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Juan Caño: “El periodismo sobrevivirá si ponemos pie en pared y hacemos bien nuestro trabajo”

Confidencial Digital | 21 de noviembre de 2020

Juan Caño preside la APM desde noviembre de 2019. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.
Juan Caño preside la APM desde noviembre de 2019. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Un veterano del cuché al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Primer cumpleaños. Un mandato gemelo al del Gobierno del Ministerio de la Verdad. En línea con la Secretaría de Estado de Comunicación pidiendo que nos quiten las zarpas de encima. A sus 75 primaveras gasta sus días laborables en defender las esencias de una profesión a la que el 47,7% del último CIS tira de las orejas. Llegó al periodismo por Don Balón y el olor a imprenta, y metió goles como Muy Interesante. El ex director de El Caso -especial sucesos made in Spain- no echa en falta más imágenes reales de esta pandemia contada, sobre todo, con balcones de aplausos. Narró en directo el Watergate y el despegue del Apolo 11. Vivió la censura de la dictadura y ahora observa, en tribuna, la nueva censura de la nueva normalidad. Conciliador. Más tila que redbull. Contra el control de Moncloa sus pancartas se escriben en A4 con membrete de comunicados. Un superviviente a la transición del vegetal al digital en mitad de un huerto con flores, calabazas y tomates. Entre horizontes azules, agujeros negros, números rojos, disparos morados, napalm, azufre y fake news, caen granadas oficiales mientras sopla la vela tísica del periodismo con mascarilla. Y la venta de crecepelos…

En esta esquina de Madrid -Juan Bravo con Claudio Coello- hay cinco señales de stop, dos pasos de peatones y un chaflán con nueve tatuajes que piden a hierro libertad de expresión. Estamos en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y casi suenan de fondo las máquinas de escribir. Madera de siglo XIX. Acolchados del siglo XX. Hidrogel del siglo XXI. La historia de esta casa de la prensa madrileña cumplió en mayo 125 años y a Juan Caño le ha tocado dirigir el bote en mitad de una pandemia que ya mataba al periodismo antes del coronavirus. 

Una sala de espera. Un señor. Un despacho ministerial. Atravesamos el túnel de los retratos de los hombres y mujeres ilustres que han capitaneado estas tablas. Desde Miguel Moya hasta Victoria Prego, pasando por Manuel Aznar, Gómez Aparicio, Luis María Anson o Carmen del Riego. En este pasillo de agradecimientos solo queda un espacio para el retrato de Caño y de momento lo ocupa una placa que pone “extintor”. Ojalá ese cartel sea profético, porque el periodismo está que arde.

Hablamos con un caballero casi inglés de sonrisa casi tímida que se despierta cada día escuchando a Carlos Alsina, después se pasa por las ondas de Carlos Herrera, ojea sobre su mesa El País, El Mundo, ABC, La Razón y La Vanguardia, lee con atención las noticias sobre la APM y el periodismo que le compendia cada jornada su departamento de comunicación, hace clic en algún digital -El Confidencial, El Español… “y también Confidencial Digital” [guiño, guiño]-, sigue en la tele a Vicente Vallés y a Ana Rosa Quintana, y detesta Twitter.

En un córner curvo de la mesa posa, midiendo sus palabras con diplomacia cuasi vaticana, un hombre que se hizo periodista “porque no podía ser otra cosa”. Hijo del alma de Don Balón y de Cicerone. Niño entre máquinas de imprenta con las revistas en el ADN. Profesional en la cúspide de El Caso, La Actualidad Española, Muy Interesante, Teleprograma y Quo.

¿Quo vadis, periodismo?

Nos adentramos en una biblioteca con chimenea cegada, mesa estilo consejo de ministros y ministras, y más de 13.000 volúmenes de fondo para darle forma a esta conversación entre dos colegas y un destino. Luz tenue y taquígrafos del iphone.

Usted…

Por favor, no me llame de usted…

No me va a salir llamarle de tú. Además, luego transcribiré esta conversación hablando de usted.

No sé por qué. Somos compañeros de profesión. A mí me gusta hablar de tú a los colegas.

Perfecto.

Además, la diferencia de edad no puede expresarse con el usted, porque si no uno se siente mucho más viejo.

Hace un año que fuiste elegido presidente de la asociación de periodistas más numerosa del país. Desde entonces, un nuevo Gobierno que proyecta un misterioso comité de desinformación y una pandemia censurada. ¿Su balance en titulares?

Cuando fui elegido, me decía: ¡Madre mía, lo que se me viene encima! Pero no podía imaginarme que sería tanto, especialmente lo de la pandemia, que ha supuesto un desbarajuste importante a muchos planes que tenemos entre manos, especialmente, los que tienen que ver con el 125 aniversario de la APM, que celebramos desde el pasado mayo.

¿Podría ser la celebración más reivindicativa de la historia del periodismo español?

Será reivindicativa, pero, sobre todo, debe ser una ocasión para poner de manifiesto los valores de nuestra profesión. Indudablemente, eso significa ser reivindicativos, porque la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad de expresión son cuestiones esenciales en este oficio. Vivimos un tiempo en el que el Gobierno está poniendo muchas trabas a la labor periodística. Contar la verdad y resguardar la libertad de expresión parecen una carrera de obstáculos.

 

“Este Gobierno está poniendo muchas trabas a la labor periodística. Contar la verdad y resguardar la libertad de expresión parecen una carrera de obstáculos”

 

La APM nació hace 125 años, entre otras cosas porque había varios periodistas encarcelados por delitos de opinión. Gracias a Dios, hemos evolucionado, pero vemos que la libertad de expresión se encuentra amenazada en algunos momentos. El protocolo contra la desinformación aprobado por el Gobierno es un resquicio que se abre para el control de los medios, y esa grieta debe ser taponada antes de que se cuelen normas que afecten a nuestra libertad de expresión.

Decía que esta casa se puso en marcha porque había colegas presos por delitos de opinión. ¿La sociedad de hoy está presa de falta de información? Muchos periodistas se quejan de las dificultades que tenemos para contar lo que de verdad está pasando en esta pandemia.

Eso es así. No hay duda de que los responsables de tomar decisiones no han sido claros durante la pandemia. Es más, nos han mentido, como vimos con el inexistente comité de expertos…

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Desde 2015 a noviembre de 2020 han salido de los despachos de la APM más de 60 comunicados pidiendo la defensa de la libertad de prensa y de expresión. Han tenido poco eco. ¿No existen mecanismos para exigir esos principios democráticos con más contundencia?

Lo hemos pensando, pero, lamentablemente, tenemos un problema: en España no existe la suficiente unión entre los medios para dar juntos esta batalla. Acabamos de ver que tres cadenas de televisión de Estados Unidos decidieron cortar la emisión de un discurso del presidente, porque entendieron que estaba transmitiendo falsedades. Replicar eso en España es imposible de imaginar. A mí me gustaría que todos los periódicos de Madrid se juntaran en una manifestación de protesta, pero es inviable.

 

“A mí me gustaría que todos los periódicos de Madrid se juntaran en una manifestación de protesta contra las injerencias políticas, pero es inviable”

 

Antes y después de su elección se comprometió a hacer comunicados más rotundos contra los abusos sobre el periodismo. En abril, la APM lanzó dos comunicados para exigir a Moncloa replantear ruedas de prensa normales, y se escucharon sus propuestas.

Exacto. No solo hicimos comunicados, también hubo gestiones personales con la Secretaría de Estado de Comunicación para que cambiaran el sistema de ruedas de prensa, que era muy poco transparente.

Después de tantos años de periodismo, ¿hemos llegado hasta aquí para tener que pedir ruedas de prensa con preguntas a una Administración parapetada en su poder?

Eso es lo que se ha producido y eso es lo que nosotros hemos denunciado. Para tomar otras medidas necesitamos la unidad de todos los medios.

Desde abril hasta el pasado 10 de noviembre no ha habido más comunicados relacionados con el ejercicio del periodismo en la cobertura de la pandemia. Y muchos compañeros creen que desde marzo hasta ahora el periodismo está en estado de censura crónico.

No entiendo por dónde vas.

Que durante ocho meses no hemos podido preguntar lo que queremos, no hemos tenido datos claros, dudamos de la veracidad de los portavoces oficiales, no hemos podido acudir a las fuentes de la información y ver con nuestros ojos desde los epicentros de la pandemia... Ocho meses son muchos días. ¿El periodismo está en un estado de alarma de censura crónica?

Todo lo que ha dicho es cierto. Los periodistas no hemos podido realizar nuestro trabajo con la libertad requerida ni acceder a las fuentes indispensables durante esta pandemia. De ahí a denunciar un estado de censura crónica… En momentos graves como una guerra, una catástrofe natural o una pandemia, se piden unas explicaciones al periodismo que a veces no puede dar. Es un tema complejo. En ocasiones nos concentramos solamente en la parte política del periodismo, y nuestra profesión tiene tres funciones fundamentales: informar, formar y entretener. Informar es una tarea que hoy se presenta llena de dificultades. Formar es una responsabilidad que hemos cumplido. El periodismo ha estado constantemente facilitando noticias, reportajes y opiniones que han calado en la opinión pública y han ayudado a combatir la situación. Pero nuestro oficio tiene otra cuarta función importante: animar a la población en momentos de calamidad. Algunos medios han puesto de manifiesto la heroicidad de muchas personas y las historias positivas. A mí me motiva ver que el periodismo es capaz de ayudar a las personas a mejorar sus vidas y a ser un poco más felices. Nuestra profesión es puro servicio.

 

“Además de informar, formar y entretener, nuestro oficio tiene la función de animar a la población en momentos de calamidad”

 

El problema es que si contamos una pandemia poniendo el foco en miles de balcones aplaudiendo…

No. Pero tampoco podemos contar la pandemia exclusivamente con garajes llenos de ataúdes, al menos en un momento como este.

Desde las instituciones se niega el acceso a los focos de la pandemia alegando la defensa del derecho a la intimidad de las personas. ¿Nos están diciendo las instituciones que no se fían del periodismo? ¿Ponen en duda, sin matices, la ética de nuestro ejercicio profesional?

El buen periodismo siempre tiene en cuenta el derecho a la intimidad de las personas. En muchas ocasiones, efectivamente, no es creíble la supuesta defensa del derecho a la intimidad para recortar el acceso a los medios. Es una excusa para vetar que se conozca una parte muy importante de la historia: la vivencia personal de muchas personas que han sufrido o han vivido esta crisis en primera línea.

Fotoperiodistas reconocidos por contar la realidad sin ñoñería y, a la vez, respetando escrupulosamente la dignidad de las personas, se quejan porque se ha censurado su capacidad de trabajar en esta pandemia. Quienes nos cierran las puertas, ¿nos colocan a todos en al bando del morbo? ¿No confían en el periodismo de calidad?

Sin embargo, ha habido suficientes ejemplos gráficos de hechos lacerantes: pasillos llenos de enfermos casi terminales, ataúdes… Todo eso ha salido.

Le parece suficiente.

Sí.

En ocho meses se pueden contar con los dedos de una mano las portadas de periódicos nacionales con alguna fotografía ilustrativa de lo que nos está pasando. En España todavía hay negacionistas, quizás porque no les hemos convencido con la realidad de los hechos contados con profesionalidad.

¿Y qué ha pasado en otros países? ¿Los medios extranjeros están cubriendo esta crisis mejor que en España?

Depende del país y, sobre todo, de los propios medios, pero los ha habido más valientes para contar las cosas como son. Como hace el periodismo de toda la vida.

Por escrito, sí, pero con imágenes…

También.

No lo he visto.

Entonces enmendemos la plana a todos los políticos del mundo que han impuesto un lacito rosa para envolver al periodismo imponiendo el tabú de la muerte.

A veces han sido los propios directores de los periódicos los que han puesto el límite.

 

“A veces han sido los propios directores de los periódicos los que han puesto el límite en la publicación de noticias duras durante la pandemia. No lo llamaría autocensura, sino autorregulación”

 

¿Cuál es el límite entre esa decisión editorial y la autocensura?

No lo llamaría autocensura, sino autorregulación. Nuestra profesión, gracias a Dios, no está regida por una ley de prensa, sino por las decisiones que toman los directores de periódicos o cadenas para decidir cómo ofrecen la información.

Como presidente de la APM: ¿Tendría algo que objetar a la Secretaría de Estado de Comunicación por lo que ha vivido el periodismo en esta pandemia?

Hemos estado haciéndole llegar nuestras quejas.

Hay línea directa.

Sí.

Y ve que se atienden sus demandas.

Algunas sí, otras no, pero el diálogo existe.

Decía usted: "Si se apaga la libertad de información nos quedamos a oscuras". Un año después de su declaración, ¿estamos más a oscuras?

Estamos más a oscuras, pero por una situación circunstancial, espero, que se llama coronavirus.

Ha vivido casi el 40% de la historia de la APM en el ejercicio de la profesión. ¿Cuál es su crónica del progreso o regreso de la influencia del periodismo español en estos años?

Esta mañana he estado en la inauguración de un curso sobre periodismo internacional en la Escuela Diplomática. Me he acordado de que cuando fui corresponsal de EFE en Londres y en Washington llegué a ambas capitales sin ningún bagaje de formación. Jamás me ofrecieron un curso así. En este momento, el periodismo está infinitamente más profesionalizado y mucho más preparado que cuando me inicié en el oficio.

A la vez que nos preparamos mejor, nos toca ejercer en medio de una crisis económica crónica desde hace más de una década, en un clima de precariedad laboral y, posiblemente, con directores más pegados a lo políticamente correcto. También es cierto que cada vez salen más licenciados de las facultades de Comunicación derechos a un panorama complicado.

Uno de los grandes problemas que no hemos afrontado suficientemente es el aumento anual de periodistas que salen de las facultades mientras se recortan los posibles puestos de trabajo. ¡No sé por qué se sigue permitiendo la creación de nuevas facultades de Comunicación! No sé por qué se permite acceder a esta carrera con tanta facilidad o por qué no existen notas de corte mucho más altas para hacer una selección desde el principio y evitar la entrada masiva.

 

“Uno de los grandes problemas que no hemos afrontado suficientemente es el aumento anual de periodistas que salen de las facultades mientras se recortan los posibles puestos de trabajo”

 

Si usted tuviera que decidir los criterios para que una persona accediera a los estudios universitarios para ejercer el periodismo…

Mucha gente me pregunta: “Oye, mi hijo quiere ser periodista. ¿Qué opinas?”. Respondo sistemáticamente: si quiere elegir la profesión más hermosa que sepa que antes se requiere vocación. Que nadie entre en esta carrera porque es una de las más fáciles…

Le habrán dicho: “mi hijo escribe muy bien, y quiere hacer Periodismo”.

Escribir bien es accesorio. Para ser periodista hace falta vocación, curiosidad y ser un conseguidor nato.

Dígame la verdad. En estos años, ¿a cuántos amigos ha desanimado para que eviten que sus hijos sean periodistas?

¡A ninguno! El que quiere ser periodista ya ha superado el primer criterio de selección.

El pasado 11 de noviembre el CIS adelantó una encuesta que dice que el 47,7% de los participantes ve con peores ojos a los medios de comunicación tras la crisis del coronavirus. Casi media sociedad española.

Es una opinión sesgada, circunstancial, y un reflejo de la rabia que tenemos todos por la situación que nos ha tocado vivir. A veces, sin reflexionar suficientemente, somos capaces de decir cosas que no pensamos de verdad. La sociedad es consciente de que el trabajo periodístico está siendo dificultado por los dirigentes políticos que han secuestrado la información en beneficio de sus puestos.

 

“La sociedad es consciente de que el trabajo periodístico está siendo dificultado por los dirigentes políticos que han secuestrado la información en beneficio de sus puestos”

 

¿No cree que la calle espera mucho mejor periodismo y menos propaganda? No hablo ya de las dificultades que nos ponen otros, sino de las etiquetas y los bandos en los que nos situamos también nosotros mismos.

La gente está cansada de la politización de los medios y está pidiendo un periodismo más constructivo. The New York Times o The Washington Post ya tienen secciones de historias positivas y sirven así a una sociedad que necesita informaciones que nos aúpen para salir de esta situación sin quedarnos atrapados en la parte más sucia de la actualidad.

La crisis económica, la crisis de modelo y otras crisis paralelas hacen que las empresas informativas estén en el alero. Usted ha sido profesor universitario de esta materia. ¿Qué ayuda más a la supervivencia de un medio: transigir para recibir contraprestaciones económicas, o poner pie en pared y hacer bien nuestro trabajo?

Poner pie en pared y hacer bien nuestro trabajo hará que sobreviva el periodismo. Transigir con cualquier cosa por un precio es pan para hoy y hambre para mañana. Nuestra obligación es atravesar las complicaciones y seguir adelante. Pero los periodistas hemos cometido muchos errores. Hemos pecado de soberbia ante el nacimiento de internet. En su día, pensamos que era un medio que no afectaría a nuestras cuentas de resultados, que tenían un 40% de retorno de las inversiones… No vimos ese tsunami. Y ha habido más equivocaciones, como la de quienes predijeron la desaparición del papel en el siglo XXI. Incluso algunos que alertaban de eso terminaron comprando periódicos de papel. Ahí está el caso de Jeff Bezos y The Washington Post.

 

“La gente está cansada de la politización de los medios y está pidiendo un periodismo más constructivo”

 

¿Le da usted más vida a la prensa en papel?

La prensa en papel continuará por mucho tiempo, pero de otra forma. Creo que será la alta costura del periodismo, e internet, el prêt-à-porter. Habrá periódicos en papel que serán muy exclusivos, caros, y quizás no salgan todos los días. Probablemente los editores pierdan con ellos, pero cubrirán esa inversión con las versiones digitales. Igual que Dior pierde dinero con sus desfiles de moda y después lo recupera en sus tiendas para todos los públicos.

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Hábleme de esas periodistas y esos periodistas que hicieron muy bien su trabajo y deberían ser un modelo profesional en estos tiempos de precipicio.

Son muchos. Luis María Anson, Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián han sido grandes directores de medios. 

¿Mujeres?

Cuando yo empecé en el periodismo había muy pocas mujeres. Hoy, en la APM son más del 50%. Destacaría a profesionales como Josefina Carabias, o mucho después, Pilar Urbano.

Usted fue delegado de EFE en Washington y cubrió en directo el Watergate. ¿Cómo lee el trabajo del periodismo español en torno a Trump?

Depende del medio… Es muy difícil imaginar lo que pasa en los Estados Unidos desde fuera. ¡Es un mundo con unas instituciones tan diferentes a las nuestras! No es fácil reflejar esa diversidad en tres o cuatro crónicas. Mientras cubríamos el Watergate no nos dábamos cuenta de la importancia histórica que vimos después. En la etapa de Trump, desde el principio vimos la importancia que tendría y creo que eso sí se ha transmitido bien.

¿La importancia para…?

Para Estados Unidos y para el resto del mundo. La importancia de una gestión política tan diferente a la que estamos tan poco habituados. Lo que pasa es que coincide con el nacimiento de grupos populistas por todo el mundo y se acaba enmarcando en ese contexto.

¿Cuándo habla de “la importancia de la etapa de Trump” lo dice en tono positivo, o en tono objetivo?

En tono objetivo, obviamente.

Mi impresión es que la inmensa mayoría de los periodistas nos hemos posicionado contra Trump casi en bloque. Como si nos cayera mal, o estuviéramos personalmente en contra de sus ideas, y sobre ese prejuicio hemos montado nuestras informaciones.

Esa opinión ha sido sesgada. Quizás nos hemos dejado llevar por algunas declaraciones extemporáneas de Trump contra los periodistas. No hemos sido capaces de contar que casi la mitad de los americanos estaban totalmente a favor de su presidente.

 

“La prensa en papel continuará por mucho tiempo, pero de otra forma. Creo que será la alta costura del periodismo, e internet, el prêt-à-porter”

 

¿La Agencia EFE sigue siendo una referencia profesional?

En muchos países iberoamericanos, sí.

¿Aquí?

No tanto.

¿La destitución Fernando Garea ha afectado a su prestigio como agencia de información de calidad?

Puso demasiado de manifiesto que EFE depende del Gobierno.

La dependencia del gobierno -de este y de los anteriores- se entiende. Pasa también en otros países con agencias similares. Pero, a veces, hay gobiernos que intervienen demasiado…

Claro. Se nota más cuando hay personas en el gobierno especialmente interesadas en los medios de comunicación.

¿Este Gobierno entiende la libertad de expresión?

La entiende perfectamente. Es muy fácil. Que la respete es otra cosa...

Es el primer presidente de la APM que no ha hecho su carrera fundamentalmente en diarios, sino en revistas. ¿Las revistas han pasado a la historia?

¡En absoluto! Lo tienen difícil, pero todavía tenemos cabeceras que representan muy bien lo que puede ser la prensa semanal o mensual. Hola es un fenómeno internacional. Detrás de la Marca España hay cuatro o cinco nombres propios, y uno de ellos es Hola. La prensa femenina de alta gama continuará, indudablemente. Son objetos de deseo difícilmente reemplazables por la pantalla de un ordenador. Necesitan ser palpadas.

 

“Este Gobierno entiende perfectamente la libertad de expresión. Es muy fácil. Que la respete es otra cosa…”

 

Usted puso en marcha Muy Interesante y Quo. ¿Esa línea de revistas tiene futuro?

Las revistas de divulgación lo tienen más difícil, porque internet divulga extraordinariamente bien.

En esta crisis del periodismo, ¿de qué tenemos culpa los periodistas?

No me gustaría hablar de culpa… De todas formas, más que de los periodistas, yo hablaría de las empresas periodísticas, que no han sabido ver lo que se nos venía encima.

¿Respetamos con escrúpulo la deontología profesional?

Ha habido atropellos puntuales, pero, en general, la prensa es respetuosa con la ética profesional.

¿Los periodistas de ahora somos más o menos tendenciosos?

El amarillismo ha disminuido sustancialmente en la prensa española.

¿Los directores de medios de hoy dan más importancia a los ingresos que a la ética periodística?

Es muy difícil generalizar. Hay algunos que sí y otros que no. De todas formas, en los últimos años han cambiado las cosas. Cuando yo estudiaba Periodismo, se decía que era fundamental que la redacción no tuviera ningún contacto con el departamento de publicidad. Ahora vemos a grandes estrellas, especialmente en la radio, haciendo publicidad constantemente. El periodista debe asumir la complejidad de la empresa para la que trabaja en su conjunto. Siempre que no se falseé la verdad, no veo por qué un periodista no debe colaborar con el departamento de publicidad. Lo que no puede hacer un periodista es hacer publicidad engañosa, o publicidad ideológica. No debe vender un crecepelo, pero no veo por qué no va a ayudar a vender un champú.

Más allá del papel o no papel, o de los nuevos modelos empresariales... ¿No cree que el debate es si los ciudadanos confían en nosotros o no?

La confianza se gana con un escrupuloso servicio a la verdad. Con eso se construye una reputación como la que tienen ciertos medios que se han ganado el respeto del público.

 

“El amarillismo ha disminuido sustancialmente en la prensa española. La confianza de los ciudadanos se gana con un escrupuloso servicio a la verdad”

 

¿Sería bueno que la APM tuviera un servicio al modo de defensor del lector para alertar sobre las malas prácticas periodísticas y evitar así que los ejemplos negativos puntuales inunden de desconfianza a todo el sector?

No es tarea de la APM decidir lo que está bien y lo que está mal. Además, los medios no se dejarían. Nuestra función es defender al periodista.

¿Denunciar lo que está descaradamente mal no podría ser una manera de defender la profesión?

Cuando hay casos flagrantes ya los resuelve el comité de Deontología Profesional que depende de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

¿El futuro de esta profesión es ética, independencia, verdad, valentía, negocio, inversores, tecnología o likes?

Una combinación de todo eso.

La APM acoge también a los dircoms. Hay directores de comunicación institucionales que son muros para los periodistas. Nos ponen trabas para hablar con dirigentes de la Administración, aunque esos cargos sean públicos.

La función de un dircom no es levantar muros, sino facilitar el trabajo de los periodistas.

Hay sectores en los que los dircoms facilitadores están en peligro de extinción.

No puede ser.

Explíqueme la APM para millennials: esos jóvenes que salen de las facultades y ven estas asociaciones como instituciones vetustas.

Lo mejor es que vengan y nos conozcan de primera mano. Organizamos más de treinta cursos de formación de todo tipo para periodistas y ese es uno de los grandes servicios que prestamos. Además, ofrecemos ayuda específica en temas de gestoría para los socios que son autónomos. Cuando alguien me pregunta por qué debe pertenecer a la asociación si no va a utilizar los servicios disponibles, respondo: tu profesión está en peligro si no existen instituciones que la defiendan. Los desmanes de los políticos contra la libertad de expresión requieren asociaciones que les planten cara. Si no eres capaz de defender la libertad de tu profesión pagando una cuota de 5-10 euros al mes, casi sería mejor que dejaras de ser periodista.

Pero después defienden esos desmanes con comunicados de otra época… Quizás un periodista joven se sentiría mejor representado por instituciones que sean capaces de montar un 15-M frente a la Secretaría de Estado de Comunicación cada vez que se pisotean nuestras libertades.

Los políticos no se van a llevar el gato al agua. Cuando descubrimos en el BOE la aprobación del comité para el seguimiento de la desinformación, la APM hizo inmediatamente un comunicado…

Otro…

Ahí denunciamos que podía ser un ataque a la libertad de expresión y un posible movimiento de censura. En seguida, muchos colegas se hicieron eco y provocamos que la Secretaría de Estado de Comunicación informara sobre este comité, que apareció en el BOE de tapadillo esperando a que nadie se diera cuenta. 

Dice usted que este comité “podía ser un ataque” o dar pie a “un posible movimiento de censura”. Con esos paños calientes ante la intromisión política en el periodismo se diluye en diplomacia la defensa de un derecho… Cuando el comité esté en marcha, ¿qué hacemos?

Si realmente es un comité centrado en controlar ataques informáticos del exterior, me parece lógico que el Gobierno se defienda, pero estaremos muy vigilantes para evitar que por esa rendija se cuelen otro tipo de controles.

 

“El futuro de esta profesión es una combinación de ética, independencia, verdad, valentía, negocio, inversores, tecnología y likes”

 

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Usted cubrió la aparición de la minifalda en Carnaby Street. Menos tela y más frio. ¿Vamos hacia un periodismo en minifalda y a cuadros?

Eso es una interpretación suya… Cuando me tocó cubrir aquel evento social, a mi lado había una periodista inglesa famosa que dijo: “¡Jamás se va a implantar esto, porque a las mujeres no nos gusta enseñar las piernas!”. Tontamente, lo creí y lo escribí sin atribuírselo a la experta, sino diciendo que ese era el sentir general. La cantidad de veces que uno se equivoca en esta profesión juzgando… Hay que tener la humildad para reconocer el error, aunque sea con el paso del tiempo.

Usted cubrió en directo el lanzamiento del Apolo 11. ¿Se ve con fuerzas para relanzar el periodismo desde la APM o le da un poco de vértigo?

Tengo una ilusión tremenda por este trabajo. Esta profesión me ha dado mucho y trato de devolvérselo. Estoy en esto a tiempo completo. Espero que cuando pase la pandemia empiecen a vislumbrarse los proyectos que tenemos. De aquel episodio del Apolo 11 te puedo contar que en la tribuna de prensa de aquel evento coincidí con un compañero que venía acreditado por la enciclopedia británica. ¿La enciclopedia británica cubre acontecimientos? Me dijo que sí, solo tres o cuatro al año: “los que realmente pensamos que pasarán a la historia y exigen que los contemos en directo”. Para mí aquello fue una lección periodística. Nada se ve y se cuenta mejor que en directo y en la calle.

Puede ser una buena propuesta para convertir Wikipedia en una salida profesional…

Sí…

Su padre le obligó a estudiar Filosofía y Letras antes de cursar Periodismo. ¿Me recomienda algún texto de la sabiduría clásica que ayude a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias a entender mejor la libertad de nuestro trabajo?

No haría falta retrotraerse a los clásicos. Animaría a los dos a leer al filósofo contemporáneo Javier Gomá, al que admiro profundamente. En una entrevista reciente decía cosas que suscribo, como, por ejemplo: “Prefiero equivocarme antes que ser dócil a un gobierno”. Muy interesante.

REBOBINANDO

Entiendo el papel institucional y el encaje de bolillos para decir sin herir ni pisar callos. Pero en un mundo profesional generalmente combativo en las mesas del menú del día quizás uno espera más contundencia. Más claridad. ¿Se puede plantar cara a la astucia, el pisoteo y el mangoneo político a base de comunicados? Esa es mi pregunta latente. “La APM lamenta”. “La APM exige”. “La APM discrepa”. “La APM solicita”. La APM, la RAE y Ángel Gabilondo combaten con aviones de papel en guerras de este siglo. Solo hay un paso menos invasivo: anunciar un grupo de trabajo… 

Entiendo también que la experiencia y la diplomacia construyen más que un titular desbocado. Y que los representantes de los pocos órganos con voz profesional en este país y en este sector polarizado son personas que ya han viajado por aquí y están ahora escribiendo sus memorias con el piso pagado, las hipotecas muy alejadas del retrovisor, y un puesto cómodo. Y, ojo, que lo realmente cómodo sería vivir de las rentas escribiendo libros, paseando por tertulias o cogiendo setas por la sierra mientras la ciudad hecha humo negro. Y Juan Caño y su sonrisa están aquí: en una trinchera acolchada, pero en la batalla, al fin y al cabo.

Quizás hasta sea positivo que un hombre que ha vivido en sus carnes la censura de Franco se enfrente ahora a la campaña de Pablo Iglesias contra la libertad de información. Cuando Caño era director de El Caso, parte de su trabajo era sortear los tachones. Por entonces, se trataba de decir que había sido encontrado “un cadáver de mujer semivestido”. Ahora se trata, quizás, de vigilar las intenciones semidesnudas de los responsables políticos de ponerle unas guitas a los medios y teledirigir la verdad como si el periodismo fuera una fulana a buen precio.

No sé. La impresión es que el panorama no está para Versalles. Aunque quizás la perspectiva de la vida ayude a ver con más claridad que los políticos pasan, mal, casi siempre, y el periodismo es estructural.

Seguramente porque Javier Gomá es el filósofo de cabecera de Caño, se me ha venido a la cabeza -Google, buscar, localizar…- una cita de Filosofía mundana para estampar en la faja de las pastas de esta conversación: "Los derechos fundamentales están ideados para proteger a los delincuentes, porque la gente honrada no los necesita".

Abandonamos la APM queriendo que suene música de WagnerParsifal o La valquiria. Algo épico y con eco. En esta esquina de Juan Bravo, el chaflán grita nueve veces a hierro “¡libertad de expresión!”. Y, sin embargo, pacen las circunstancias mientras suenan al fondo las reses con cuernos. ¿Se nos pasó la berrea?

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