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ICÍAR BOLLAÍN es una de las directoras de cine más transversales del séptimo arte español. Acaba de estrenar ‘Maixabel’ un año después de ‘La boda de Rosa’. Su enfoque social presenta una historia especial en este décimo aniversario del fin de ETA: la de una mujer real que dio una segunda oportunidad a los asesinos de su marido contra viento y marea.

Icíar Bollaín: “Los terroristas se han puesto una bomba lapa en sus propias vidas”

Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_camera Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Ojos despiertos. Mirada empática. Sonrisa noble. Empezó siendo actriz hace 38 primaveras, pero se pasó al otro lado de la cámara cuando descubrió que lo suyo era contar historias en pantalla gigante. Su Goya a la mejor dirección por Te doy mis ojos acaba de cumplir los 18, y ella ya era profetisa. Pone los temas sociales sobre la palestra del celuloide antes, más y mejor que los medios. Un año después de La boda de Rosa vuelve a las salas con la historia de dos tacones, un corazón en un puño, las canas del dolor, el vértigo de dos arrepentimientos y la grandeza de Maixabel Lasa, la viuda de Juan Mari Jáuregui, asesinado por ETA en el año 2000. Respeto. Silencio. Un guion para paladear la reflexión, construir sobre las ruinas y evitar que el tiempo y los relatos amarilleen nuestro drama contemporáneo. Porque en este país, hace solo unos años, vivíamos entre coches bombas, familias destrozadas, víctimas apaleadas, asesinos aplaudidos, personas valientes, piltrafas cobardes, sangre, sudor, lágrimas y bilis. Pero aquel infierno en procesión ardía, sobre todo, por dentro... 

Están los cines en efervescencia. Y hay una señora con el pelo blanco y corto en la cartelera que se llama Blanca Portillo que mira de frente y arriba. Y un tipo con porte de Luis Tosar que mira con vergüenza hacia el infierno. Son dos de los actores que dan vida a la nueva película dirigida por Icíar Bollaín: Maixabel. Una viuda de ETA. Un dolor incorregible. La necesidad de una respuesta. Dos etarras. Dos abismos. Tres conciencias. Una reflexión social. Un éxito en su primera semana de taquilla.

Sobre el asfalto de Ibiza, en Madrid, Bollaín es una vecina, una sonrisa con rizos, un transformador de paz con luz propia. Pisa como tímida las aceras de su zona. Contesta con los ojos.

Once largometrajes cuajados de preocupación social. Su cine no son pancartas sino motor de cambio y acelerador de entendimiento. Desde Hola, ¿estás sola? (1995) hasta La boda de Rosa (2020) pasando por hits de nuestro séptimo arte como Te doy mis ojos (2003), con la que hace 18 años esta mujer de barrio y mundo se hizo con el Goya a la mejor dirección. En su filmoteca destacan Flores de otro mundo (1999), Mataharis (2007), También la lluvia (2010), El olivo (2016)… Tronco, raíces y frutos. Temas de la calle antes de que estén en los cafés. Delicadeza extrema. Alma, calma, luces, cámaras y acción.

El 29 de julio de 2000, sábado, Juan Mari Jáuregui, ex gobernador civil de Guipúzcoa, picaba algo en el Frontón de Tolosa con el periodista Jaime Otamendi. Una mesa. Cuatro sillas. Dos personas de frente. Un pistolero por la nunca. Una tragedia. Tres asesinos cobardes. Una viuda valiente. Unas bodas de plata y sangre. Una hija. Dos décadas y muchas canas.

Martes de otoño. Llega la brisa de san Miguel a esta trasera de hospital. Allá, el Retiro. Acá: una terraza, una mesa, cuatro sillas, dos personas de frente y un fotógrafo por la nunca. Una conversación. Una película. Una directora de cine valiente. Una década sin ETA. Muchas viudas. Muchos hijos rotos. Muchas canas de impotencia. Un socavón. Y entre los cascotes de la historia, Icíar –“aquella que mira al mar”- rueda sobre mojado. 

No debe ser fácil apostar por hacer una película delicada en estos tiempos de blancos o negros. Hay que ser muy valiente.

Valiente, Maixabel… A un tema así vas con mucho respeto, porque hay muchísimo dolor alrededor. Ya lo sabía, pero lo he palpado de primera mano cuando me he metido y he podido hablar con las personas que lo han sufrido. Isa Campos y yo, que somos las guionistas, además de contar la historia de Maixabel, enseguida vimos que merecía la pena escuchar también el discurso de estos etarras deslegitimando la violencia. La película aborda unos encuentros que se llevaron a cabo con mucha discreción, que se dieron a conocer después a través de unas entrevistas que hizo Mónica Ceberio, y que tienen una gran potencia a muchos niveles. Me he sentido muy tranquila al tratar así el tema de ETA, porque lo que dicen los propios terroristas es demoledor.

La película deja claro los blancos y los rojos, pero abarca también los grises sin equidistancia.

En la historia de la violencia de ETA no hay equidistancia posible. Es exclusivamente terrorífica. En la película nos acercamos a ese escaso número de terroristas que se acogieron a la Vía Nanclares, que suponía rechazar públicamente la violencia. Me interesaban estos poquitos que reconocieron que habían causado mucho daño.

 

“En la historia de la violencia de ETA no hay equidistancia posible”

 

El mejor estreno de la semana en cines.

¡Sí! ¡Tal y como están las cosas, es una alegría! Siempre tienes la duda de si la gente se ha cansado del tema de ETA, sobre todo después de haber visto Patria, La línea invisible y documentales varios… Podemos tener la tentación de pensar que el asunto ya se había tratado suficientemente, pero hemos vivido cinco décadas de dolor por todas partes y todavía hay mucho de lo que hablar. Y creo que también hay mucho por construir. Lo que hizo Maixabel y las personas que participaron en aquellos encuentros fue construir convivencia. Los asesinos acaban volviendo a la sociedad y creo que todos estamos de acuerdo en que es mejor que lo hagan habiendo reconocido la maldad de su crimen.

He leído que Makazaga -el autor de los disparos, y el único del trío asesino que se ha mantenido al margen- quiere ver a Maixabel después de saber de la película.

Yo lo he oído también, pero no sé más.

Y que ha habido aplausos para ella y para usted en la cárcel de Pamplona, aunque los etarras no quisieron estar en la premier.

El pasado domingo proyectamos Maixabel dentro de un ciclo de películas sobre la justicia restaurativa que se celebraba en la cárcel de Pamplona. Allí tienen en marcha un programa de este estilo, aunque, de momento, no incluye a presos de ETA. Entre el público había varios presos que participan en ese programa y otros y, la verdad, es que fue muy bonito. La llamaban campeona, la aplaudían… Efectivamente, allí hay diez presos de ETA que no quisieron venir, por eso digo que los que salen en la película no son representativos, pero también han existido. La realidad general es la de esos terroristas que no reniegan de sus actos, al menos, en público, y prefirieron pasar el domingo en el patio de la prisión. 

La historia de Maixabel introduce decenas de temas sociales de fondo en la agenda social de este país, porque sus películas generan opinión pública. Por ejemplo: la violencia es un fracaso rotundo que solo arruina vidas, como se expresa en el guion en boca de Ibon Etxezarreta: “He hecho daño a todo el mundo”.

Que la violencia es devastadora lo sabes, pero cuando conoces a quienes la han vivido en primera persona lo ves con una nitidez desarmante. Se ve en ellos, en las sociedades que han habitado, en los traumas que han quedado, en el País Vasco y en toda España. Es más: la violencia también es devastadora para las personas que la han ejercido, porque es un no-camino. En la película queda tan claro…

“La violencia también es devastadora para las personas que la han ejercido, porque es un no-camino”

 

Icíar Bollaín. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

“Lo habéis envenenado todo desde hace décadas”. El odio siempre pierde.

Eso se lo dice Maixabel a Ibon Etxezarreta poniendo de relieve que el daño de ETA trasciende el que han causado a las víctimas. A los terroristas se les imputa también todo ese clima de silencios, odios, rencores, miedos… Las sociedades atenazadas también han sido víctimas de ETA.

Dice el etarra: “Hay un momento en el que te das cuenta de que eres un monstruo”. Las ideologías que ciegan pueden ser destructivas y destrozarnos el futuro.  

Los asesinos de ETA anduvieron con una cierta identidad de héroes jaleados entre los suyos y entre una parte de la sociedad durante años. Esa supuesta justificación hacía más fácil su ignominia y sus atrocidades. En el momento en el que surge la autocrítica y algunos llegan a la conclusión de que aquello no tenía justificación alguna, entonces, ¿qué les queda? Ya no son héroes, sino traidores para los suyos, aunque sigan siendo asesinos para la sociedad. Y lo peor: para ellos mismos siguen siendo culpables. Ese es el camino que una minoría escogió y a mí me interesaba contar esa decisión tan difícil.

Maixabel vuelve a contar hasta qué punto matar es irreversible.

Sí. Matar nunca tiene vuelta atrás. El daño hecho a las víctimas es irreparable, pero hay algo, aunque sea poco, que puede aportar en el camino de reconocer el dolor causado.

Dice el etarra en su proceso interior: “…Hasta que te das cuenta de que puedes pedir perdón”. Pedir perdón es un temazo

Es un temazo… Y eso que estos encuentros que lidera Maixabel tratan de ofrecer una segunda oportunidad más que otorgar el perdón. Algunos de estos encuentros se llevaron a cabo entre víctimas que eran personas religiosas y ahí sí se habló claramente de perdón. De todas formas, el perdón no era el objetivo de los mediadores, aunque se dé por hecho que si te sientas con tu verdugo es porque estás dispuesto a hablar y a escuchar con una cierta inclinación hacia algo parecido al perdón.

Si Maixabel hubiera sido la historia de un perdón rotundo para un etarra, ¿se habría liado con la película?

Tampoco… El perdón es un valor humano. Es un ejercicio muy difícil, pero muy sano. Efectivamente, pedir perdón es un temazo. No todo el mundo se mueve en las coordenadas adecuadas para perdonar, pero dar una segunda oportunidad puede interpelarnos a todos. Reconocer el daño causado y arrepentirse firmemente también trasciende las religiones. En ambas actitudes todos nos podemos sentir representados, porque son más transversales. 

“El perdón es un valor humano. Es un ejercicio muy difícil, pero muy sano”

 

En la película se ve que usted apuesta por el diálogo social como un arma de construcción masiva y que no es un brindis al sol.

Las sociedades no tenemos más remedio que convivir, y en el País Vasco están conviviendo los que perpetraron la violencia, los que la sufrieron, los que la aprobaron, los que se callaron, los que protestaron… Todos ellos viven puerta con puerta, aunque quizá en el resto de España casi hayamos olvidado lo que han vivido tantas personas. Hay una cosa muy bonita que dice Maixabel: “Nosotros tenemos que solucionar esto, porque no podemos dejarle este marrón a las generaciones que vienen”.

Con Patria y Maixabel vamos avanzando en esa línea…

Yo creo que sí. En primer lugar, queda claro el reconocimiento a lo que han sufrido las víctimas. Ya han sucedido cosas que me alegran mucho: Maixabel ha sido la primera víctima de ETA que ha entrevistado Gara en toda su historia…

Conchita Martín, viuda de Pedro Antonio Blanco, ha escrito un texto en Facebook en el que dice que la película era innecesaria...

No lo sabía… Yo entiendo que haya víctimas que no quieran saber nada de este tema, y me parece no solo respetable, sino súper comprensible.

Admite que Maixabel “es una mujer franca, maja, vasca de aspecto y de corazón. Nunca me ha mentido”, y añade: “Pero nunca la vi como una igual; no era Ana, ni Cristina, ni Mapi o Marimar, no buscaba lo que nosotras, no se revolvía ante la injusticia de la forma que lo hace una víctima inocente, una víctima de la democratización normalizada, una víctima de la dulcificación de la imagen del asesino”. Dice: “Me pregunto si María Isabel mira a los asesinos de su marido como eso o son cooperantes necesarios en una injusticia social?”.

Ella los mira como unos hombres diferentes a los que mataron a su marido. Insiste en que los hombres con los que se encontró no eran los mismos que habían asesinado a Juan Mari, porque admitían ya que habían cogido un camino equivocado y que solo habían causado dolor.

Es otro de los temas de la película: las personas cambiamos. Si queremos. Si podemos…

Claro. Respeto profundamente a todas las víctimas. Cada una es cada una. Maixabel solo se representa a sí misma, igual que cada una de las demás personas que han vivido en su vida la barbarie de ETA. Nadie dice que el camino que emprendió Maixabel haya sido el mejor, ni el peor. Es, sencillamente, una posibilidad para quien la necesite, porque le ayude y le genera una cierta paz.

En la película se entiende como una propuesta constructiva en un clima exclusivamente destructivo.

Como una propuesta constructiva voluntaria. Maixabel también tuvo que hacer su itinerario hasta sentarse con estos hombres. Ella no podría haberles mirado a la cara a los pocos meses del atentado, porque también necesitó su proceso.   

Icíar Bollaín. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Dice Blanca Portillo que Maixabel -la real- le ha cambiado la vida.

Pocas veces una se encuentra con personas que encarnen valores tan sólidos más allá de la teoría. Una cosa es creer en las segundas oportunidades y otra cosa es ofrecerlas a unas personas que te han hecho tanto daño. Maixabel es así. Me admira su capacidad para hablar con esa claridad meridiana desde siempre y en un lugar donde hacerlo era muy peligroso. Ella va por su camino a pesar de las críticas que le han llovido por todos lados. Las víctimas la quieren porque es una mujer muy cálida y sabe empatizar muy bien con la gente, pero habla en su nombre, no se arroga ningún derecho por encima de nadie. Es una mujer sencilla con un discurso muy coherente y muy consecuente.

 

“Las víctimas quieren a Maixabel porque es una mujer que sabe empatizar muy bien con la gente, pero ella habla solo en su nombre y no se arroga ningún derecho por encima de nadie”

Luis Tosar: Malamadre llorando a moco tendido doce años después de Celda 211

Luis Tosar es un grandísimo actor. Todavía no sé cómo ha conseguido hacer con verdad las emociones de personajes que han pasado por circunstancias tan extremas. Él tiene esa capacidad en grado sumo. Maixabel ha sido un viaje también para él, porque este etarra al que encarna bajó al infierno, se quitó las identidades justificativas y se quedó solo consigo mismo y con lo que había hecho. Luis lo comunica de una manera excepcional.

¿Qué tiene Tosar para ser su preferido?

Es el actor más capaz que conozco para hacer estos papeles con verdad. Es un gran cómplice con quien he tenido sintonía desde la primera película que hicimos juntos. Le puedo decir: “Luis, no sé cómo vamos a hacer esto. A ver cómo nos sale…”. Tengo esa confianza. Y él también la tiene para contestarme: “Yo tampoco lo sé, pero vámonos del brazo a por ello”. Es un hombre muy valiente en su forma de trabajar. Para quienes no le conocen, debo añadir que es un hombre divertido, cariñoso, gracioso… ¡No tiene nada que ver con los personajes que hace!

Mis dieces también para Urko Olazábal y Tamara Canosa, que hace de mediadora con una credibilidad muy potente.

Tamara tiene más experiencia en teatro que en cine, y borda este papel de funcionaria empática. No era fácil, porque la mediación exige a la vez un toque de implicación y de asepsia que ella ha conseguido interpretar muy bien.

¿Usted hace cine para mejorar la sociedad o ese es un enfoque secundario?

Si haces cine para mejorar la sociedad, te bloqueas, porque menuda tarea… Yo intento contar lo mejor que sé cosas que creo que valen la pena, porque aportan reflexión, debate, emociones que nos lleguan… Si eso, después, se convierte en un instrumento que ayude a abrir los ojos, a fomentar la conversación e ilustrar a la gente joven sobre temas que pueden desfigurarse en el olvido, me parecería maravilloso. Pasó con Te doy mis ojos y la realidad del maltrato de la mujer, y ojalá suceda con Maixabel.

“Intento contar lo mejor que sé cosas que creo que valen la pena, porque aportan. Si eso, después, se convierte en un instrumento que fomente la conversación, me parecería maravilloso”

 

Invita muy bien a la reflexión serena. Maixabel son 115 minutos con ideas de fondo en medio de la tiranía del tuit y es la película más vista de la semana…

Eso me tiene absolutamente sorprendida. Yo sé que trata de un tema que interesa y que el enfoque ofrece aristas de las que no sabemos tanto. Creo que no conocemos mucho la realidad de la disidencia etarra -esa cárcel dentro de la cárcel de la que hablan ellos- al que, de pronto, a mí se me abrió una puerta. Y creo que tampoco sabemos tanto de las víctimas, aunque se ha hablado mucho de ellas. El cine da la posibilidad de vivir con ellas su dolor. Dicho esto, no tenía ninguna garantía de que nuestra propuesta interesaría a la sociedad y me alegro enormemente de compartir los mismos intereses. Estoy muy agradecida de que la gente se acerque a ver la película, porque pienso, de verdad, que merece la pena.  

La película sale unas semanas antes del décimo aniversario del fin de ETA, también para que no olvidemos esos años de plomo, aunque todo vaya muy deprisa. Lo pone el guion en boca de la protagonista: “Nada es normal”. Y así de anormal era todo hace solo una década.

Y la gente joven no lo sabe… Y era un mundo de locos en el que las víctimas eran las apestadas y las culpables… ETA protagonizó un ambiente muy loco y muy amargo en el que nos acostumbramos a ver muertos en los telediarios, y lo hemos sufrido hace nada. Mientras rodábamos la película, algunos del equipo me han dicho: ¿cómo hemos sido capaces de vivir con todo esto?

“ETA protagonizó un mundo muy loco y muy amargo en el que las víctimas eras las apestadas y nos acostumbramos a ver muertos en los telediarios. Y fue hace nada”

 

¿Maixabel es un Patria de no ficción?

Patria me impactó muchísimo, porque cuenta historias también desconocidas desde el punto de vista de las víctimas de allí. Fernando Aramburu también nos contó en Los peces de la amargura el punto de vista de las víctimas que viven lejos del País Vasco, como aquella mujer gallega, esposa de un guardia civil al que mata ETA, que se queda sin rumbo, sin norte y muy sola ante un drama atroz. Maixabel y su hija María siempre se han sentido muy arropadas por su entorno, aunque el dolor sea el mismo. En la película conocemos también esa parte de los etarras que renuncian a la violencia y también se quedan solos. ETA ha dejado también muchas historias de las que hablar. Han sido muchos años y demasiadas consecuencias. 

Lleva años en medio del cine, desde que Víctor Erice la bendijera en El sur en 1983. ¿Cuántas mujeres han abandonado el barco en estas 38 primaveras porque se hacía casi imposible seguir este camino por ser mujeres?

Seguro que muchas, casi todas anónimas, aunque a algunas las he conocido personalmente. Hoy, cada vez son menos las mujeres que tienen que dejar este barco, porque estamos en un contexto en el que se puede hacer cine mucho mejor. Ahora hay más apoyo y más reconocimiento, y se entiende mucho mejor que hacen falta voces de todo tipo, porque si no estaremos haciendo una cinematografía que no representa la diversidad social de nuestro país.

Usted no solo sigue aquí, sino que está en plena forma. La boda de Rosa (2020) y ahora, Maixabel. Una comedia y un drama puntiagudo al final de la pandemia. La versatilidad era esto.

[Risas] Ha sido una casualidad. Estábamos trabajando los dos guiones a la vez. Yo llevaba más el peso de La boda de Rosa, e Isa Campos el de Maixabel. Nos juntábamos, trabajábamos, y de pronto estaban los dos guiones listos y no podían ser historias más diferentes… Dicho eso, la verdad es que estoy acostumbrada a la versatilidad, porque nos pasamos el día entrando en la vida familiar, y luego en la vida profesional… Convivir en varias pantallas es parte de nuestras vidas.

Lo vimos también en El olivo: sus historias nos hablan de mujeres coherentes, decididas, generosas, humanas… Quizás incomprendidas por medio mundo, pero imitables.

Me atraen los personajes inspiradores. En El Olivo, Alma, un personaje de ficción, inspira porque es una mujer que no tiene plan, pero tira para adelante. Es absurda, pero tiene mucha fuerza, y la gente que tiene fuerza cambia las cosas, a pesar de las incomprensiones. Vale la pena contar historias de este tipo de personas, porque nos animan a todos a ser mejores. Yo me asusto de la vida, pero ellas, no, y quizá por eso las tengo tan a mano en las películas que hacemos.

“La gente que tiene fuerza cambia las cosas, a pesar de las incomprensiones”

 

Hábleme del papel de la madre de Ibon Etxezarreta en la película. Está en las antípodas de Miren, el personaje homólogo en Patria. Muchas madres de etarras habrán sufrido lo indecible con el mal que han provocado sus hijos.

Es un personaje con mucha potencia, porque las madres son madres. ¿Qué pasa cuando una madre se entera de que su hijo se dedica a matar personas? Como le dice Maixabel a Etxezarreta: “Prefiero ser la viuda de Juan Mari antes que tu madre”. Quieres a tu hijo, porque es tu hijo, pero tu hijo está asesinando a personas con tiros en la nunca… Me parece terrible… La violencia es devastadora para todos…

Sobre todo, para quienes disparan y para sus familias.

Los terroristas se han puesto una bomba lapa en sus propias vidas.

En Flores de otro mundo (1999) y en Te doy mis ojos (2003) descubrimos que era usted pionera al hablar de temas como el sexismo, la violencia de género, la inmigración o el mundo rural, que hoy están en prime time. Se nota que habla con preocupación social, no con oportunismo. No es que toque hablar de esto, sino que su cine es expresión de una inquietud.

Yo no tengo una agenda social para hacer cine, la verdad, pero me llama la atención lo que pasa. Quizá lo hago antes de que sean cuestiones tan de dominio público porque no tengo la suficiente información. Leo noticias y no entiendo qué hay detrás. Me intereso, me pregunto, investigo… Como la noticia no va más allá y cubre una realidad por encima, me adentro yo para enterarme y descubro mundos impresionantes de seres humanos intentando ser felices. Me pasó con Te doy mis ojos. Leía noticias de mujeres asesinadas por sus maridos y yo me hacía preguntas: ¿por qué una mujer está con un hombre así? ¿Por qué estos hombres que dicen que las quieren las atormentan y las matan? De ese no entender y de ese querer saber nacen las películas. A veces me adelanto a la prensa, porque los medios no están dando las respuestas y yo las busco con una enorme curiosidad.

Icíar Bollaín. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Encontró la inspiración de La boda de Rosa en The Guardian, y la de Maixabel, en El País. En los periódicos que, en principio, cuentan historias reales, encuentra el germen de sus guiones. ¿Qué sociedad lee usted en los medios?

Cada vez veo menos sociedad en los medios que me hable de personas, de historias, y creo que eso es un déficit del periodismo actual. Se pierden esas realidades en medio de un periodismo de declaraciones -este ha dicho, el otro ha contestado, el de antes ha vuelto a decir…- y detrás de eso están pasando muchas cosas fascinantes. Me interesa un periodismo que nos cuente lo que pasa y no solo lo que dicen los políticos.

¿Qué sociedad quiere exponer en su cine?

La sociedad que me gustaría contar es la que nos inspira con historias humanas. A mí se me han quedado grabadas películas que me han explicado cuestiones a las que yo no podía llegar, o que me han explicado vivencias que me han pasado, pero de tal manera, que me ayudan a interiorizarlas y a comprenderlas mejor. Lo cotidiano narrado con elocuencia te abre mediterráneos estimulantes. 

“Me interesa un periodismo que nos cuente lo que pasa y no solo lo que dicen los políticos”

Su compromiso social expresado en cine no es activismo. No vende nada.

Yo cuento historias, pero no vendo nada.

Nunca escribe -dice- pensando en el casting.

En mi primera película pensé en una actriz que después no pudo hacer aquel papel, y sacarte esa cara de la cabeza para seguir adelante es una trabajera. Por ese dije que nunca más.

Dice: “Procuro escribir grandes personajes para que las actrices y los actores quieran hacerlos”. ¿Qué actrices y actores se le vienen a la cabeza con mucha facilidad?

Depende de la película. Mientras escribíamos el guion de Maixabel, Blanca Portillo venía a visitarnos a nuestras cabezas, porque tiene las características, la edad, la capacidad… En el caso de Luis, es que siempre está ahí, porque confío plenamente en él. Yo intento construir personajes tridimensionales, porque creo que es mejor. Si construyes un personaje tridimensional con muchos ángulos, después llega un actor con los suyos y todo se enriquece. Si moldeas un personaje pensando en un actor acabas escribiendo lo que sabes que puede hacer y a lo mejor te dejas otros elementos por el camino.

¿Qué directoras del cine mundial admira especialmente?

Soy cero mitómana, la verdad. Me acuerdo de películas y de personajes. Soy un desastre, pero es que a mí me llegan las historias...

¿Cómo ve el cine español en este volver a empezar tras la pandemia?

Veo que cada año nuestro cine hace un buen puñado de películas interesantes y muy variadas. En el Festival de San Sebastián se han presentado cuatro películas muy diferentes: una medio documental [Mediterráneo], una de terror [La abuela], una comedia ácida [El buen patrón], y la mía… Así de variado y dinámico nos ven también fuera de España. Da gusto salir fuera, porque se palpa que miran al cine español sin ningún prejuicio y como un referente estimulante.

Convive en cartelera con Mediterráneo, la historia del Open Arms y su fundador, Óscar Camps. Con su película, conviven en los cines dos historias basadas en personajes reales que están vivos y coleando. Ya no valoramos a la gente que hace el bien solo cuando muere. Empezamos a hacer tributos en vida.

Sí. Mediterráneo es una gran historia. Yo la he visto y tiene una escena que me ha marcado. Recuerdo al protagonista diciendo: “Hay un momento en el que hay tanta gente ahogándose en el mar que tienes que elegir”. Y eso te parte en dos. Solo por esa escena valía la pena contar esa historia.

Dice que todavía tiene que ser “muy pesada” para dirigir películas…

[Risas].

…A pesar de las conquistas de la igualdad profesional en el mundo del cine.

Para ser director de cine hay que ser muy pesado porque, en el fondo, si tú eres cirujano y no operas, el paciente muere, pero si tú no diriges una película, el mundo sigue. Si tú no cuentas una historia, la contará otro. Por eso hay que ponerse muy pesada e insistir hasta abrirse paso y conseguir la financiación. En eso estamos igual mujeres y hombres.

“Si tú eres cirujano y no operas, el paciente muere, pero si tú no diriges una película, el mundo sigue”

 

¿Su forma de ser era más de directora que de actriz? ¿Más segundo plano que primero?

Soy una persona de conjunto. Me siento muy cómoda trabajando en equipo y eso sucede sobre todo detrás de la cámara. Me gusta mucho la colaboración. A mí me atrae con fuerza la pasión por contar historias con todas las herramientas que nos ofrece el cine, y los actores son vehículos de las historias que cuenta el que está detrás.

Una película es un bollo, pero usted transmite paz. No sé si porque la película está en el cine y va viento en popa, o si es así también durante el rodaje.

He ido ganando en tranquilidad con los años también en los rodajes, porque me doy cuenta de que, si comunicas paz y confianza, la gente trabaja más a gusto y da más. La tensión no aporta nada. Cuando dirigí También la lluvia, que se salía de mi contexto, estaba asustada, porque incluía muchas cosas que no había hecho antes. Un día, contándole mi agobio a José Luis Borau, me dijo: “¿Cómo se come un elefante? ¡Bocado a bocado! ¿Cómo se hace una película compleja? ¡Plano a plano!”. Eso tranquiliza: vamos a resolver este plano, y después el siguiente, y después el siguiente… Día a día. Plano a plano.

¿Qué mujeres del cine español la tienen sorprendida?

Muchas. Penélope Cruz me fascina. Me encanta. Está siempre ahí y de verdad. Además, me apasiona descubrir nuevos talentos. En Maixabel, la hija de la protagonista la interpreta María Cerezuela, que es una chica de veintitantos años, que viene del teatro y nunca había hecho cine, y es una bomba de emoción. Sigo con mucha cercanía a las nuevas realizadoras. Me interesa mucho lo que hacen, porque cuentan cosas que me atraen. Hay muchas mujeres contando historias e interpretando con mucha calidad en el cine español.

“Si comunicas paz y confianza, la gente trabaja más a gusto y da más. La tensión no aporta nada”

 

Dígame algo de actrices y actores que han pasado por detrás de sus cámaras, como…

            Candela Peña:

            Candela Peña es una fuerza de la naturaleza que tiene algo muy bonito: comunica a todo el mundo. La gente la siente suya. La gente se siente en casa con Candela, y eso es un don. La gente se identifica, a pesar de que hace papeles extraordinarios de personas poco comunes. Da igual. Los espectadores la ven como su prima, su hermana… Se hace querer. Hay otras actrices y actores buenísimos a quien la gente admira, pero Candela es "nuestra” Candela.

            Anna Castillo:

            Es una actriz magnética.

            A usted le debe más que a Los Javis

            [Risas] Es una mujer que todo lo que hace es verdad y, además, es interesante. ¡Yo no me canso de mirarla!

            Javier Gutiérrez:

            Tiene un arco interpretativo que va de la comedia al drama y, además, lo hace todo dentro del mismo plano. Encarna una hondura humana desbordante. Javier viene de un teatro muy exigente y hay algo muy profundo y muy de carne y hueso en sus interpretaciones. Sabe llegar muy lejos con sus personajes, porque sabe manejar con maestría el oficio y la frescura. ¡En España tenemos unos actores con un talentazo que no se ve en otros países, de verdad se lo digo!

Se ve cada año en las nominaciones de los Goya a Mejor Actriz y Mejor Actor. Habitualmente, los cuatro candidatos son favoritos.

Es alucinante…           

Antonio de la Torre, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Natalia de Molina, Eduard Fernández, Emma Suárez, Raúl Arévalo, Blanca Portillo, Karra Elejalde, Nathalie Poza, Luis Tosar, Belén Cuesta, Mario Casas, Javier Cámara, Roberto del Álamo, Dani Rovira

Tenemos un nivelazo de actrices y actores. Hay una crítica de Maixabel en un medio extranjero que habla de los niveles de interpretación que pasan por el rostro de Blanca Portillo: el dolor, la frustración, la pena, la rabia, el alivio, el miedo… ¡Lo que esta mujer hace! ¡Yo eso no lo veo tanto por ahí!

En El Olivo, Alma adora a su abuelo. En Maixabel, María adoraba a su padre. En ambas películas destacan las mujeres, pero se adora al hombre. Es un feminismo constructivo. 

Claro. El feminismo no odia a nadie. Reivindica la igualdad, pero no propone una guerra, al menos así es como yo lo vivo. El feminismo es estar todos juntos. Ayer presenté un libro que ha escrito José Luis García Noriega sobre mí. Nos acompañaron en el acto Luis Tosar y Manuel Gutiérrez Aragón. Según hablaba de su presencia allí, me di cuenta de que yo he tenido unos padrinos en el cine -Gutiérrez Aragón, Felipe Vega, José Luis Borau…- que han sido hombres que creyeron en mí desde el principio. Siempre me he sentido muy valorada, y eso es lo que hace falta para construir carreras sólidas. Ni yo creía que sería capaz de hacer También la lluvia, pero Juan Gordon, que era el productor, me ofreció su máxima confianza y me dio alas. El feminismo no es excluyente. No entiendo este discurso de unos contra otros construido de repente.

“El feminismo no odia a nadie, porque no es excluyente. No entiendo este discurso de unos contra otros construido de repente”

 

En Maixabel se respira ansias de convivencia y confianza en que las personas pueden cambiar. ¿Usted cambia también con cada una de sus películas?

Yo aprendo mucho de mis errores y espero haber cambiado a mejor para la siguiente película.

Lo que no cambia, parece, es su inconformismo.

Yo, en realidad, me siento bastante obediente… [Risas] Por eso creo que hablo de personas desobedientes que me fascinan. Ojalá fuera yo más desobediente… [Risas]

Después de tantas lágrimas en Maixabel, próxima parada: ¿comedia?

No lo sé. He escrito una serie con mi compañero Paul Laverty que nos gustaría sacar adelante. Será en inglés y la rodaríamos en Reino Unido si encontramos la financiación. No tiene mucha comedia. Hacer comedia es más difícil que el drama, porque se nota mucho cuando algo tiene o no tiene gracia. El drama puede emocionar más o menos, pero protege más. En cualquier caso, merece la pena hacer comedia, porque es una manera fantástica de comunicar. ¡Volveré!

Icíar Bollaín. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

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