, sobre todo en Argentina y México.  

Solo Plácido Domingo, Paco de Lucía, Josep Carreras y usted han cantado en la Opera House de El Cairo. ¿Qué pirámide es usted?

Pues ni Keops, ni Kefrén, ni Micerinos… (risas). La música árabe tiene muchas similitudes con la nuestra, sobre todo en la manera de interpretar. Supongo que el éxito en aquellos países sería por eso, porque si no, no lo entiendo.

Después vinieron otros cuantos discos, incluidos Toda mi verdad, Bendita locura, Una mujer como yo, La tormenta, La calma… Parece que los títulos y su vida van de la mano. Y se intuye una biografía como montaña rusa, con picos de vértigo, pero también con alegría de vivir.

Los discos tienen mucho que ver con el momento personal de un artista. En los títulos se vislumbran reivindicaciones, estados vitales, y las procesiones que van por dentro y acaban saliendo fuera.

¿Nunca se ha visto tentada para hacer canciones de protesta social?

No es mi mundo... Aunque haya canciones mías que tienen un punto de reivindicación personal, al final las letras son de amor o desamor. Es lo que el público quiere, y es lo que le voy a dar.Pastora Soler. Foto: Álvaro García Fuentes

Su historia está llena de amigos en sus discos y sus escenarios. Cuénteme lo que usted ve en el de tú a tú y nosotros no vemos sobre:

Alejandro Sanz

Es para que lo viera todo el mundo por un agujerito, porque refleja bien el lado humano y personal de los grandes. Incluso para que miren los que no son grandes, pero se creen enormes… Alejandro es el artista más grande. Desde que le he conocido, siempre he percibido de su ejemplo lecciones de humanidad, de saber estar, de ser un caballero, y de, por encima de todas las cosas, ser una buena persona. Es un tío normal, llano, con sentido del humor, para verlo en modo andar por casa y flipar con él.

Malú

Igual. Los grandes son personas y es una suerte conocer ese lado humano. Cuando estamos fuera del escenario todos empatizamos entre nosotros, porque sentimos que nos apetece quitarnos de en medio el rollo-artista y estar relajados, entre amigos.

Vanesa Martín tiene un punto especial en su carrera, ¿no?

Vanesa es una de mis mejores amigas, más allá de la profesión. Cuando ella estaba empezando me acerqué a pedirle canciones y descubrí a una poeta, a una autora necesaria, sobre todo para los intérpretes como yo, y desde ahí hemos construido una bonita amistad. Quizás han sido estos últimos años donde más momentos hemos compartido juntas, también entre nuestras familias. Nos admiramos, nos queremos, nos gusta ser amigas. Con ella hablo de todo, menos de música.

¿Raphael?

Sus canciones traspasan barreras de tiempo, y las generaciones actuales también se sienten interpeladas por su música. Creo que es un icono, también para la gente joven, y gracias a Dios, porque se nos ha ido un Camilo Sesto al que nunca hemos terminado de valorar como se merecía. A Raphael, por estar en activo y seguir llevando su carrera como si tuviera 20 años, se le respeta por antonomasia.

¿Cómo lee el fenómeno Rosalía?

Admiro a los artistas que nacen con las cosas tan claras. Admiro como ella ha sido capaz de sacar adelante un proyecto tan difícil, porque es súper complicado. Yo he escuchado mucho a La Niña de los Peines, a La Perla, y a todo ese flamenco rancio, y Rosalía tiene eso, y tiene lo otro. Es una artista que puede hacer lo que quiera siendo muy creíble, que es lo que suele pasar cuando vas cambiando de estilo con tanta personalidad. Ella puede hacer una bulería de La Niña de los Peines, o un reguetón con cualquier de los artistas latinos, y nos la creemos siempre a pies juntillas.  El futuro tiene que ver con las fusiones. El orgullo de contar con una española que lleva aires flamencos por el mundo es para aplaudirlo a tres manos.

En este mismo sofá conocimos a David DeMaría, que también está muy ligado a su carrera.

Mucho. Somos un grupito que hemos compartido generación, con sus ventajas e inconvenientes, porque hemos sufrido la transición entre la venta de discos y el nuevo sistema de la era digital, los nuevos sonidos, y entre nosotros, nos apoyamos muchísimo. Uno abre la puerta, y por ahí pasamos todos. Eso nos ha unido a todos de manera especial.

¿Cómo anda usted las pistas del nuevo mercado musical?

Como consumidora de música, sé que es muy complicado que yo misma compre un disco… La escucho por iTunes, de manera legal, pero el sentido romántico del disco físico es muy difícil de mantener. Dentro de muy poquito no habrá discos físicos.

¿Quién es Pilar Sánchez sin micro?

Una persona normal. Ahora, muy madre, y me encanta. Este trabajo permite meterte de lleno en algunas temporadas, y ser después una más. Disfruto de ser ama de casa, de poner lavadoras, de planchar, de llevar a la niña al colegio, de estar en los grupos de WhatsApp de las madres. Saboreo esas cosas y las echo de menos cuando estoy trabajando.

¿Qué disco de oro es su familia?

¡Un disco de diamante! Los premios y los reconocimientos profesionales nos gustan a todos, pero el premio gordo -y sé que suena a tópico, pero es verdad- es mi familia. Siempre me he preocupado por vivir todas las etapas de mi vida: mi niñez, mi adolescencia… ¡No he querido perderme nada!  A veces me ha dado miedo meterme tan de lleno en la música que pudiera entrar en la espiral del más y no tuviera vida cuando le diera al stop. A veces he sentido miedo a ir tan rápido por esa calle paralela y que se me pasara construir una familia, tener amigos… El artista primero vive, construye su familia, se rodea de amigos, y después levanta su carrera.  

Ha llenado usted casetas, iglesias y teatros reales. Ha sonado en discotecas y en ferias de pueblo. Ha sido un hit en Turquía. A la voz con pasión no se le pueden poner puertas…

No. Con vocación y pasión todo es posible. Ha habido momentos en mi vida en los que he dicho: “No canto más”, y, sin embargo, aquí estoy. No hay manera de frenarlo…

Dignificó usted nuestros tristes points de la historia reciente  de Eurovisión con Quédate conmigo. Hace siete años. Dígame la verdad: ¿Eurovisión es una tumba, un trampolín, mejor que no te toque, es una oportunidad de disfrutar, es pura geopolítica...?

Eurovisión es una oportunidad de disfrutar y un trampolín. Si vas al festival con la pretensión de ganar, te equivocas. Para mí fue una oportunidad para mostrarme de una manera que mucha gente no había conocido, por eso me preocupé de buscar una canción con la que me sintiera especialmente identificada. En mi historia, Eurovisión fue una oportunidad de quitarme etiquetas, sobre todo entre los españoles. Mi objetivo fue disfrutar de ese momento. Con cuatro puntos básicos muy claros, no tiene por qué salir mal. Es más, aunque termines con un resultado pésimo, si has hecho una buena actuación, ¡que te quiten lo bailao!

¿Quién debería ir a Eurovisión para hacer un Massiel en el siglo XXI?

Cuando me preguntaban esto tiempo atrás, siempre decía que Blas Cantó, y es el que va a ir en 2020. Le veo muchísimas papeletas para hacer un buen papel. En Eurovisión gustan mucho los perfiles jóvenes, y él es joven, fresco, transmite una enorme seguridad, mucha disciplina, un estilo muy personal… Hablo mucho con él. Ahora solo le falta encontrar ese tema que será el tema de su vida. 

25 años de carrera, y algunos solo se fijan en aquel episodio del miedo escénico, tan humano, por otra parte. Visto con un lustro de perspectiva: ¿usted es más auténtica ahora?

Siempre he sido muy de verdad, pero ahora tengo más lecciones aprendidas.

¿Su música es más sincera ahora?

Por lo menos es más yo y suena más a lo que quiero hacer. Llevo mejor las riendas de mi carrera.

Da la impresión de que ser artista en la cumbre y vivir son carreras incompatibles. ¡Está mal pensando esto! ¿Las discográficas ahogan o son ustedes mismos los que se meten en esa lavadora por autoexigirse más de la cuenta?

Todo empieza por nosotros mismos. Cuando tuve que parar, me exigía más que mi público. Venía de Eurovisión siendo escuchada de la manera que quería y con mucho cariño al otro lado de los escenarios, y fui la que me puse el listón un poco más alto. En esta profesión, cuando consigues cosas, siempre quieres un poquito más, y eso es un error.

A usted le dio un desmayo. Otros se enganchan a la heroína. ¿Nadie ayuda a echar el freno antes de que sea tarde?

Es muy difícil… Los momentos de debilidad estallan siempre por algún lado, pero no hay nadie que te diga que debes parar. Aquí, cuando todo va bien, todo el mundo te empuja a seguir corriendo.

La impresión desde fuera es que al artista le sacan más petróleo del que puede dar un ser humano.

Totalmente. Cuando suena la flauta, todo lo que está alrededor, en vez de decirte: “Ten cuidado”, te animan a aprovechar el momento antes de que se acabe, “porque no sabemos cuánto va a durar”.

Falta alma, entonces, en este mundo.

A veces, sí. Ahora mismo estoy muy bien rodeada. He dicho que quiero hacerlo a mi manera, despacio… Una de mis condiciones es no hacer nunca más de tres conciertos seguidos. Antes era incapaz de decir que no a un trabajo. En este momento, tanto en la compañía como en mi oficina todos están a lo que yo diga, quizás porque he tocado fondo y he vuelto a nacer.

Con todo lo aprendido, si le nombraran coach de un Operación Triunfo, ¿qué grabaría a fuego a los que arrancan por estas pistas de vinilo?

Que hay que tener vida más allá de las ambiciones artísticas. No se puede dejar la vida de lado, porque todo va muy rápido, y no podemos perdernos lo mejor.

¿A qué persona artista admira usted sin matices?

A Celine Dion.

¿En quién se mira?

En Rocío Jurado.

Sevillana. El pasado febrero recibió la Medalla de Andalucía. Hábleme de una Andalucía sin etiquetas.

En Andalucía hay mucho talento, mucha alegría, mucha alma, ¡y muchas ganas de trabajar! ¡Muchas!

Hablando de Sentir:

¿Se siente profeta en su tierra?

Sí.

¿Se siente a gusto en la tele?

Al principio, no. Ahora, quizás sí. En cualquier caso, es un medio que debes saber controlar, porque es el que vende, pero hace falta mucha seguridad en una misma para mostrarse tal cual.

¿Bertín Osborne ha sacado de usted su mejor lado-tele?

Tengo la suerte de que me han hecho programas muy bonitos en mi vida profesional, pero Bertín me cogió en un momento en el que la gente quería escuchar mi versión de los hechos. Él sabe hacerlo muy bien, porque se pone como si estuvieras charlando con un amigo, y te lo saca todo. En esta última etapa la suya ha sido una entrevista especial.

¿Se sienta ahora más veces a contemplar la vida real?

Sí. Siempre he sido de valorar las cosas. Al final, la felicidad son momentos, y todo eso ahora lo disfruto más. Además, la maternidad te hace ver las cosas de otra manera.

¿A qué tipo de política le diría: ¡se sienten, coño!?

La verdad es que no entiendo mucho esta política, y prefiero huir de ella, aunque pueda parecer poco responsable. Yo voy a votar, pero no me siento identificada con el escenario que tenemos.

¿Qué siente con toda la pena de su alma?

Muchas injusticias. Te pones a ver las noticias y te apetece casi más conectarte a Gran Hermano… Hoy veíamos a una madre que había prostituido a sus hijas y las grababa en vídeo… ¡Hechos que están en contra de la naturaleza, en este caso, de una madre! Me duelen muchas cosas que pasan en el mundo.

¿Se nota y se siente que la segunda hija que lleva dentro está presente?

¡Claro!

¿Cómo casan la fama y la timidez?

Regular. Ahora tengo un máster, pero me ha costado. Hace unos años lo hubiera pasado fatal con una entrevista como esta. Al final admites que eres como eres, y si metes la pata, pues la sacas, y tampoco pasa nada.

¿La Pastora-Soler-leona está más viva que nunca?

Pues sí. Y encima, embarazada. Ese instinto te saca lo más grande…

¿Cómo es su feminismo?

No me gustan los extremos en ningún ámbito de la vida. Cuando tienes la oportunidad de dirigirte a la gente, debemos dar ejemplo. Las mujeres hemos conseguido muchas cosas, pero aún quedan cuestiones por las que debemos luchar. Por ejemplo, cuando me quedé embarazada pensé: ¿paro o sigo? ¿Y por qué me voy a parar? Además, quiero hacer un homenaje a todas esas mujeres que trabajan hasta el último mes de embarazo, que tienen cuatro meses de baja maternal y que son las verdaderas heroínas, porque no tienen más remedio que hacerlo. Yo puedo elegir, pero voy a tirar para adelante como una madre más. Me siento partícipe de la sororidad de mi época, porque todas tenemos el mismo objetivo. Ese feminismo tranquilo y pacífico, sí, hasta el fondo.

En 2014 usted pensó que se moría. ¿Se ha dado cuenta ya de que era imprescindible?

Desde el principio he palpado que la gente me quiere, y eso es muy bonito. Estuve casi cuatro años fuera de los focos, y muchas personas me han dado ánimos por la calle, me han escrito cartas preciosas… Y a la vuelta al ruedo, he notado más cariño todavía.

Dígame algo para la gente a la que se le cae el mundo encima y necesita que le echen una mano sonriente como la suya.

Lo más importante es no engañarse a uno mismo. Cuando existe un problema, hay que enfrentarse a él de frente, porque lo que sale natural es taparlo y mirar para otro lado. Conocernos y escucharnos a nosotros mismos es esencial. En el momento en el que nos aceptamos con nuestros problemas, que no cundan las prisas. No todo tiene que ser para ya. A veces hay que pararse, porque necesitamos tiempo para levantarnos.

Nada de burladeros.

¡A la plaza! ¡A torear!

¿Es usted más de la Virgen del Pilar o de la del Rocío?

Soy más del Rocío.

¿Le canta a la Virgen en la intimidad?

Cantar, no; rezar, sí. Me encomienda a ella muchas veces. No soy practicante, pero sí soy creyente. Me reconforta esta conexión.

Si Dios quiere, hasta los 50 años en las tablas, ¿o más allá?

¡Espero más allá! Mi fuerte es mi voz. No soy cantautora y no puedo ofrecer otra cosa. Para que dure hay que cuidarla mucho. Este año he estado viendo en directo a Celine Dion en Las Vegas, que era uno de mis sueños, y tiene más de 50 [51, en concreto] y está en pura plenitud. ¡Mientras haya voz, habrá Pastora!Pastora Soler. Foto: Álvaro García Fuentes

REBOBINANDO

La vida, a veces, te ofrece la posibilidad de meterte en las entretelas de personas con nombre artístico que son personas con nombre artístico. Gente con talento, que ha trabajado duro, con una vocación como una catedral, una pasión XXL y dotes más fuerte que un torrente, que han descubierto la belleza de vivir antes de morir de éxito, y han madurado con un atractivo de irresistible autenticidad.

Pastora Soler es un pilar de sabiduría levantado entre la calle y los escenarios, los números uno y la asfixia de los focos, la ola de la fama y la timidez de una mujer en vaqueros que compra en los mismos supermercados de 2x1.

Cuando las circunstancias hacen que una artista en la cumbre patine sobre el hielo de la incertidumbre, las televisiones, las plumas, y los micrófonos se posan como buitres sobre el fracaso. Todavía nos falta crecer como sociedad para medir con objetividad el éxito y valorar las resurrecciones, para rebajar los grandes elogios y rebajar también los errores del directo. Pero contra los buitres que meriendan su carroña, las personas con fundamentos levantan el vuelo como águilas reales. Más señoriales, más majestuosas, más humanas y más resistentes al trending topic.

Pastorea Pilar aquel rebaño de buitres para llevarlos ante el espejo de la misma vida. La que los propios enterradores atravesarán más tarde o más temprano.

Una voz como un tsunami se oye de nuevo en las ondas. Es Pastora que luce otra vez soles de forja. Miren esa sonrisa, escuchen Sentir, y díganme si tanta verdad sobre un escenario es un fenómeno paranormal o es solo un extraordinario ejemplo de que los platillos con volantes hechos a mano sobrevuelan el panorama como si estuviéramos hablando de una artista de otro planeta.

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